.

.

.

.
Desde este espacio los invitamos a pensar, tanto los acontecimientos políticos como las producciones filosóficas y espirituales de nuestro continente y del Mundo Islámico, más allá de los presupuestos ideológicos a partir de los cuales se construye "la realidad" desde los medios masivos de comunicación y de los que se nutren, también, las categorías de análisis de buena parte de la producción académica.

Esperamos sus aportes.


martes, septiembre 01, 2015

Normas para la obtención de la perfección espiritual - Allamah Tabãtabãi‘

              


Normas para la obtención de la perfección espiritual


Muhammad Husaîn Tabãtabãi‘


Para ser capaz de avanzar en este sendero espiritual, el viajero espiritual necesita elegir como preceptor (guía espiritual) a algún hombre justo. Ese preceptor debe haber alcanzado el estadio de la morada permanente en Dios, después de disipar su ego. Debería ser plenamente consciente de todos los puntos que resultan tanto ventajosos como desventajosos para el viajero espiritual, y debería ser capaz de encargarse de la preparación y guía de otros viajeros espirituales. Además, también resulta necesario para el viajero espiritual el recuerdo de Dios y suplicarle con humildad.

Junto a ello, para ser capaz de atravesar todas las etapas del sendero espiritual con éxito, es necesario que observe ciertas normas.

1) Renuncia a las costumbres, usos y formalidades sociales.

Significa refrenarse de todas esas formalidades que se refieren a simples costumbres o estilos de vida que son un impedimento en el camino del viajero espiritual, de quien se requiere que viva entre la gente pero llevando una vida simple y equilibrada. Algunas personas quedan absorbidas en las formalidades sociales, observándolas minuciosamente, con el objeto de mantener cierta posición en la sociedad mundanal, con el consiguiente peligro de permitirse prácticas dañinas e inservibles que no producen más que pesares e inconvenientes. Gente así da preferencia a tratos innecesarios y no a las necesidades importantes y reales. El criterio que tienen para juzgar lo que es apropiado o inapropiado es la aprobación o desaprobación del común de la gente. No tienen ninguna opinión propia y siguen simplemente la tendencia general.
En el otro extremo de esta posición, hay personas que llevan una vida aislada e ignoran todas las normas sociales, privándose así de todos los beneficios sociales. No se mezclan con otra gente y pasan a ser conocidos como cínicos. El viajero espiritual, para el logro de su objetivo, debería seguir la vía o camino intermedio. Tendría que mezclarse con la gente en una proporción correcta, es decir, ni muy poco ni demasiado. No importa si se ve distinto de otras personas debido a su conducta social. No debería seguir a otros y no debería dar importancia a las críticas que se le hagan por esto. Dice Dios:...que luchará por Dios y que no temerá la censura de nadie...(sûrah Al Mã’idah -La Mesa Servida-, 5:54). Esto significa que el creyente auténtico adhiere a lo que considera correcto. Como principio, se puede decir que el viajero espiritual debería sopesar cada cuestión seriamente y no debería seguir los deseos u opiniones de otra gente ciegamente.

2) Determinación.

Tan pronto como el viajero espiritual comienza sus ejercicios espirituales, está confinado a enfrentar muchos sucesos desagradables. Es criticado por sus amigos y familiares que se interesan solamente en sus propios deseos egoístas y costumbres sociales en boga. Lo ridiculizan y le buscan contradicciones con el objeto de que cambie su comportamiento y se aparte de su objetivo. Cuando los demás perciben que el estilo de vida y maneras de proceder del viajero espiritual se hacen diferentes a las suyas, se sienten trastornados y buscan, por todos los medios a su alcance, sacarlo de esa línea de acción escogida por medio de la burla. De esa manera, en cada etapa de su viaje espiritual el devoto tiene que enfrentar nuevas dificultades que las resolverá solamente a través de la determinación, la perseverancia, la fuerza de voluntad y la confianza en Dios. Que los creyentes confíen en Dios (sûrah Al ‘Imrãn, 3:122).

3) Moderación.

Es uno de esos principios importantes que el viajero debe seguir, porque algo de negligencia en ese sentido no sólo traba su progreso sino que a menudo, por el descuido de este principio, puede cansarse del viaje espiritual. Al comienzo el viajero puede mostrar mucho celo y fervor. Al promediar el viaje puede ver manifestaciones maravillosas de la luz divina y en consecuencia puede decidir pasar más tiempo en actos de adoración, ocupado en rezar y en otras expresiones de esa búsqueda, pudiendo así intentar acometer todo acto bueno y obtener un bocado de cada plato espiritual. Pero esta práctica no solamente no es beneficiosa sino que en muchos casos resulta definidamente dañina. Bajo ese tipo de presión puede hartarse, dejar el trabajo incompleto y dejar de interesarse en los actos recomendables. Demasiado entusiasmo al inicio conduce a muy poco interés al final. Por lo tanto el viajero espiritual no debería descarriase por un ardor momentáneo y, teniendo en cuenta sus circunstancias personales, cargar solamente con el peso que está seguro será capaz de soportar para mantener de manera permanente el interés debido. Es preferible llevar menos peso que cargar con más del necesario. Debería cumplir con los actos de adoración cuando se encuentra realmente inclinado a ello y dejar de hacerlo cuando su deseo por los mismos aún no se ha desvanecido por completo. Esta acción se puede comparar a la de una persona que quiere comer algo. Primero debería elegir el plato o menú que sea de su agrado y luego dejar de comer antes que su estómago esté lleno. Este principio de moderación se deriva de esa tradición según la cual el Imam Ja‘far as Sãdiq (P) dijo a ‘Abdul ‘Aziz Qarãtisi: “‘Abdul ‘Aziz, la fe tiene diez grados, que como los escalones de una escalera hay que subirlos uno a uno. Si encuentras a alguien un escalón debajo de ti, atráelo hacia ti dulcemente y no lo cargues con lo que no puede soportar, pues en ese caso lo quebrarás”.
Esta tradición muestra que en principio los actos de adoración beneficiosos son solamente los que se cumplen con celo y anhelo. El dicho del Imam Sãdiq (P), “No te fuerces a la adoración”, tiene el mismo significado.

4) Constancia.

Significa que después de sentir el arrepentimiento por algo y pedir el perdón de Dios por ello, el pecado no se debe volver a cometer. Todo juramento debe ser cumplido y toda promesa hecha a un preceptor piadoso debe ser mantenida.

5) Persistencia.

Antes de explicar este punto es necesario hacer algunas observaciones. Los versículos coránicos y los relatos religiosos muestran que todas las cosas que percibimos por medio de nuestros sentidos, todo lo que hacemos y todo lo que existe u ocurre, tiene una verdad correspondiente que trasciende este mundo material y físico, la cual no se somete a ninguna limitación de tiempo o espacio. Cuando esas verdades descienden a este mundo material asumen una forma palpable y tangible. El Corán dice expresamente: No hay nada de que no dispongamos Nosotros tesoros. Pero no lo hacemos bajar sino con arreglo a una medida determinada (sûrah AlHiyr, 15:21). Este versículo significa esencialmente que todas las cosas en este mundo han tenido una existencia libre de cálculo y dimensión antes de su existencia material. Cuando Dios destina algo a este mundo determina su medida, con lo que lo enviado se convierte en limitado: No ocurre ninguna desgracia, ni en la tierra ni en vosotros mismos, que no esté en una Escritura antes de que la ocasionemos. Es cosa fácil para Dios (sûrah AlHadîr -El Hierro-, 57:22).
Como la forma externa de todas las cosas está fijada y limitada y todas las cosas están sometidas a los cambios característicos de la materia, como el desfigurarse, todo lo que hay en este mundo es temporario y está sometido a la descomposición o derrumbe. Dice Dios: Lo que vosotros tenéis se agota. En cambio, lo que Dios tiene perdura.. (sûrah Al Nahl -Las Abejas-, 16:96). En otras palabras, lo que perdura son esas verdades abstractas sin características materiales, así como los tesoros que están con Dios, que son ilimitados. Respecto a esto es pertinente la tradición aceptada por sunnitas y šî‘itas: “Nosotros, los Profetas, hemos sido ordenados hablar a la gente de acuerdo a su capacidad intelectual”. Esta tradición se refiere a la descripción de las verdades, no a su cantidad. Dice que los Profetas simplifican las verdades más elevadas y las describen de una manera comprensible para sus interlocutores u oyentes. Al haber sido encandilada la mente humana por el hechizo del mundo y ocuparse de deseos fútiles, se ha vuelto embotada y torpe y no es capaz de comprender la realidad de las verdades. Los Profetas pueden ser comparados a un hombre que quiere explicar algunas verdades a los chicos. Naturalmente, tiene que explicarlas de una manera que corresponda a la facultad de entendimiento y observación de los niños. La misma regla se aplica a los Profetas, que son los custodios de las enseñanzas divinas. A veces se describen las verdades vivientes de una manera tal que parecen inertes, mientras que de hecho, incluso los ritos externos como los rezos, la peregrinación, el zakat, el jums, ordenar lo que es correcto y prohibir lo que es malo, son todas verdades conscientes y vivientes.
Viajero espiritual es quien por medio de recorrer un camino y realizar ejercicios espirituales, busca purificar su alma y el intelecto de todas las impurezas, para ser capaz de observar las verdades más elevadas por la gracia de Dios, en esta misma vida y en este mismo mundo. Sucede a menudo que el devoto ve la ablución y los rezos en su forma real y siente que desde el punto de vista de la percepción y la conciencia su forma real es mil veces mejor que su forma física.
Los relatos que nos han llegado de los Imames (P) muestran que los actos de adoración aparecerán el Día de la Resurrección en sus formas apropiadas y hablarán a los seres humanos. Incluso en el Corán se ha mencionado que los oídos, los ojos y demás órganos hablarán ese día. De la misma manera, las mezquitas, que parecen estar constituidas (solamente) de ladrillos y argamasa, tienen una vida y una realidad consciente. Es por eso que algunos relatos dicen que el Día del Juicio las mezquitas y el Sagrado Corán presentarán querellas ante su Señor.
Un día un gnóstico estaba acostado en la cama. Al moverse de un lado para el otro sintió un chillido que provenía del piso, la razón de lo cual no pudo comprender de inmediato. Después pudo saber, por sí mismo o porque alguien se lo indicó, que el suelo gritaba o chillaba porque se separaba de él (cada vez que se daba vuelta en el lecho).
Después de estas observaciones preliminares podemos dirigirnos a nuestro punto principal. Por medio de prácticas continuas el viajero espiritual imprime en su mente una figura abstracta de cada acto de adoración que cumple, de modo que su práctica pueda volverse un hábito permanente. Debería cumplir cada acción una y otra vez y no abandonarla hasta empezar a deleitarse en su cumplimiento. El viajero no puede capturar el aspecto angelical permanente de una acción a menos que continúe cumpliéndola por un tiempo realmente largo, de modo que su impresión sobre la mente se pueda convertir en indeleble. Para esto debería elegir una acción coherente con su inclinación y aptitud para poder seguir cumpliéndola, porque si la misma se abandona prematuramente no sólo se extinguirán sus buenos efectos sino que también comenzaría a operarse una reacción. En tanto que una acción buena es luminosa, la reacción a su abandono involucra obscuridad y mal. El hecho es que “con Dios no hay nada que no sea bueno, y todos los males, equivocaciones y errores son atribuibles a nosotros”. Por lo tanto el ser humano es responsable de todas las faltas y defectos: “Mi Señor, el mal no puede ser atribuido a Ti”. Esto muestra que el favor de Dios es común a todos. No es una prerrogativa de una clase en particular. La infinita misericordia de Dios es para todos los seres humanos, ya sean musulmanes, judíos, cristianos, zoroastrianos o idólatras. Pero ciertos seres humanos, debido a sus malas acciones, desarrollan ciertas características que les hacen infelices, por lo cual la misericordia de Dios a unos hace felices y a otros angustiados.

6) Meditación.


Esto significa que el viajero espiritual no debe olvidar en ningún momento su deber y sujetarse siempre a la decisión tomada.
La meditación o contemplación es muy basta en su significado y su sentido difiere de acuerdo al grado y etapa del viaje espiritual. Al comienzo significa refrenarse de todos los actos no provechosos en el mundo o en el más allá y abstenerse de hacer o decir algo mal visto por Dios. Gradualmente esta meditación se vuelve más firme y más elevada. A veces significa concentración en el silencio, en sí mismo o en una verdad elevada, es decir, en los nombres y atributos de Dios. Los grados y clases de este tipo de meditación se mencionarán después.
Aquí se puede decir que la meditación es un factor importante en el viaje espiritual. Los principales gnósticos han puesto un gran énfasis sobre esto y lo han descrito como la piedra fundamental del viajero espiritual, sobre la cual descansa el edificio del recuerdo de Dios. Sin meditación y recuerdo de Dios probablemente no se produce ningún resultado positivo.
Para un viajero espiritual la meditación es tan importante como para un paciente la dieta prescrita por el médico, sin la cual las medicinas podrían ser ineficaces e incluso producir efectos contrarios. A esto se debe que la mayoría de los sobresalientes guías espirituales no permiten ninguna liturgia o recuerdo de Dios sin meditación.

7) Verificación.


Significa que todos los días el viajero espiritual debería tener un tiempo determinado para verificar y evaluar lo que ha hecho durante las veinticuatro horas anteriores. La idea de esta verificación se ha derivado de lo dicho por el Imam Musa ibn Ya'far (P): “El que no se pide cuenta a sí mismo una vez por día, no es de los nuestros”. Si al evaluarse el viajero espiritual encuentra que no ha cumplido con su deber, debería buscar el perdón de Dios. Y si comprueba que ha cumplido con su deber en todo sentido, debería agradecérselo a Dios.


8) Reprobación.


Si el viajero espiritual encuentra que es culpable de alguna equivocación o error, debería tomar alguna acción apropiada en censura o castigo a sí mismo.


9) Apresuramiento.


Esto significa que el viajero espiritual debería implementar prestamente la decisión que ha tomado. Como probablemente tendrá que enfrentar muchos obstáculos en su camino, debería ser vigilante y cuidadoso e intentar alcanzar su objetivo sin pérdida de tiempo.


10) Fe y Confianza.


El viajero espiritual debe tener amor y fe implícita en el Santo Profeta (BPD) y en sus sucesores justos (P)21. La confianza y seguridad completa son especialmente necesarias en esta etapa. Cuanto más confianza, más permanentes son los efectos de las buenas acciones.
Como todas las cosas existentes son creación de Dios, el viajero espiritual debe amarlas a todas y debería considerarlas de acuerdo al grado de su dignidad. Un amante de Dios muestra afecto a todos los seres humanos y animales. De acuerdo a la tradición, el afecto por la creación es parte de la fe en Dios. Otra tradición dice: “Dios, de Ti busco Tu amor y el amor de quien Tú amas”.


11) Observancia de las Normas de Veneración.


La observancia de estas normas de comportamiento correcto hacia todo y hacia Sus vicerregentes es distinta de la fe y confianza mencionadas antes. Aquí la veneración significa ser cuidadoso, no excederse de los límites de uno y no hacer nada que resulte incoherente con los requerimientos de la sujeción del ser humano a Dios. Es esencial para el ser humano observar sus límites frente a su Creador, la Existencia Esencial permanente. Esta veneración es un requerimiento de este mundo de la pluralidad, mientras que la fe y el amor llevan la atención natural al monoteísmo, la unicidad de Dios.
La relación entre la fe y la veneración es como la que existe entre un acto obligatorio y un acto prohibido. El devoto al cumplir un acto obligatorio mira hacia Dios, y mientras se abstiene de un acto prohibido mira hacia sus propias limitaciones por miedo a excederse. Veneración significa seguir un camino medio entre el temor y la esperanza. No observar las normas de veneración indica demasiada familiaridad, lo cual es extremadamente indeseable.
La característica distintiva del fallecido Hãyi Mirza ‘Alî Ãga Qãzi era su alegría y fe antes que el temor. Así sucedía con el también fallecidoHãyi Šaîj Muhammad Bahãr. Por el contrario, el rasgo predominante deHãyi Mirza Yawãd Ãga Maliki era el temor antes que la esperanza y el gozo, lo cual se reflejaba en sus dichos. De acuerdo al lenguaje gnóstico, el que es dominado por la alegría o gozo es llamado “borracho”, y el que es dominado por el temor es llamado “glorificador” (de Dios). Lo mejor es adoptar un camino medio entre esos dos extremos. En otras palabras, el devoto debería tener el grado más elevado de ambas cualidades a la vez y al mismo tiempo. Este grado de excelencia se encuentra solamente en los Imames (P).
En resumen, el ser humano, que es una existencia posible, no debería olvidar sus límites. Es por esto que el Imam Ya‘far as Sãdiq (P) acostumbraba a postrarse en la tierra apenas alguien expresaba cualquier cosa extrema respecto a él.
Un devoto totalmente respetuoso es aquel que considera siempre que está frente a Dios y observa todas las normas de decoro y respeto mientras hace algo, como sería hablar, estar callado, comer, beber, dormir, etc.. Si el devoto tiene presente los nombres y los atributos de Dios, observará automáticamente todas las normas de veneración y siempre será consciente de su sumisión.


12) Intención.


Significa que el viajero espiritual debería ser sincero y bien intencionado. El objetivo de su viaje espiritual no debería ser otro más que desvanecerse en Dios. El Corán expresa de distintas maneras el concepto de:Adora a Dios manteniendo la adoración solamente para El. (Ver por ej. 36:60-67; 24:55)
Una serie de relatos dicen que hay tres grados de intención. Se relata que el Imam Sãdiq (P) ha dicho: “Hay tres tipos de adoradores. Están los que adoran a Dios debido a que Le temen. Su adoración es la de los esclavos. Otros adoran a Dios por consideración a la recompensa. Su adoración es la del asalariado. Hay otros que adoran a Dios porque Le aman. Su adoración es la de las personas libres”.
En una consideración profunda se presentan dos tipos de adoración. Una de ellas no es para nada adoración en el sentido correcto, porque quienes cumplen ese tipo de adoración en realidad se adoran a sí mismos. Están motivados por intereses egoístas. Como los autoadoradores no pueden ser adoradores de Dios, se los puede considerar incluso como una especie de incrédulos.
El Corán ha descrito la adoración de Dios como la naturaleza del ser humano. Al mismo tiempo ha negado la posibilidad de cualquier cambio en las cualidades connaturales del ser humano. Profesa la religión como ‘hanif’, según la naturaleza primigenia que Dios ha puesto en los hombres. No cabe alteración en la creación de Dios. Esa es la religión verdadera. Pero la mayoría de los hombres no saben (no conocen esta realidad) (sûrah Ar Rûm -Los Bizantinos-, 30:30).
Por lo tanto un acto de adoración motivado por el egoísmo no es solamente una desviación del sendero de la devoción a Dios, sino también una desviación del sendero del monoteísmo, porque esos egoístas muestran no creer en la unidad de Dios en Sus acciones y atributos ya que asocian alguna otra cosa con El. El Corán ha proclamado en todos lados la unidad de Dios y ha negado la existencia de alguien asociado a El. Los primeros dos grupos de adoradores mencionados antes consideran que Dios es socio de ellos en sus objetivos y no se abstienen de la idea de autoexaltación incluso cuando adoran a El. Persiguen un doble objetivo, a lo cual se llama politeísmo. Y de acuerdo al Corán eso es una ofensa imperdonable.
Dios no perdona que se Le asocie. Pero perdona lo menos grave a quien El quiere...(sûrah An Nisã’ -Las Mujeres- 4:48 y 116).
De lo anterior queda claro que la adoración cumplida por los dos primeros grupos no produce beneficios y no lleva al adorador más cerca de Dios.
En cuanto al tercer grupo que adora a Dios en consideración del amor, su adoración es la de las personas libres, y de acuerdo a un relato, la adoración más noble. “Es una posición recóndita a la que solamente acceden los puros”. Amor significa atracción, o en otras palabras, ser atraído por alguna persona o por alguna verdad.
El tercer grupo es de esos que aman a Dios y se inclinan hacia El. No tienen ningún otro objetivo más que ser atraídos hacia El y obtener Su deleite. El móvil de este grupo de personas es su Amado Auténtico e intentan avanzar hacia El.
Algunos relatos dicen que Dios debería ser adorado porque El merece ser adorado. Dios es digno y merecedor de ser adorado debido a Sus atributos. En otras palabras, El tiene que ser adorado porque es Dios.
Dice el Imam ‘Alî (P): “Mi Señor, yo no Te adoro porque temo Tu infierno ni porque quiero Tu paraíso. Te adoro porque Te encuentro digno de ser adorado. Tú mismo me has guiado a Ti y me has llamado a Ti. Si no hubieses estado no habría sabido lo que Tú eres”.
El viajero espiritual avanza al comienzo con la ayuda del amor, pero después de atravesar unas pocas etapas comprueba que el amor es distinto de lo querido. Por lo tanto intenta renunciar al amor, el cual era su medio de progreso hasta entonces, pero que podría convertirse en un obstáculo para seguir avanzando. Ahora el viajero concentra toda su atención en aquél a Quien solamente adora como el Amado. Al avanzar un poco más comprueba que, no obstante, su adoración no está libre de la dualidad porque aún se considera a sí el amante y a Dios el amado, en tanto es incoherente con la unidad absoluta de Dios pensar en un amante de El. Por ende el viajero espiritual intenta olvidarse de ese amor de modo de poder pasar al mundo de la unidad desde el mundo de la pluralidad. En esta etapa pierde su voluntad y ya se desvanece su intención por una personalidad distintiva.
Antes de esta etapa el viajero espiritual estaba buscando la clarividencia, la contemplación y la visión. Ahora se olvida de todo eso, porque al no tener ninguna intención no puede tener deseo alguno. En este estado no se puede decir si los ojos y el corazón del viajero espiritual funcionan o no. Ver o no ver, conocer o no conocer, se vuelve todo impertinente, fuera de lugar.
Se ha relatado que dijo Bãîazid Bistãmi: “Primero renuncié al mundo. Al día siguiente renuncié al más allá. El día tercero renuncié a cualquier cosa que no sea Dios. El día cuarto se me preguntó que quería, y dije: quiero lo que no quiero”. Posiblemente tomando como guía este dicho la gente ha determinado las siguientes cuatro etapas:


a) Renuncia a este mundo; b) Renuncia al más allá; c) Renuncia al Señor; d) Renuncia a la renuncia. Este es un punto que merece una consideración profunda para ser comprendido apropiadamente. Es la etapa en que el viajero espiritual renuncia a todos los deseos. Es un gran logro, pero resulta difícil llevarlo a cabo porque incluso en esta etapa el viajero espiritual encuentra que su corazón no está libre de todos los deseos e intenciones. Finalmente aspira a obtener la perfección. No sirve para nada hacer un esfuerzo consciente por sacarse de encima los deseos porque el mismo esfuerzo en sí involucra un deseo y un objetivo.
Un día hablé a mi maestro, Mirza ‘Alî Ãga Qãzi, acerca de esta cuestión, y le pregunté cuál era la solución al problema. Dijo que podía resolverse adoptando el método de la “quema”. El viajero espiritual debería darse cuenta que Dios lo ha creado de tal manera que siempre debe tener algún tipo de deseos y ambiciones. Esto es parte de su naturaleza innata. Intente lo que intente, no puede eliminar todos esos deseos. Por lo tanto debería darse cuenta de su impotencia y renunciar a todos los esfuerzos a ese efecto. En ese caso confiará su caso a Dios. El sentimiento de impotencia no solamente lo purificará sino que también quemará las raíces de todos los deseos. De todos modos, debe tener presente que solamente el conocimiento teórico de este punto no es suficiente. El viajero espiritual debe desarrollar un gusto real por ello. Si lo consigue, puede sentirse más gratificado que cualquiera en el mundo.
Este método es llamado así porque destruye quemando la misma voluntad e intención existente, sacándola de raíz completamente.
El Corán ha usado este método en una serie de ocasiones. Un ejemplo es el uso de la expresión Divina: Somos de Dios y a El volvemos(sûrah Al Baqarah -La Vaca-, 2:156). Cualquiera que use este método encontrará que produce resultados de manera rápida.
En momentos de calamidades, desastres y desgracias, el ser humano se consuela a sí mismo de distintas maneras. Por ejemplo, recuerda que la muerte y la desgracia están destinadas a toda la humanidad. Pero Dios ha sugerido el método de la “quema” como un atajo, prescribiendo la fórmula antes mencionada para que sea pronunciada en tales ocasiones. Si el ser humano se da cuenta que todo lo que posee y que considera de su pertenencia, son todas propiedades sobre las que Dios posee un poder y autoridad total, para disponerlas como El desee y Le plazca, se sentirá aliviado y no se afligirá por ninguna pérdida. El ser humano debería saber que, realmente, no es propietario de nada. La apropiación que hace de las cosas es solamente fenomenal. En realidad todas las cosas pertenecen a Dios, Quien da lo que desea y toma lo que desea. Nadie tiene derecho alguno a interferir en lo que El hace. El ser humano debería saber que ha sido creado anhelante, ambicioso y menesteroso. Todo ello es parte de su naturaleza innata. Por lo tanto, cuando el viajero espiritual se llena de cualquier tipo de ansiedad durante su viaje espiritual, sospecha que no le es posible liberarse totalmente de los deseos y que desvanecerse en Dios, que es la base de la adoración del ser humano libre, resulta incoherente con sus tendencias, prisioneras de la voluntad y el deseo. En estas circunstancias le invade la confusión y se siente desamparado, impotente. Pero es este sentimiento de desamparo el que borra su egoísmo, el cual es la base de la voluntad y el deseo. Por lo tanto, después de pasar esta etapa, no queda ninguna traza de voluntad y deseo. Es valioso comprender bien este punto.


13) Silencio.


Hay dos tipos de silencio: a) general y relativo; b) particular y absoluto.
Silencio relativo significa refrenarse de hablar a la gente en exceso, limitándose a lo absolutamente requerido. Este tipo de silencio es necesario para el viajero espiritual en cada etapa. También es recomendable para otros. A este tipo de silencio se refería el Imam Ya‘far as Sãdiq (P) cuando dijo: “Nuestros seguidores son mudos”. En Misbãhuš Šarî‘ah se menciona un relato de acuerdo al cual el Imam Ya‘far as Sãdiq (P) dijo: “El silencio es el camino de los amantes de Dios porque a Dios le gusta. Corresponde al estilo de los Profetas y al hábito de los elegidos”.
De acuerdo a otro relato el Imam Ya‘far as Sãdiq (P) dijo: “El silencio es parte de la sabiduría. Es un signo de toda virtud”.
El silencio absoluto y particular significa evitar la conversación durante el recuerdo verbal de Dios.


14) Abstenerse de Comer o por lo menos Observar Frugalidad.


Se recomienda esto a condición que no enturbie la compostura y paz mental. Dijo el Imam Ya‘far as Sãdiq (P): “El creyente goza con el hambre, para quien es el alimento del corazón y el alma”.
El hambre ilumina el alma y la hace más resplandeciente, mientras que comer de más lleva al embotamiento y al cansancio, lo que traba e impide remontarse al cielo de la gnosis. El ayuno ha sido muy elogiado entre los actos de adoración. Una serie de relatos respecto a la ascensión del Santo Profeta (BPD) a los Cielos fueron mencionados en el “Iršad” de Daylami y en “Biharul Anwãr”, volumen II. En los mismos al Santo Profeta (BPD) se lo nombra como Ahmad. Dichos relatos subrayan los puntos benéficos del hambre, especialmente su efecto maravilloso en relación con el viaje espiritual. Mi maestro, el fallecido ‘Alî Ãga Qãzi, relató una vez una historia extraordinaria acerca del hambre. En resumen dijo: “Durante los días de los Profetas anteriores, tres personas viajaban juntas. A la caída de la noche resolvieron tomar tres direcciones distintas con el objeto de buscar alimento y se pusieron de acuerdo para reunirse a la mañana siguiente en un lugar determinado a una hora señalada. Una de ellas ya estaba invitada por alguien. La segunda, fortuitamente, se transformó en huésped de otro individuo. La tercera no tenía a donde ir, por lo que se planteó que iría a la mezquita para ser huésped de Dios. Pasó la noche en la mezquita pero no pudo conseguir nada de comida. A la mañana siguiente se reunieron en el lugar acordado y cada uno relató lo que le aconteció. En ese momento el Profeta de la época recibió una revelación que decía: Dile a Nuestro huésped que Nosotros fuimos sus anfitriones la última noche y quisimos probarle con un alimento espléndido y encontramos que no había ningún alimento mejor que el hambre”.


15) Soledad.


También hay dos tipos de soledad: general y particular. La soledad general significa no mezclarse con otras personas, especialmente las ignorantes, y reunirse con ellas solamente cuando es absolutamente necesario. Dice el Corán: Deja a quienes toman su religión a juego y distracción y a quienes ha engañado la vida de acá...(sûrah Al ’An‘ãm -Los Rebaños-, 6:70).
La soledad particular significa mantenerse apartado de todos los seres humanos. Este tipo de aislamiento es recomendable en el momento de cumplir cualquier acto de adoración, pero para los gnósticos es considerado esencial en el momento de verbalizar ciertas liturgias. En relación con esto, tienen que ser observados los puntos que siguen.
Es necesario que el viajero espiritual se mantenga apartado de las multitudes y de los ruidos perturbadores. El lugar donde cumple los actos de adoración debe ser limpio y legal. Incluso deben estar limpios las paredes y el cielo raso. El lugar debería ser pequeño y preferiblemente dar cabida a una sola persona. Un cuarto pequeño sin ningún mueble y ninguna decoración es beneficioso para la concentración mental.
Un hombre quería que Salmãn Farsi le diera permiso para construirle una casa, ya que hasta entonces Salmãn no se la había edificado. No obstante, éste rechazó dar ese permiso. El hombre le dijo: “Yo sé porqué no me das permiso”. Salmãn dijo: “Di porqué”. Respondió el hombre: “Quieres que te construya una casa con una amplitud en la que sólo tú tengas cabida”. Dijo Salmãn: “Sí, así es. Correcto”. En consecuencia el hombre le construyó, con su permiso, una casa pequeña.


16) Desvelo.


Significa que el viajero espiritual debe hacerse al hábito de levantarse antes de que amanezca, lo antes posible de acuerdo a su capacidad (física). Hablando de los que duermen al amanecer y de los que se mantienen despiertos en ese momento, dice Dios: De noche dormían poco; al rayar el alba, pedían el perdón de Dios ( sûrah Adh Dhãraîãt -Los Que Aventan-, 51:17-18).


17) Aseo continuado.


Significa estar siempre puro ritualmente y practicar la ablución mayor los Viernes y en todas las otras ocasiones en las cuales ha sido recomendada.


18) Ejercer el Recato y la Humildad en los Grados Más Elevados.


También incluye las lamentaciones y el llanto (motivados por el recuerdo de Dios).


19) Abstención de Alimentos Sabrosos.


El viajero espiritual debería abstenerse de comer platos sabrosos y debería contentarse con poco alimento, lo absolutamente necesario para mantener la vida y la energía.


20) Secreto o Reserva.


Es uno de los puntos más importantes a ser observado por un viajero espiritual. Los grandes gnósticos lo han tenido especialmente en cuenta y han puesto un gran énfasis sobre esto. Aconsejaban a sus alumnos mantener en secreto sus ejercicios espirituales, sus visiones, etc.. Si no es posible la simulación (taqiîah), se debe recurrir al equívoco (taûriîah). Si fuese necesario, los ejercicios espirituales pueden ser abandonados por un tiempo para mantener el secreto o reserva. “Intenta cumplimentar tus necesidades guardando reserva”. Cuando acaecen sufrimientos y calamidades la simulación y la reserva hacen las cosas más fáciles. Si el viajero espiritual enfrenta cualquier aflicción debería seguir su camino pacientemente.
Buscad ayuda en la paciencia y en el rezo. Sí, es algo difícil, pero no para los humildes (sûrah Al Baqarah -La Vaca- 2:45).
En este versículo la palabra “rezo” (salãt) ha sido usada en su sentido literal, es decir, atención a Dios. En base a esto se puede inferir del versículo que la paciencia en el recuerdo de Dios hace las penurias menos gravosas y prepara el camino para el éxito. Es por esto que se observa que la gente a menudo se vuelve extremadamente inquieta cuando se hace un leve corte en el dedo de la mano, pero no teme para nada perder sus miembros u órganos en el campo de batalla. De acuerdo a esta norma general, los Imames (P) han puesto gran énfasis en la reserva o secreto, he incluso han considerado un pecado grave abandonar la simulación.
El Šaîj Sadûq ha citado en su libro At-Taûhîd que un día Abu Basir le preguntó al Imam Ya‘far as Sãdiq (P) si era posible ver a Dios el Día de la Resurrección. Y se lo preguntó porque los Ašã‘irah, los seguidores del Imam sunnita Abul Hasan Aš‘ari, creen que todas las personas verán a Dios ese Día y en el Más Allá, lo cual obviamente no es posible sin encarnación.Dios está por encima de lo que dicen los malhechores. El Imam Sãdiq (P) dijo: “Es posible incluso ver a Dios en este mundo, como Le viste ahora”. Abu Basir dijo: “Hijo del Profeta, permíteme relatar este evento a otros”. El Imam (P) no se lo permitió y dijo: “No se lo cuentes a otros, de lo contrario no serán capaces de comprender la verdad y se extraviarán sin motivo alguno”.


21) Preceptor y Guía Espiritual.


Los preceptores también son de dos tipos: general y especial. El preceptor general es aquel que no es responsable de guiar a ningún individuo en particular. La gente busca su guía por considerarlo una persona experimentada e instruida. Dice el Corán: Pregunta a esos que saben, si tú no sabes. Tales preceptores pueden ser provechosos solamente al comienzo del viaje espiritual. Cuando el viajero espiritual comienza a ver las manifestaciones de la gloria de la esencia y los atributos de Dios, ya no necesita tener un preceptor general. El preceptor especial es aquel acerca de quien existe una orden divina por la cual se le ha asignado el trabajo de guía. Esa posición está reservada solamente al Santo Profeta (BPD) y a sus sucesores justos (P). Su guía y compañía son esenciales e indispensables no solamente en cada etapa del viaje espiritual, sino incluso después que el viajero espiritual alcanzó su destino. La naturaleza de esta compañía es esotérica, no física, porque la naturaleza real del Imam (P) es la de la luminosidad de su estación, es decir, la autoridad que se extiende sobre todas las personas y cosas del mundo. Aunque el cuerpo del Imam (P) es también superior al cuerpo de cualquier otra persona, no obstante, la fuente de su autoridad sobre el universo no reside allí. Para explicar este punto se puede decir que cualquier cosa que sucede en el mundo tiene su fuente en los nombres y atributos de Dios, y los mismos nombres y atributos Divinos son también la esencia del Imam (P). Es por esto que los Imames (P) han dicho: “Dios es conocido a través de nosotros y es adorado a través de nosotros”. Por lo tanto se puede decir correctamente que toda etapa que atraviese el viajero espiritual está cubierta por la luz del Imam (P), y que toda posición a la que avance está controlada por el Imam (P). A lo largo de todo su viaje el viajero espiritual goza de la compañía del Imam (P) y permanece relacionado con él. Incluso después de alcanzar su destino necesita de la compañía del Imam (P) porque es éste quien le enseña las normas que tienen que ser observadas en el Mundo de la Divinidad. Por lo tanto la compañía del Imam (P) es esencial en cada etapa del viaje espiritual. En relación con esto hay muchos puntos sutiles que no se pueden explicar fácilmente. Pueden ser descubiertos por el viajero espiritual a través de su propia experiencia.
Una vez Muhîuddîn Ibn al-‘Arabi fue a ver a un guía espiritual y se le quejó que la injusticia estaba creciendo y que los pecados eran excesivos. El guía espiritual le aconsejó prestar atención a Dios. Poco días después fue a otro guía espiritual y le presentó la misma queja. Este guía espiritual le dijo que se preste atención a sí mismo. Ibn al-‘Arabi quedó muy turbado y empezó a llorar. Preguntó a uno de los guías espirituales porqué las dos respuestas eran tan distintas. El guía espiritual dijo: “Oh querido, la respuesta es una y la misma. El (otro guía espiritual) atrajo tu atención sobre el compañero y yo sobre el sendero”.
He referido esta historia para mostrar que el viajar hacia Dios no se diferencia para nada al hecho de arribar a la estación del Imam (P), mientras se pasa a través de las etapas de los nombres y atributos Divinos. Ambas cosas no solamente están muy próximas una a la otra sino que son casi idénticas. En esta etapa no hay ningún concepto de dualidad. No hay más que la luz de la gloria de una Existencia Singular, la cual se describe con distintas palabras. A veces se expresa como los nombres y atributos Divinos y a veces como la esencia del Imam (P) o su luminosidad.
Para saber si un preceptor general es apropiado como tal, hay que observarlo atentamente y tener contacto con él durante un tiempo considerable. Cosas sobrenaturales como saber qué piensan otros, caminar sobre el agua o el fuego, narrar sucesos del pasado o pronosticar el futuro, no son signos de que quien hace eso es un favorecido por Dios. La realización de esas cosas se vuelven posibles al comienzo de la visión espiritual, pero la etapa de la proximidad a Dios está muy lejos aún. Nadie puede ser un preceptor en el sentido verdadero a menos que y hasta que reciba la luz de la gloria de la esencia Divina. No es suficiente recibir la luz de las manifestaciones de los nombres y atributos Divinos.
Se dice que el viajero espiritual está recibiendo la luz de las manifestaciones de los atributos Divinos cuando siente que su conocimiento, autoridad y vida son realmente el conocimiento, autoridad y vida (dados por Dios). En esta etapa, cuando el viajero espiritual oye algo, percibe que Dios lo ha oído, y cuando ve algo, percibe que Dios lo ha visto. Siente que solamente Dios es el Conocedor y que el conocimiento de toda existencia es el conocimiento de Dios mismo.
Se dice que el viajero espiritual está recibiendo la luz de la gloria de los nombres Divinos cuando ve en sí mismo los atributos Divinos. Por ejemplo, siente que Dios es el único Conocedor y que su conocimiento es también el de Dios. O siente que la única existencia viviente es de Dios y que él mismo no tiene vida sino que su vida realmente es la de Dios. En otras palabras, siente intuitivamente que “no hay conocimiento, vida o existencia poderosa excepto Dios”. Si un viajero espiritual recibe la luz de las manifestaciones de uno o dos de los nombres Divinos, no significa que necesariamente debería recibir también la luz de las manifestaciones de otros nombres Divinos.
El viajero espiritual recibe la luz de la gloria de la esencia Divina solamente cuando se olvida de sí mismo totalmente y no puede encontrar ningún rasgo individualista o de su ego. “No hay nada excepto Dios”. Una persona así nunca se puede extraviar ni puede ser seducida por Satanás, quien no pierde la esperanza de seducir al viajero espiritual hasta que éste extingue su misma existencia. Pero cuando entra al santuario del mundo de la divinidad después de aniquilar su personalidad y su ego, Satanás pierde toda esperanza de seducirlo. Un preceptor general, para ser tal, debe haber alcanzado esta etapa. De otro modo resulta inseguro que un devoto se le someta.
No es aconsejable para un viajero espiritual ir a la tienda y tomar de manera impensada o al azar lo que requiere, o autosometerse a cualquier hipócrita. Por el contrario, debería hacer una investigación completa del preceptor pensado o propuesto. Y cuando ello no es posible, poner la confianza en Dios, comparar las enseñanzas del preceptor con las del Santo Profeta (BPD) y la de los Imames (P), y actuar solamente de acuerdo a lo que se conforma a lo último. Si se procede así, se estará a salvo de los engaños de Satanás. Dice el Corán: El (Satanás) no puede nada contra los que creen y confían en su Señor. Sólo tiene poder contra los que traban amistad con él y asocian a El otros dioses (sûrah An Nahl -Las Abejas-, 16:99-100).


22) Recitación Diaria de Liturgias.


La cantidad y el método de recitación de las liturgias depende de lo que aconseje el preceptor. Las liturgias son como una medicina que puede ser apropiada para unos y no en cambio para otros. Sucede a veces que un viajero espiritual comienza más de una liturgia por propia iniciativa, las cuales a veces pueden empujarle en unos casos hacia la unidad y en otros hacia la pluralidad. Ese choque entre las mismas anula los efectos de ambas y las hace totalmente ineficaces. Se puede decir que el permiso del preceptor es necesario solamente para esas liturgias que no les está permitido recitarlas a todos. En cambio, no hay ninguna objeción en recitar aquellas para las que ya existe un permiso general.
Los gnósticos no dan ninguna importancia a la simple recitación de liturgias sin prestar atención a su sentido, lo cual es mucho más importante. La simple recitación oral no sirve para nada.


23, 24 y 25) Recuerdo, Reminiscencia, Malos Pensamientos.


Estas tres etapas son de gran importancia para el logro del objetivo. Muchos que fracasan en llegar a su destino se detienen en una de estas etapas o se extravían mientras van hacia ellas. Estas etapas implican el peligro de la idolatría, la adoración del fuego o de las estrellas y ocasionalmente la herejía, el faraonismo, la afirmación de la encarnación, la identificación con Dios y la negación de estar obligado a sujetarse a las normativas religiosas y a considerar la legalidad de las cosas. Aquí trataremos resumidamente todos estos peligros. Hablemos primero de la encarnación y la identificación con Dios, lo cual es el peligro más grande causado por la insinuación diabólica cuando la mente no está libre de malos pensamientos.
Mientras el viajero espiritual no se encuentra fuera del valle de la ostentación, después de la manifestación de los nombres o atributos Divinos, puede ser conducido inmediatamente a creer (el Todopoderoso lo impida) que Dios ha habitado en él. Esto es lo que se entiende por encarnación, lo cual equivale a infidelidad y politeísmo, mientras que la creencia en la unicidad de Dios anula todo concepto de pluralismo y considera toda existencia, en comparación con la existencia de Dios, una simple fantasía o una simple sombra. Cuando un viajero espiritual alcanza esta etapa, aniquila su existencia y no percibe nada existente que no sea Dios.


Erradicación de las insinuaciones diabólicas.


El viajero espiritual debe tener un completo control sobre sí mismo de modo que ningún pensamiento entre en su mente inadvertidamente y no vaya a actuar involuntariamente. Como no es muy fácil asegurarse el grado requerido de autocontrol, es que se dice que la erradicación de las insinuaciones es el mejor medio de purificar el alma. Cuando el viajero espiritual llega a esta etapa, al comienzo se encuentra abrumado por los malos pensamientos y las insinuaciones diabólicas. Vienen a su mente ideas extrañas. A menudo piensa en sucesos antiguos que estaban olvidados y visualiza acontecimientos imaginarios que nunca es posible que se materialicen. En esta ocasión el viajero espiritual debe permanecer firme y constante y debería erradicar todo pensamiento nocivo por medio del recuerdo de Dios. En cualquier momento que venga a su mente un pensamiento malo, debería concentrar su atención en uno de los nombres de Dios y continuar así hasta que el pensamiento se haya desvanecido. El mejor método para erradicar los malos pensamientos es concentrarse en los nombres Divinos. Dice el Corán: Cuando los que practican la piedad sufren una aparición del demonio (la aparición de un mal pensamiento que proviene de él), recuerdan a Dios e inmediatamente ven la luz (sûrah Al ’A‘rãf -Los Lugares Elevados-, 7:201).
Sin embargo, el tratado adjudicado al fallecido Bahrul ‘Ulûm no permite que sea adoptado este método. Dicho tratado pone el énfasis en la necesidad de desterrar los malos pensamientos antes de comenzar los actos de recuerdo de Dios y dice que es extremadamente peligroso valerse de esos actos para erradicar los malos pensamientos y las malas insinuaciones. Daremos un resumen de los argumentos presentados por el tratado, proponiéndonos impugnarlos a continuación.
Dice que muchos preceptores piden a los devotos que aparten las insinuaciones por medio del recuerdo de Dios. Obviamente, aquí “recuerdo” significa concentración mental, no recitación de alguna liturgia. Pero este método -dice el tratado- es muy peligroso porque el recuerdo de Dios importa en realidad contemplar al “Amado Real” y fijar los ojos en Su belleza, lo cual no es lícito a menos que los ojos estén cerrados para todo lo demás, porque el sentido de la dignidad del Amado no permite que el ojo que Le observa vea además alguna otra persona o cosa. Y quien hace esto probablemente recibirá un golpe estremecedor. Dice el Corán: A quien se cierre a la Amonestación (al recuerdo) del Compasivo, le asignamos un demonio que será para él compañero (sûrah Az Zujruf -El Lujo-, 43:36).
De todos modos hay otra forma de recordar a Dios que está permitida para sacarse de encima los malos pensamientos. De acuerdo a esa forma el devoto no debería tener en mente la belleza del Amado. Su propósito debería ser solamente sacarse de encima a Satanás, de la misma manera que el hombre que atrae o llama a su querida solamente para desalentar a su rival y apartarlo. Así, si el devoto se encuentra con cualquier pensamiento malo y descubre que es difícil librarse del mismo, debería ocuparse en el recuerdo de Dios con el objeto de sacárselo de encima. De todos modos, los gnósticos experimentados piden a los principiantes que primero se saquen todos los malos pensamientos y luego emprendan el recuerdo de Dios. Para conseguir esto le piden que fijen la mirada sobre algo sin pestañear por un momento -podría ser sobre una piedra o una madera- y que concentren allí su atención. Será mejor si este proceso continúa durante cuarenta días. Mientras tanto se puede salmodiar continuamente A‘ûdhu billah (me amparo en Dios), Astagfirullah (pido la indulgencia de Dios) y’Iîã Fa‘ãlu (Oh Activo, Eficaz), especialmente después de los rezos de la mañana y de la tarde. Luego de completar un período de cuarenta días, el devoto debería concentrarse por algún tiempo en su corazón y no permitir que entre a su mente ningún otro pensamiento malo. Si esto se repite, debería recitar asiduamente también Astagfirullah, ’Iîã Fa’ãlu y ’Iîã Bãsitu(Supremo Dador). Cuando ha llegado a esta etapa, se le permite al devoto que recurra al recuerdo mental, si quiere, con el objeto de eliminar todos los malos pensamientos de una vez por todas, porque al alcanzar la etapa del recuerdo, la reminiscencia y la contemplación, los malos pensamientos y las insinuaciones diabólicas desaparecen automáticamente.
Lo mencionado es el resumen del discurso atribuido a Bahrul ‘Ulûm en el tratado mencionado.

Como quiera que sea, se debe comprender que este método para la erradicación de los malos pensamientos ha sido derivado del método seguido por los Naqšbandi, una orden sufi que está en partes de Turquía y en otros lugares. Esta orden pasó a ser conocida con ese nombre debido a su gran preceptor, Jwãya Bahauddîn Naqšbandi.
Pero el mencionado no es un método aprobado por Ajund MullaHusaîn Quli Hamadani.

El recuerdo y la reminiscencia también son partes del método integral seguido por Hamadani y sus alumnos, pero éstos ponen un énfasis mayor en la meditación y la contemplación. Ya hemos descrito la meditación resumidamente y ahora proponemos mencionar algunos detalles de sus distintas etapas.

Primera etapa.

La primera etapa de la meditación es abstenerse de todas las cosas ilegales y cumplir con todas las cosas obligatorias. No está permitida ninguna negligencia o letargo.


Segunda etapa.


El devoto debería intensificar su meditación e intentar hacer todo lo que hace solamente para obtener el deleite de Dios. Debería evitar cuidadosamente todo lo que es llamado pasatiempo y diversión o chacota. Una vez que estos hábitos están firmemente establecidos, ya no le será necesario esforzarse en ese sentido.


Tercera etapa.


Debería creer y reconocer que Dios es Omnisciente y Omnipresente y que Dios, Quien supervisa toda Su creación, le está mirando. Esta meditación debería ser observada siempre, en todas las circunstancias.


Cuarta etapa.


Es un grado más alto que la tercera etapa. En este momento crítico el devoto percibe que Dios es Omnisciente y Omnipresente. Ve la manifestación de la belleza Divina. El Santo Profeta (BPD) insinuaba o sugería las tercera y cuarta etapas de la meditación cuando dijo a su gran compañero Abu Dharr Gifãri: “Adora a Dios como si Le estuvieras viendo, porque si tú no Le ves, El te ve”. Cuando el devoto alcanza esta etapa, debería sacarse de encima los malos pensamientos por medio de algunos actos de adoración. La ley islámica no permite la concentración del pensamiento en algún pedazo de madera o piedra. Supongamos que el devoto se muere mientras está concentrado en un pedazo de madera o piedra: ¿cuál sería su respuesta a Dios?. Desde el punto de vista religioso es recomendable sacarse de encima los malos pensamientos por medio del arma de la reminiscencia de Dios, lo cual es en sí mismo un acto de adoración. El camino más corto y mejor para sacarse de encima los malos pensamientos es concentrarse en uno mismo. Este método está permitido y aprobado por el Islam. Dice el Corán: Creyentes, preocupaos de vosotros mismos. Quien se extravía no puede dañaros, si estáis en la buena dirección...(sûrah Al Mã’dah -La Mesa Servida-, 5:105).

La concentración de los pensamientos en sí mismo es el método descrito por Ajund Mulla Husaîn Quli y ha sido adoptado siempre por sus alumnos, quienes sostienen que el conocimiento de uno mismo conduce invariablemente al conocimiento de Dios.

La cadena de los maestros de la gnosis se remonta al Imam ‘Alî (P). La cantidad de órdenes sufis que han tomado parte en la comunicación del conocimiento místico es más de cien, pero las órdenes principales son algo más de veinticinco. Todas estas órdenes se remontan al Imam ‘Alî (P). Casi todas ellas pertenecen a la denominación sunnita. Solamente dos o tres son šî‘itas. Algunas de estas órdenes se remontan a través de Ma‘rûf Karji al Imam ‘Alî ar Ridã (P) pero nosotros no pertenecemos a ninguna de estas órdenes y seguimos las directivas del fallecido Ajund, quien no tenía nada que ver con las mismas.
Hace más de cien años vivía en Shustar un erudito y juez (qãdi)importante llamado Ãga Saîîd ‘Alî Šuštari. Al igual que otros eruditos eminentes, se ocupaba de enseñar y administrar justicia. Mucha gente lo llamaba para que le aconseje. Un día alguien golpeó su puerta imprevistamente. Cuando Ãga Saîîd ‘Alî la abrió, frente a ella estaba parado un tejedor. Preguntado qué quería, dijo: “El juicio dado por ti respecto a la pertenencia de esa propiedad sobre la base de la evidencia que se te presentó, no es correcto. Realmente esa propiedad pertenece a un huérfano pequeño y su escritura está enterrada en tal lugar. El curso que seguiste también es errado”. Respondió el aîatullah Šuštari: “¿Quieres decir que mi juicio fue equivocado?”. El tejedor dijo: “Lo que he dicho es la realidad”. Después de decir eso el tejedor se alejó. El aîatullah se quedó pensando quién era ese hombre y en lo que le había dicho. Averiguando más descubrió que la escritura mencionada estaba realmente enterrada en el lugar mencionado por el tejedor y que los testimonios dados eran falsos. El aîatullah se alarmó y se dijo a sí mismo: “Mis otros juicios también podrían haber estado equivocados”, y se asustó. A la noche siguiente el tejedor golpeó nuevamente la puerta y le dijo: “El curso que sigues no es el apropiado”. Lo mismo sucedió la tercera noche. El tejedor dijo: “No pierdas el tiempo. Recoge tus efectos hogareños, véndelos y parte para Nayaf. Haz como te he dicho y espérame dentro de seis meses en el Wadi’us Salãm de Nayaf”. Šuštari partió para Nayaf. Apenas llegó vio al tejedor en el Wadi’us Salãm al amanecer, como si hubiera emergido repentinamente de la tierra. Le dio algunas instrucciones y desapareció nuevamente. Šuštari entró a Nayaf y empezó a actuar de acuerdo a las instrucciones del tejedor. Finalmente alcanzó una posición demasiada elevada como para ser descrita.

El fallecido Saîîd ‘Alî Šuštari tenía un gran respeto por el Šaîj Murtaza Ansari y atendía sus lecciones sobre teología y jurisprudencia. El Šaîj Murtaza Ansari también atendía las lecciones de Šuštari sobre derecho moral, una vez por semana. Šuštari se hizo cargo de la enseñanza que impartía Ansari después de la muerte de éste, a partir de donde la había dejado. Seis meses después también muere Šuštari. De cualquiera manera, en ese corto período Šuštari preparó y guió a Mulla Husaîn Quli, uno de los distinguidos alumnos de Ansari. Mulla Husaîn Quli ya tenía algunos contactos con Šuštari y de vez en cuando le planteaba preguntas respecto a cuestiones morales y espirituales. Cuando Šuštari sucedió (en la enseñanza) a Ansari, envió un mensaje a Quli que decía: “El curso que sigues actualmente es defectuoso. Intenta alcanzar posiciones más elevadas”. Finalmente Šuštari consiguió persuadir a Quli para que siga su método. En consecuencia, en poco tiempo Mulla Husaîn Quli se convirtió en una sorpresa de su época en ética, conocimiento espiritual y automortificación. A su vez Quli también preparó a algunos alumnos muy distinguidos y competentes, cada uno de los cuales se convirtió en una estrella brillante en el cielo de la gnosis. Sus alumnos más destacados fueron Hãyi Mirza Yawãd Ãga Malaki, Ãga Saîîd Ahmad Karbalai Tehrani, Ãga Saîîd Muhammad Sa‘îd Habbubi y Hãyi Šaîj Muhammad Bahãri.
Mi preceptor fue el fallecido Hãyi Mirza ‘Alî Ãga Qãzi, quien fue alumno de Ãga Saîîd Ahmad Karbalai. Esta es la cadena de mis preceptores que se remonta al tejedor antes mencionado a través del fallecido Šuštari. De todos modos, no se sabe quién era ese tejedor y de dónde adquirió su conocimiento gnóstico.

Mi preceptor Ãga Qãzi seguía el método de conocerse a sí mismo, igual que Ajund Mulla Husaîn Quli. Y para la erradicación de los malos pensamientos y las insinuaciones diabólicas llamaba antes que nada a prestarse atención a sí mismo. Sugirió que para dicho propósito el viajero espiritual debería concentrar la atención en sí durante media hora o algo más, en un determinado momento del día. La práctica diaria fortalecerá su corazón y erradicará los malos pensamientos. Al mismo tiempo y gradualmente, conocerá su alma y, Dios mediante, alcanzará su objetivo. La mayoría de los que lograron limpiar sus mentes de malos pensamientos y finalmente recibieron la luz del conocimiento gnóstico, alcanzaron ese objetivo a través de una de las dos maneras siguientes: al estar leyendo el Corán le acontece una especie de distracción súbita y se le revela que el que leía era realmente Dios; o se levantan los velos a través de la intercesión del Imam Abu ‘Abdillah (el Imam Husaîn -P-, nieto del Santo Profeta -BPD- del Islam), quien se ocupa especialmente de esa tarea y de remover las barreras que obstruyen el camino a los devotos.
Dos son las cosas especialmente provechosas para recibir la luz del conocimiento gnóstico: a) Cubrir todas las etapas de la meditación, y b) Concentrar la atención sobre sí mismo. Si el devoto se aplica plenamente a asegurarse estas dos cosas, gradualmente percibirá que todo el universo, a pesar de su variedad, procedió siempre a nutrirse de una fuente, es decir, la fuente u origen de todo lo que sucede en el mundo. Cualquier perfección, excelencia o belleza que posea cualquier cosa en el mundo, es un regalo que proviene de esa fuente. Todas las cosas han recibido una parte de existencia, belleza y grandeza de acuerdo a su capacidad. La generosidad del Generoso Absoluto es para todo, pero cada cosa que existe recibe su parte de acuerdo a su capacidad y naturaleza.

Fuente: Libro Luz Interior
Primera publicación en inglés hecha por ANSARIYAN PUBLICATIONS en Qom, Irán, bajo el título LIGHT WITHIN ME
Primera edición en castellano, corregida y ampliada respecto a la versión inglesa. Hecha por Editorial Jorge Luis Vallejo, Buenos Aires, Argentina.
ISBN: 987.99481.9.X
Traducido al castellano por Abu Dharr Manzolillo

1997 -- Buenos Aires -- Argentina