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Desde este espacio los invitamos a pensar, tanto los acontecimientos políticos como las producciones filosóficas y espirituales de nuestro continente y del Mundo Islámico, más allá de los presupuestos ideológicos a partir de los cuales se construye "la realidad" desde los medios masivos de comunicación y de los que se nutren, también, las categorías de análisis de buena parte de la producción académica.

Esperamos sus aportes.


sábado, abril 05, 2008

Jomeini - Perón

Jomeini-Perón

A partir de una serie de intercambios que hemos venido teniendo con algunos hermanos y amigos en estos últimos meses relacionados con algunas apreciaciones de Halliday, hemos considerado oportuno traer a este espacio opiniones que en su momento fueron reproducidas en otra página islámica de España (Webislam). Sin embargo en esta última no se encuentran juntos los textos que siguen, ya que fueron publicados en números distintos. Para facilitar la búsqueda y lectura de esta material los ofrecemos a continuación. Espero que les sea de utilidad.


Fred Halliday: "Jomeini era como Perón"
El especialista británico Fred Halliday, autor del libro “Islam, El mito de la confrontación”, le explicó a Página 12 que no existe un intrínseco choque de culturas entre Occidente y el Islam y ejemplifica su punto de vista con un polémico análisis de la revolución islámica iraní de 1979, a la que considera un movimiento populista característico del Tercer Mundo. “Los movimientos fundamentalistas islámicos que se ven en Irán, Argelia o Palestina no son movimientos religiosos: son movimientos políticos populistas característicos del Tercer Mundo”, añade Halliday, quien siguió de cerca el fenómeno peronista y no duda en compararlo con las fuerzas políticas y sociales que llevaron al poder al ayatola Jomeini.

Por Marcelo Justo, desde Londres

El fin de la Guerra Fría, el descalabro del comunismo y el surgimiento de movimientos islámicos fundamentalistas contribuyeron a crear un nuevo eje explicativo de las relaciones internacionales. La idea de un conflicto irreductible entre Occidente y el Islam, expresado en la naturaleza secular o religiosa de ambas sociedades, encontró apoyo en la teoría del “choque de culturas” del estadounidense Samuel Huntington, en la retórica de fundamentalistas islámicos y en hechos tan variados como el terrorismo, el petróleo o la Fatwa, la condena a muerte del escritor Salman Rushdie decretada en 1989 por el ayatola Jomeini. “Este supuesto conflicto es un mito propagado por sectores interesados de Occidente y del Islam”, dice Fred Halliday, profesor de Relaciones Internacionales de la London School of Economics y autor del recientemente publicado “Islam, El mito de la confrontación”. Halliday no niega la existencia de conflictos pero los define sin apelar a raíces religiosas o a un conflicto histórico y cultural que se remontaría a la Edad Media. “Los movimientos fundamentalistas islámicos que se ven en Irán, Argelia o Palestina no son movimientos religiosos: son movimientos políticos populistas característicos del Tercer Mundo”, añade Halliday, quien siguió de cerca el fenómeno peronista y no duda en compararlo con las fuerzas políticas y sociales que llevaron al poder al ayatola Jomeini.

-Usted dice que los movimientos fundamentalsitas islámicos son políticos más que religiosos. Ahora, si uno toma el ejemplo de Jomeini parce mas bien un líder religioso con una fuerte inclinación política.

-No me cabe duda de que Jomeini era un hombre religioso, pero al analizar el movimiento que él lideró, se ve que sus fundmanetos no están en la religión sino en bases tan seculares como las de otros movimientos populares del Tercer Mundo. Hay tres preguntas que me parecen básicas para el análisis: ¿Qué causó este movimiento? ¿Cuál fue su programa? ¿Qué ideología tenía? Y las respuestas a estas preguntas no están en la religión. Las causas de la revolución iraní se encuentran la desigualdad, la corrupción, la ausencia de democracia, la explotación extranjera de su principal recurso, el petróleo. Estos factores se encuentran en movimientos revolucionarios seculares del Tercer Mundo. Lo mismo ocurre con la ideología de Jomeini, que es comparable con la que guió a otros dirigentes populistas del Tercer Mundo.

En este sentido Jomeini es similar a Perón aunque estoy seguro de que a ninguno de los dos les gustaría este paralelo. Es muy parecido el movimiento que ambos generaron, la convergencia de derecha e izquierda en torno de un líder. Recuerdo cómo me sorprendió durante mi visita a Irán, después del triunfo de la revolución, encontrar que la gente respondía a los cuestionamientos que se hacían a algunas políticas diciendo: “Bueno, El Viejo no sabe lo que está ocurriendo, y si lo supiera lo detendría inmediatamente”. Escuchar de nuevo ese apodo: ¡El Viejo! Es decir, el mismo que utilizada la izquierda peronista para referirse a Perón. Yo estuve en la Argentina en ese período del ´73 y tuve oportunidad de dialogar con muchos dirigentes de la izquierda peronista y Montoneros. Y se respiraba la misma confianza por El Viejo que en Irán. Y, por supuesto, en ambos casos se vivió una decepción similar.

-Los movimientos islámicos fundamentalistas se explicarían por razones seculares, por su pertenencia al Tercer Mundo. Hay muchos, sin embargo, que niegan vigencia a la categoría de “tercer mundo”, entre otros Samuel Huntington y, por razones indudablemente menos teóricas, el presidente argentino Carlos Menem.

-No cabe duda de que la categoría “tercer Mundo” puede ser tan generalizadora, tan homogenizadora de cosas diversas como la de islamismo que se aplica indiscriminadamente, como si signifcara lo mismo, a países muy diversos. Hay claras diferencias entre Haití y la Argentina. Sin embargo, hay también puntos en común que tienen que ver con el pasado colonial, la dominación extranjera, el tipo de movimiento político con fuerte participación popular, etc. De ahi los claros parentescos que se ven en diversos movimientos populares en Turquía, Egipto, Argentina, etc. En el caso de Jomeini, lo que él hizo fué adoptar el lenguaje de los movimientos populares de los ´50 y ´60 y darles un giro islámico. El no hablaba de imperialismo sino de “arrogancia mundial”, no hablaba de “elite corrupta occidentalizada” sino de “idólatras corruptos”. Pero en los hechos, cuando llega al poder, hace lo que hicieron otros movimientos, como el peronismo: crea un Estado corporativo, reduce importaciones innecesarias, intenta redistibuir la riqueza. De ahí que sea un mito hablar de la amenaza islámica como si fuera una cuestión religiosa. Primero porque ni el Islam ni el Occidente, al que estaría enfrentado, son entidades monolíticas. Hay 54 países islámicos que tienen conflictos con el mundo no islámico de todo tipo, sea por el precio de sus exportaciones, por la competencia con los mercados, de carácter histórico, etc. Pero estos problemas caracterizan a las relaciones internacionales en general: no son privativos del Islam. Tanto es así que esas mismas causas son las que están en el origen de conflictos entre países islámicos, como se ve en el caso de la guera entre Irak e Irán o la invasión iraquí de Kuwait.

-¿Quiénes propagan el mito del enfrentamiento?

-Desde el Islam se encuentra, por una parte, la oposición fundamentalista que surge ante el fracaso del secularismo, sea de izquierda o modernizador –por ejemplo en Nigeria-, y por otra, desde el gobierno por los regímenes mismos que buscan consolidar su poder presentándose como custodios de la religión islámica –como en Pakistán, Irán, etc. En Occidente el mito es propagado por una coalición entre el sector armamentístico que se beneficia con la idea de que haya que armarse para hacer frente a la amenaza islámica y la derecha política.

-¿Las idea de Samuel Huntington forman parte de este mito?

-La idea de que la civilización es la fuente de conflictos no tiene a mi juicio asidero en la realidad. El Medio Oriente, que sería el caso más fuerte para apoyar esta teoría, la refuta. A mi juicio hay que entender la teoría de Huntington en el contexto de la crisis que provocó en Estados Unidos el debate sobre multiculturalismo. Huntington señaló que en el mundo había estados que tienen una fuerte identidad cultural y que compiten sobre esa base, y que Estados Unidos debía hacer lo mismo si no quería quedarse atrás de cara al siglo XXI. A diferencia de lo que sucedía en el caso del comunismo, en el que la propaganda occidental era una inversión exacta de la comunista, en el caso de Occidente y los fundamentalistas islámicos los dos propagan el mismo mito de una lucha eterna y ahistórica entre ambas partes. El problema obvio es que, por más que venga un libro como el mío para ofrecer una explicación alternativa de una serie de hechos, si la gente cree que hay un enfrentamiento entre el Islam y Occidente, esto termina convirtiéndose en un hecho concreto.


NOTA: Este artículo fué publicado por PAGINA 12, el día Domingo 25 de Agosto de 1996, en su página 24. El 19 de abril de 2004 fue reproducido en Webislam.

A partir de esta reedición del texto de Halliday, la Prof. María Eugenia Gantus y Husain ‘Ali Molina envían a Webislam el material que sigue, el que es publicado el 4 de marzo de 2004
EN EL NOMBRE DEL ALTÍSIMO
Jomeini-Perón: una comparación superficial
El título escogido para la entrevista con Fred Halliday (reproducida por webislam en su último número) encierra en sí mismo más que el simple intento comparativo por parte de su autor. Es, en todo caso, el resumen de un abanico de prejuicios que caracterizaron (y caracterizan) a ciertos sectores de la intelectualidad de izquierda, tanto de Europa como de Argentina, para con los movimientos populares que no responden a la “lógica iluminada” de estos grupos.
Empecemos por analizar la validez de algunos conceptos. Lejos de Huntington (y más aun de Menem), consideramos que la utilización del término “Tercer Mundo” supone un nivel de generalización que se vuelve más peligroso cuando se emplea para estudiar movimientos populares que no pueden comprenderse sin establecer las relaciones necesarias con los procesos de avance y repliegue de las masas oprimidas. Procesos estos que adquieren sus características y símbolos propios (incluso cierta periodización) a lo largo de las historias particulares de estos pueblos[i].
Pretender desvincular las reivindicaciones políticas y económicas de estos movimientos del complejo arsenal simbólico del que se valen, es desconocer aquellas sensibilidades populares (históricamente conformadas) que posibilitaron la constitución de los mismos. Hacer referencia a una “República islámica” o a un “gobierno de los trabajadores” no son la misma cosa, una y otro representan las aspiraciones diferentes de pueblos con resistencias históricas igualmente distintas. Los símbolos que, en cada caso, son recuperados, resignificados y enarbolados por las masas oprimidas no son sólo elementos anecdóticos del análisis. ¿Por qué el peronismo accede al poder de la mano del pueblo cuando otras corrientes políticas venían exigiendo, desde hacia tiempo, los mismos cambios políticos y económicos? La misma pregunta podría formularse para el caso del movimiento islámico encabezado por Jomeini en Irán.
Es necesario recordar que no fue la mera retórica antiimperialista y antioligárquica la que llevó a Perón a la presidencia de la República, sino el accionar concreto de éste desde el Departamento Nacional del Trabajo (a partir de 1943 Secretaría de Trabajo y Previsión) “.... en 1944 Perón ya significaba mucho más que Perón. Encarnaba (...) una política social lúcida que trascendía su propia persona”[ii]. Para comprender lo que el movimiento peronista significó sería conveniente volver a uno de los pensadores argentinos más brillantes: Rodolfo Kusch, quién no por casualidad permanece marginado de los ámbitos académicos nacionales. Kusch sostiene que el peronismo es la manifestación política del “demonismo” americano, ese sentir popular que encuentra sus raíces en la América precolombina y que contradice la lógica pulcra y ordenada de las ciudades, alienadas en la europea necesidad del “ser alguien”. El peronismo, con sus “cabecitas negras”, fue la expresión abortada de lo históricamente negado: del caos, del olor y del color de lo americano.
La comparación de Perón con Jomeini, sólo en apariencia polémica, seduce con facilidad a nuestros intelectuales “progresistas”. Así como en su momento no encontraron entre sus herramientas teóricas elementos que les permitiera comprender lo que el peronismo representó para la sensibilidad de nuestro pueblo, se vieron igualmente sobrepasados por los acontecimientos en Irán e intentaron explicaciones diversas, todas ellas menospreciando la conciencia libertaria del pueblo iraní. O asistimos a la expresión masificada de un fundamentalismo islámico que encuentra suelo fértil en una nación marcada por la ignorancia, o se trata de una revolución que habrá de adquirir verdadero sentido el día que se desembarace de los elementos islámicos que la caracterizan. Aun hoy, encontramos trabajos que, desde la izquierda, sostienen que la solución pasa por la creación de una Confederación de Estados Obreros Socialistas (¡increíble!). Comparar Jomeini con Perón y reducir los procesos por ellos encabezados a unas pocas causas económica-políticas, no hace más que empobrecer el análisis de los mismos al tiempo que tranquiliza las mentes de muchos de nuestros intelectuales que no han logrado comprender el peso de los elementos simbólicos construidos en años de resistencia[iii].
En tanto, el intelectual europeo de izquierda reacciona ante las revoluciones que se producen fuera de Europa primero con una especie de fascinación y, luego, con irremediable desencanto cuando el proceso toma una dirección diferente a la imaginada desde sus cátedras en el viejo continente. Finalmente, empleando términos como “Tercer Mundo”, “Nacionalismos tercermundistas” o “Populismos” intenta groseras generalizaciones que dejan de lado el análisis de las coyunturas, las historias de las resistencias, las relaciones de poder (internas y externas) y el andamiaje simbólico sobre el que cada una de las experiencias populares se sostiene.
Halliday afirma: “es muy parecido el movimiento que ambos generaron, la convergencia de izquierda y derecha en torno de un líder”. ¿Qué izquierda apoyó a Perón desde 1945 hasta 1955? Los trabajadores y los sectores menos favorecidos lo acompañaron, mas no los partidos ni los intelectuales de izquierda quienes no dudaron en unirse a los sectores más reaccionarios apoyados por Estados Unidos. Sólo en los convulsionados años de la Resistencia (1955-1973) y con el peronismo proscrito, algunos pocos y pequeños grupos de izquierda apoyaron a Perón. Incluso la organización armada Montoneros, que contaba con una base de clase media próxima a la izquierda, estaba liderada por ex miembros de Tacuara, un grupo de la ultraderecha católica.
Y en el caso iraní, ¿podemos hablar de izquierda y derecha dándoles a estos conceptos el mismo sentido que en las sociedades europeas? No nos parece correcto a nivel metodológico. Abunda bibliografía sobre la revolución iraní, en la que los hechos aparecen alterados a fin de que respondan a ciertos modelos de análisis. La lógica nos indica la necesidad de crear nuevas herramientas teóricas a la hora de intentar una aproximación a procesos que se desatan en sociedades tan diferentes a las europeas. Lamentablemente la Ciencia Política occidental sigue mirando el mundo con las coordenadas mentales de Europa.
Estamos convencidos que tanto Perón como Jomeini (y los movimientos que ellos encabezaron) deben ser objeto de un análisis crítico exhaustivo. Mas éste no puede realizarse sino sobre la base del respeto hacia las expresiones populares de resistencia, otorgándoles la importancia que se merecen a aquellos elementos que manifiestan la sensibilidad, históricamente construida, de nuestros pueblos. De otra forma una “comparación polémica” nunca será más que el reflejo fiel de la miopía eurocéntrica.
María Eugenia Gantus
Husain Ali Molina



[i] Recomendamos la lectura de ARGUMEDO, A. Los silencios y las voces en América Latina. Ediciones del pensamiento nacional. Bs. As. Argentina. S/a
[ii] ROUQUIÉ, A. Poder militar y sociedad política en la Argentina. Tomo II. 1946-1973. Emecé Editores. Bs. As. 1998. Pág. 50
[iii] No resulta extraño que los intelectuales de la derecha más recalcitrante utilicen explicaciones similares a la hora de referirse a los procesos de Irán y la Argentina.