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Desde este espacio los invitamos a pensar, tanto los acontecimientos políticos como las producciones filosóficas y espirituales de nuestro continente y del Mundo Islámico, más allá de los presupuestos ideológicos a partir de los cuales se construye "la realidad" desde los medios masivos de comunicación y de los que se nutren, también, las categorías de análisis de buena parte de la producción académica.

Esperamos sus aportes.


lunes, agosto 01, 2011

Notas sobre Ramadán


Notas sobre Ramadán

“¡Oh, ayunantes! Debéis purificar vuestros corazones de defectos y vuestras almas de engaños y astucias, igual que purificáis vuestros cuerpos de la suciedad. Practicad todo lo aconsejado y vuestros ayunos serán verdaderos”

Imam Ya’far as Sadiq (P)

I

“Ramadán no es meramente un tiempo, es un estado del alma. Se ha dicho y escrito infinidad de veces que éste, por ser el mes para la continencia, es el espacio de la intimidad, cuando el creyente llega al espléndido estado de convidado de Su Señor.

En la abstención, el musulmán creyente se reencuentra con la dádiva, recupera la noción de su propia indigencia y de la inmensa generosidad del Donador. Es el momento, pues, en que cada individuo se educa en la contención que recuerda su propia capacidad, su nada sin Él.

Con el ayuno, el hombre descubre que todo lo recibe graciosamente, que nada obtiene por su propio mérito y virtud. Sólo así parece recuperar el ser humano, el más veraz y sincero, su auténtica condición de criatura, limitada, incapaz, fútil y banal sin la Divina Providencia.

Este excepcional tiempo del alma inicia por sí mismo, a la vez que completa y consuma, un ciclo de introspección e iniciación espiritual. En este mes se contiene la Orden de combate por la Fe, el seguimiento del Profeta de Allah (PBd) hasta Badr, y la asunción del Decreto divino, el martirio anunciado y asumido de Imâm A`lî (P) en su postrera oración de Kufa. Es el mes de La Noche, la única y eterna noche del Creador; aquella ocasión recóndita y primordial en que remite a Sus ángeles, potencias protectoras y guías, y a Su Espíritu, noble afianzador de todo lo que es creado y contingente.

A causa de ella, bendita vigilia, este tiempo es de Paz, la Armonía que sólo puede proceder del Origen necesario y cierto.

Ramadán es el lugar de la contención, de la negación de la materia, de la abstención; sin embargo, los creyentes en su alegría por el sacrificio, nexo emulador del dolor de la Familia Sublime, han llevado en su práctica y su tradición a que sea tiempo y momento de celebración y exuberancia. Espléndida transmutación que de la templanza ha llegado a la ceremonia; trasladando el ayuno al estadio de causa y justificación para una mesa de reunión y celebración.

El Islam, en su ser social e histórico, ha aunado con nobleza y sabiduría popular, la esencia recóndita de este ámbito de contención con la necesidad y el placer de los hombres por conmemorar y festejar. Motivos hay, pues este bendito tiempo es renovación de pactos y compromisos; es un medio concebido para disponer al hombre a asumir su condición de ser obediente. Ayunando y festejando, el creyente acepta y celebra su estado de siervo. Por ello las tradiciones, comidas, festejos, reuniones, oraciones y juntas de este mes son un corpus de eventos que rememoran y renuevan la alegría por el don impagable que es la Orden revelada y su mensajero. Con el ayuno, el creyente, restituye - si ello fuera posible - la generosidad de Su Señor, que enviara Libro y Profeta.”

Del libro Ramadán preparado por el Equipo de redacción de la Biblioteca Islámica Ahlul Bait (P).

II

Ramadán: El Mes del Ayuno en la Tradición Islámica



“¡Oh gente! Por cierto que ha venido hacia vosotros el Mes de Dios con Bendiciones, Misericordia y Perdón. Éste es un Mes que ante Dios es el mejor de los meses, sus días los mejores días, y sus horas las mejores de las horas.”

El Profeta Muhammad


El 1 de agosto, los más de 1500 millones de musulmanes de todo el mundo iniciaron la práctica del ayuno de Ramadán, noveno mes del calendario lunar islámico.

Desde la jurisprudencia islámica, el ayuno del mes Ramadán es un mandato obligatorio que se realiza desde el alba (aproximadamente una hora y media antes de la salida del sol) hasta el momento del ocaso (unos minutos después de la puesta del sol). Durante ese periodo los musulmanes nos abstenemos de comer, beber, fumar y mantener relaciones sexuales.

La práctica del ayuno –no es exclusiva del Islam, también encontramos este ejercicio espiritual en otras religiones- la realizan personas adultas que no perjudiquen en absoluto su salud, exceptuando a los ancianos, las mujeres embarazadas o que estén amamantando.

El ayuno tiene grandes beneficios tanto sociales como individuales que siempre es bueno mencionarlos, en especial para las personas que están alejadas de cosmovisiones espirituales y que viven sumergidos en concepciones materialistas ajenas a las necesidades del hombre y, por lo tanto, perdidas en los múltiples senderos de lo insignificante.

Uno de ellos es la caridad hacia los pobres, donde los musulmanes compartimos con los más humildes las necesidades de falta de comida y agua, lo que nos permite concebir las dificultades de los necesitados a través de nuestra propia experiencia. Cada integrante de nuestra comunidad al final del mes entrega el Zakat (contribución obligatoria), que se realiza como un gesto de justicia social y no solamente de solidaridad.

Desde el ámbito más personal, el musulmán se “entrega” a la Voluntad de Dios al poder contrariar sus pasiones, además de recordar sus obligaciones y recobrar energías para el resto del año. En este mes, intentamos que nuestros días y noches no sean como las del resto del año. Además del ayuno vinculado a lo corporal, el musulmán intenta ayunar con sus sentidos (evitando que nuestros ojos, oídos, lengua, etc, cometan faltas y/o dañen al prójimo) y también con su “corazón” (tratando de estar siempre presente en todo aquello que Dios ordena y estar ausente de todo lo que Dios nos ha prohibido). Nos enseña el Mensajero de Dios Muhammad:

“Éste es el Mes de Ramadán. Quien ayune en su día, se ponga de pie en adoración parte de su noche, preserve su estómago y sus partes pudendas, y resguarde su lengua, por cierto que habrá salido de los pecados, tal como sale del mes”. Dijo un compañero: “¡Oh Mensajero de Dios! ¡Qué hermosa enseñanza!”. Y el Mensajero de Dios sentenció: “¡Pero qué difíciles condiciones!”.

En fin, los musulmanes aprovechamos de la mejor manera estos días y noches leyendo el Corán, nuestras súplicas (como la de “Los mil nombres de Dios”), intentando mejorar como personas y acercarnos a la Presencia de Dios en nuestro ser, reflejando en nuestros actos Su Justicia y Misericordia .

Quisiéramos, por último, compartir esta súplica que nos llega del sucesor espiritual y político del Mensajero de Dios, el Imam Ali:


"Dios mío, me basta el honor de ser tu siervo, y me basta el orgullo de que Tú seas mi señor. Tú eres como yo quiero, ¡haz de mí como Tú quieras!"

“…y que la paz de Dios sea con Uds…”

Autor: Kamel Gomez El Cheij

Fuente: Islam en Mar del Plata (www.islammdp.blogspot.com)

III

Sawm al - Ramadán (El ayuno del mes de Ramadán)

“Ramadán es el nombre del noveno mes del calendario islámico, durante el cual los musulmanes llevan a cabo un ayuno que implica la abstinencia total de comida, bebida y relaciones sexuales desde el amanecer hasta la caída del sol. Esta práctica está considerada como uno de los Pilares del Islam y se encuentra claramente señalada en el Sagrado Corán: “¡Oh los que creéis! Se os ha ordenado que ayunéis, de la misma manera que fue ordenado a quienes os precedieron. Quizás así seáis temerosos de Dios. (…) En el mes de Ramadán, en cual fue hecho descender el Corán, como una guía para la gente, como indicaciones claras de la Guía y del Discernimiento. Por tanto, quien de vosotros esté presente ese mes, que ayune en él” (2: 183 –185)

La práctica del ayuno en Ramadán supone tanto un camino de purificación y autodisciplina por parte del creyente, como un momento de fortalecimiento de los lazos comunitarios. Es decir, por un lado, desarrolla las virtudes espirituales del ayunante y, por el otro, modela los comportamientos sociales sobre la base de la misericordia. Sobre el primer aspecto señalado, Said Nursi[i] afirma que: “Hay muchos propósitos Divinos incluidos en la obligación de ayunar durante el Ramadán relacionados con el auto entrenamiento y la autodisciplina. Uno de esos principios es el siguiente: el yo carnal desea estar libre y sin restricciones (…) incluso desea, por su misma naturaleza, un imaginario señorío. (…) Es en el sagrado Ramadán cuando el ser carnal de cada uno entiende que pertenece a Algún Otro (…) De este modo su señorío ilusorio es destrozado, le permite admitir su servidumbre y realizar su verdadera obligación, que es el acto de dar gracias”. Profundizando en este punto ‘Abd al Razzaq Yahya[ii] sostiene que el ayuno “(…) es metafísico en su esencia ya que no pertenece al orden natural y manifiesta directamente la trascendencia divina (…) La orden divina contradice así la orden de la naturaleza”. El ayunante es entonces plenamente consciente que Dios es “El que vivifica y el que hace morir”. La abstinencia de comida y bebida durante el día obliga al creyente a reflexionar sobre la Misericordia de Dios en su cotidiano existir y así, a la puesta del sol, volver sobre los alimentos y el agua agradecido por el Amor que Dios le manifiesta permitiéndole, como creatura, disfrutar de los mismos.

En cuanto al fortalecimiento de los lazos comunitarios durante Ramadán, Nursi sostiene que, permanentemente, Dios “(…) llama al rico para que ayude al pobre. Sin embargo, sólo a través del ayuno el rico puede sentir el hambre y la situación trágica del pobre. Sin ayunar, muchas personas ricas y autocomplacientes no pueden percibir cuan dolorosos son el hambre y la pobreza, y hasta qué punto el pobre necesita atención. Preocuparse por el prójimo es la base del agradecimiento verdadero”. Incluso los modales y la conducta para con el otro deben ser pulidos en Ramadán; el Profeta Muhammad (P.B.) dijo: “(…) Si alguno entre vosotros está ayunando, que se abstenga ese día de conversaciones banales y de gritos. Si alguien lo insulta o se le enfrenta, que le diga: ‘Soy un hombre que ayuna, estoy ayunando’”.

Extraído de Las festividades islámicas, texto preparado por A. H. Molina y G. Falcón.



[i]NURSI, Said. Ramadán.el Bendito mes del islam. Edición de la Fundación de la Amistad Argentino Turca. Bs. As. S/A. Pág 3

[ii] ‘Abd al Razzaq Yahya Textos sobre eyuno de Ibn Arabi. Mandala Ediciones. Madrid. 2005. Pág. 31