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Desde este espacio los invitamos a pensar, tanto los acontecimientos políticos como las producciones filosóficas y espirituales de nuestro continente y del Mundo Islámico, más allá de los presupuestos ideológicos a partir de los cuales se construye "la realidad" desde los medios masivos de comunicación y de los que se nutren, también, las categorías de análisis de buena parte de la producción académica.

Esperamos sus aportes.


domingo, junio 28, 2009

Irán: categorías y límites analíticos



Irán: categorías y límites analíticos


Los hechos acaecidos en Irán luego de conocidos lo resultados de los comicios del viernes 12 de junio, han puesto nuevamente de manifiesto el deficiente arsenal teórico con el que, desde los medios y desde el discurso académico, se pretende dar cuenta del proceso revolucionario iraní iniciado en 1979.

Las impropias adjetivaciones

Durante las semanas previas al acto eleccionario, los analistas internacionales y los medios de comunicación ofrecieron perfiles parciales de los candidatos, cargados estos de adjetivaciones que, aunque no se desprendían de análisis alguno, lograron imponerse en el discurso que pretendía dar cuenta de la realidad iraní. Según estos, tal como ocurriera en otros momentos de la historia reciente de la República Islámica, el paisaje político iraní se divide nuevamente entre: “reformistas” contra “conservadores”, “moderados” frente a “fundamentalistas”, “liberales” versus “el clero shií”. ¿Son estas categorías las apropiadas para referirnos a los protagonistas políticos iraníes?

-Los antecedentes de 1999

La cobertura de las protestas que durante 1999 se produjeron en algunas Universidades iraníes constituye un buen ejemplo de la mala utilización de las adjetivaciones antes mencionadas para dar cuenta de los acontecimientos en Irán. Ante las manifestaciones estudiantiles, los medios y las publicaciones especializadas inmediatamente hicieron uso de estas expresiones para definir a las tendencias en pugna, omitiendo las referencias a la trayectoria política de los involucrados, lo que habría supuesto poner al descubierto la debilidad de los calificativos empleados. Así, el Le Monde Diplomatique de agosto de 1999, en un artículo de Eric Rouleau titulado Irán: la modernidad al acecho del Islam , el autor se encarga de citar expresiones de los “reformistas demócratas” contrarios, dice, a la política del Ayatullah Jamenei. “…La República Islámica de Irán – sostiene Rouleau – ha entrado en una fase decisiva de su historia. El ala clerical del régimen desencadenó las hostilidades con los reformistas demócratas para garantizar la perennidad de su poder ante un amenazante movimiento popular”. Para no empañar su propio argumento sobre la fragilidad de la República Islámica, Rouleau omite dar cuenta de las actividades políticas de los referentes “reformistas demócratas” que menciona. No dice, por ejemplo, que Abdul Karim Soroush (filósofo a quien cita) formó parte del Consejo de la Revolución Cultural, que Muhammad Shabestari ha sido el encargado de conducir la relaciones con lo cristianos; que Ibrahim Yazdi fue vicepresidente de Asuntos Revolucionarios y Ministro de Asuntos Exteriores; que Muhammad Yazdi fue secretario del Consejo para la Revisión de la Constitución, y que el mismo Muhammad Jatami fue Ministro del poderoso Ershad (Orientación Islámica). Lo que debemos resaltar es que todos ocuparon estos cargos bajo liderazgo del Imam Jomeini. Ante la necesidad de forzar la realidad para validar sus especulaciones, estos analistas mutilan la realidad con una impunidad asombrosa. Así, con el fin de demonizar a Ahmadineyad contraponiendo su figura a la del “demócrata” Jatami, no mencionan, por ejemplo, el hecho de que este último, en su segundo período presidencial, prohibió, en un gesto muy poco democrático, la participación de Ahmadineyad (entonces alcalde de Teherán) a las reuniones de la Cámara de Ministros a raíz de las diferencias políticas entre ambos.
Hacer referencia o no al accionar de político de estos actores no constituye un dato menor ya que el compromiso demostrado por los mismos en el proceso revolucionario iniciado en 1979 hecha por tierra las afirmaciones sobre la debilidad de un sistema islámico que se enfrentaría a una avanzada constante de “modernidad occidental”, y pone al descubierto el dinamismo de una revolución que puede repensarse permanentemente a si misma sin renunciar a los ideales jomeinistas.
Mencionamos sólo el ejemplo del Le Monde para no agobiarlos con referencias a la prensa escrita de la época y porque se trata de una producción realizada por “especialistas” y es utilizada, incluso, en producciones académicas.

- Actores actuales

Poco parece haber cambiado en la manera de transmitir los acontecimiento políticos de Irán, de hecho las expresiones de Rouleau podrían acompañar a muchos de los “análisis” que hemos tenido la oportunidad de leer en estos días. Con expresiones casi idénticas al titulo del artículo de Rouleau, el periodista Ahmad Rafat, sostuvo que los que estamos viendo en Irán es “el intento de un clero por mantener a un país anclado en una lógica de mil cuatrocientos años atrás frente a una generación que aspira a ingresar al tercer milenio” . Nuevamente se omite las referencias al pasado político de los actores y a la dinámica del sistema iraní. La legitimidad de la República Islámica no ha sido cuestionada en ningún momento por los referentes políticos de los últimos acontecimientos, tampoco la figura del Velayat ul Faqih (lo que sí sucedió en 1999). Es interesante señalar que tanto la propaganda electoral de Ahmadineyad como la de Musavi incluían las imágenes del Ayatullah Jomeini y del Ayatullah Jamenei, procurando legitimar ante el pueblo sus candidaturas, presentándose como los continuadores más aptos del proceso encabezado por Jomeini en 1979. Los cuatro candidatos que se presentaron el 12 de junio (Ahmadineyad, Musavi, Karrubi y Rezai) fueron oportunamente aprobados por el Consejo de Vigilancia (Shura e Negaban), por lo que, se deduce, representan líneas dentro del sistema y no expresiones contrarias a la República Islámica.

En la nebulosa mediática que envuelve el caso iraní, las preguntas reciben respuestas asombrosas e incoherentes. Veamos algunas a modo de ejemplo, sin utilizar como fuentes a escritos abiertamente contrarios a la República Islámica.

¿Quién es Mir Husain Musavi y a qué sector representa?
“Reformista”, “moderado”, “pragmático” e incluso “conservador moderado”, han sido las adjetivaciones utilizadas por la mayoría de los medios de comunicación para calificar al candidato opositor. Algunos pocos se explayaron sobre el pasado revolucionario de Musavi junto al Ayatullah Jomeini, quien lo apoyó explícitamente en una disputa que en 1988, el entonces primer ministro Musavi, mantenía con el Majlis (Parlamento). Es el mismo que en una entrevista otorgada al periodista Rafael Gómez Parra sostenía que había estado resistiendo durante cuatro años los intentos de reprivatización de los bienes del Sha y de los capitalistas monárquicos, “…es preferible darles las fabricas a los trabajadores o crear cooperativas”, sostenía. Experto en los movimientos revolucionarios de corte socialista y enfrentado a los sectores económicos vinculados con el capital trasnacional, Musavi, un “izquierdista islámico” según Nikkie Keddie , perteneció sin embargo al sector de la revolución más próximo al Ayatullah Beheshti (calificado de “derechista” por sus asesinos, los Muyahidines Jalq). De hecho, el sector de Medí Karrubi (otro de lo candidatos del pasado 12 de junio) vetó hacia fines de los ochenta en el Majlis a los ministros “más derechistas” propuestos por Musavi para formar gobierno. Recordemos que Karrubi, actual aliado de Musavi, definido desde los medios como “clérigo reformista” fue el Vicepresidente del Majlis en 1984 y 1988, Presidente de la Fundación de los Mártires de Guerra y Representante de Jomeini en los Asunto del Hayy (Peregrinación a Meca).
También el entonces Presidente del Parlamento iraní, Ali Akbar Hashemi Rafsanyani, y otro de los hombres que hoy apoyan a Musavi, se enfrentó a éste (Primer Ministro por aquello años) y obstaculizó de tal manera su gestión que lo obligó a presentar su renuncia en 1988, siendo aceptada por Jamenei (el Presidente de la República) pero rechazada por el Ayatullah Jomeini. Fueron estas diferencias en el interior de la dirigencia de la Revolución las que llevan al propio Rafsanyani, ya ocupando el cargo de Presidente desde 1989, a eliminar la figura de Primer Ministro.
A esta imprecisa y nebulosa descripción de Mir Husain Musavi debemos agregar el más confuso intento de definir a qué sectores representa el líder opositor. Si nos atenemos a lo que James Petras afirma,
“El único grupo que apoyó decididamente a Musaví fue el de los estudiantes y licenciados universitarios, los comerciantes propietarios y la clase media alta. El voto de los jóvenes, que los medios occidentales presentaron como pro reformistas, fueron una clara minoría inferior al 30%, pero venían de un grupo privilegiado, conocedor de la lengua inglesa y con capacidad para hacerse oír, que gozó del monopolio de los medios occidentales (…) el grueso de las manifestaciones de la oposición estaba formado por estudiantes de clase media y alta y miembros de la clase profesional y de negocios. (…) Musaví ganó a Mahmoud Ahmadineyad en los centros urbanos de Teherán y Shemiranat gracias a los votos de los distritos de clase media y alta, mientras que perdió por mucha diferencia en los suburbios cercanos de clase trabajadora, las pequeñas ciudades y las zonas rurales.”

Petras ve claramente el interés de clase que representa Musavi y lo dice claramente cuando, en el mismo texto, afirma: “donde ven guerras religiosas, nosotros vemos lucha de clases; donde ven fraude electoral, vemos desestabilización imperial”.

Para Clement Therme, del Instituto Francés de Relaciones Internacionales, en cambio, Musavi está siendo utilizado por los manifestantes para demostrar su descontento frente a Ahmadineyad en el marco de “una fractura que se produjo en el seno de la oligarquía político religiosa que detenta el poder en Irán” . Para Therme,
“los manifestantes utilizaron a Musavi como vector de su descontento. Musavi fue como una elección obligada porque la campaña fue contra Ahmadineyad y no a favor de Musavi. Antes de los problemas que estamos viendo, el problema que se daba en Irán es que no había un líder para encarnar el descontento. Musavi se convirtió así en una suerte de elección obligada de los manifestantes iraníes”.

Si para Petras, Musavi representa a los sectores económicamente poderosos, para Therme es la cabeza, deseada o no, de un movimiento popular contra la “oligarquía”. Poca claridad aporta la figura de Rafsanyani acompañando los reclamos de Musavi. Su antiguo adversario en el Majlis, quien perdiera las elecciones presidenciales 2005 frente a Ahmadineyad, es presentado ahora como el elemento sobresaliente (a la cabeza de la Asamblea de Experto desde 2007) que da cuenta de las fracturas en el interior del régimen. Las especulaciones alrededor de la figura de Rafsanyani no son nuevas. Tras la muerte de Jomeini en 1989 y con su asunción como Presidente ese mismo año, se esperaba “la confirmación de que la revolución va a entrar en una fase más pragmática, más liberal, y que existen, al mismo tiempo diferencias entre los líderes religiosos.” Al ser consultado sobre estas especulaciones Rafsanyani respondió “(…) cuando leemos las crónicas que se escriben sobre Irán en los periódicos occidentales, no podemos menos que pensar que están escribiendo cosas sobre otro mundo, lo que demuestra también que la CIA no tiene buenas bases en Irán ”.

Si, como vimos, Musavi tuvo en su momento a Rafsanyani y a Karrubi como adversarios políticos, estos dos actuales aliados del líder opositor han tenido también sus importantes diferencias a la hora de pensar el destino de la República islámica. La llegada a la Presidencia de Rafsanyani en 1989 fue acompañada con la designación de Karrubi como portavoz del Majlis, lo que para Keddie significó el control parlamentario de “la Izquierda Islámica”. Según esta autora, esto dio comienzo a un período de pugna constante entre el Presidente (liderando a los “pragmáticos” y tecnócratas partidarios de las políticas económicas liberales), con el apoyo de Jamenei (Líder Supremo), y la cabeza del Majlis (bajo control de la “Izquierda Islámica”, a la que Karrubi representaba). ¿Qué llevó a Rafsanyani, Karrubi y Musavi a unir sus reclamos tras la figura de este último? Resulta insuficiente y superficial remitirse a las elecciones presidenciales de 2005 que Rafsanyani perdiera frente a Ahmadineyad para explicar estos alineamientos, argumento que, sin embargo, han ensayado algunos medios y analistas.
Pero el panorama se obscurece más si avanzamos hacia otra pregunta obligada:

¿Qué intereses representa el actual presidente Ahmadineyad?
Según Petras, por ejemplo, el “nacionalista – populista” Mahmud Ahmadineyad representa los intereses de “la clase trabajadora pobre, los campesinos, los artesanos y los funcionarios” . De acuerdo a este autor,
“La demografía de la votación revela una auténtica polarización de clase que ha enfrentado a un grupo de individualistas capitalistas de alto nivel de ingreso y orientación librecambista con una clase trabajadora de bajos ingresos, defensores de base de la economía moral en la que la usura y el beneficio están limitados por preceptos religiosos. Los abiertos ataques por parte de economistas de la oposición a los gastos sociales del gobierno, el crédito fácil y las altas subvenciones para los productos básicos de alimentación no han contribuido a congraciarlos con la mayoría de los iraníes que se benefician de dichos programas. Del Estado persiste la imagen de protector y benefactor de los trabajadores pobres contra el mercado, que representa la riqueza, el poder, el privilegio y la corrupción.”
La visión de Therme es absolutamente diferente. Ahmadineyad representa, para el analista francés, los intereses de un sector del poder encabezado por Jamenei que procura excluir de la “oligarquía” a los “conservadores pragmáticos” representados por Rafsanyani y que se encolumnaron tras la figura de Musavi. La mención del Líder Supremo arroja más incertidumbres que certezas a los argumentos de Therme si recordamos las especulaciones que surgieron tras la derrota de Rafsanyani en 2005. Los medios daban cuenta, entonces, del malestar que le producía al “clero” la llegada a la Presidencia de un individuo que no pertenecía a este sector. El intento de identificar a Ahmadineyad con un “clero medieval” y obscurantista, opuesto a los “sectores universitarios”, ha llevado a los medios europeos y norteamericanos a ignorar el hecho de que el actual Presidente iraní cuenta con una sólida formación universitaria, no así en las Ciencias Islámicas, contando con un título de grado y un doctorado. Antes de los alineamientos derivados del escenario post electoral, se llegó a mencionar incluso la poca estima que Jamenei tenía hacia Ahmadineyad producto de la supuesta adhesión de este último a un grupo mesiánico radical dentro del shiísmo.

Comentarios finales

La nebulosa mediático – académica que ha saturado los informes sobre la realidad iraní en estos últimos días deja al descubierto el inadecuado instrumental analítico con el que las Ciencias Sociales occidentales intentan dar cuenta de la complejidad de un proceso político de gran dinamismo y carga simbólica. El reconocimiento de estas limitaciones actuales supone asumir, al mismo tiempo, la necesidad ineludible de pensar nuevas categorías.
Pero, entre las informaciones contradictorias e informes de dudosa credibilidad, podemos encontrar algunos puntos desde donde posicionarnos en la actual coyuntura iraní. Sabemos que Ahmadineyad ha llevado a cabo una política redistributiva que favoreció a los sectores populares, en esto es lo único que coinciden los trabajos de Petras y Therme; que el Presidente ha apoyado a los movimientos islámicos de resistencia como Hamas y Hizbullah, ganándose el respeto de los musulmanes más allá de las fronteras de Irán; que todo el arco político pro sionista se ha empeñado en demonizar a Ahmadineyad ante los ojos del público occidental; y no ignoramos tampoco los intentos desestabilizadores llevados a cabo contra la República Islámica tanto por los Estados Unidos como por Israel desde su triunfo en 1979. Con estas pocas coordenadas ciertas hemos podido ver que los reclamos post electorales de la oposición han sido aprovechados por los sectores abiertamente contrarios al proceso revolucionario, vinculados a los intereses norteamericanos . Hasta los descendientes del Sha han reaparecido con declaraciones contra la República viendo oportuno el momento para sumar caos y confusión. El claro apoyo del Ayatullah Jamenei a Ahmadineyad el pasado viernes 19 junio, llamando a las partes a respetar las instituciones y el proceso, intenta desarticular el esfuerzo desestabilizador de los contra revolucionarios apoyados por Estados Unidos y sus aliados. Las observaciones de la oposición dieron lugar, en Occidente, a toda una serie de “analistas” que se manifestaron contra la República Islámica en los mismos términos en que lo vienen haciendo desde hace treinta años. Parecen ignorar que, como sostiene Xavier de Planhol, en Irán “…la nación no puede distinguirse del Islam” ya que allí la revolución “…ha acelerado y completado la constitución de un estado – nación”, sobre la base de un sentimiento nacional en los que “la urbanización y el mesianismo revolucionario fueron los hitos decisivos de su formación” . Es decir, el futuro político de Irán se desplegará dentro de los márgenes de la República Islámica, como ha venido sucediendo, con el dinamismo que la ha caracterizado. “Se trata – decía Gómez Parra hacia fines de los ochenta- de una revolución siempre inacabada, como si sus dirigentes estuviesen buscando permanentemente nuevas soluciones, lo que le da un cierto aire anárquico” .
La revolución ha echado por tierra ya en otras oportunidades las ilusiones de los que, en Occidente, auguraban su desaparición ante cada nueva muestra de la movilización y participación popular, analizadas erróneamente como situaciones críticas en vez considerar a los permanentes posicionamientos y re-alineamientos dirigenciales y de las masas como propios de la lógica revolucionaria.

Husain ‘Ali Molina