.

.

.

.
Desde este espacio los invitamos a pensar, tanto los acontecimientos políticos como las producciones filosóficas y espirituales de nuestro continente y del Mundo Islámico, más allá de los presupuestos ideológicos a partir de los cuales se construye "la realidad" desde los medios masivos de comunicación y de los que se nutren, también, las categorías de análisis de buena parte de la producción académica.

Esperamos sus aportes.


miércoles, septiembre 01, 2010

Traidores en Palestina




-->
¿Los dirigentes del movimiento de la solidaridad con Palestina cómplices de los “Petain palestinos”?
I
Tomado de: www.rebelion.org
Traducido del francés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos


Ali Abunimah, fundador y editorialista de la página web The Electronic Intifada, publicó recientemente un artículo criticando lo que él llama «la falsa (o hipócrita) campaña de boicot de la Autoridad Palestina (AP)».
Acusa sobre todo a Salam Fayyad, el «primer ministro no elegido con sede en Ramala», de querer sabotear la campaña de BDS [boicot, desinversión y sanciones a Israel] y también de tratar de recuperar las acciones sobre el terreno de la «resistencia popular».
Jamal Juma, coordinador palestino de la campaña contra el muro (Stop the Wall), había declarado un poco antes que «la AP trataba de establecer los parámetros de la resistencia pacífica contra el muro del apartheid en función de su propia visión para tomar el control».
En el mismo momento, Mousa Abu Maria, coordinador del Palestine Solidarity Project y animador del Comité Popular de Beit Ommar, detenido alternativamente por el ejército israelí y por la policía de la AP, analizaba el repentino interés de ésta por la resistencia popular no violenta como «una velada oferta de Fayyad para tomar el control de un movimiento popular».
Estos pocos ejemplos ilustran una realidad que no supone misterio alguno en Cisjordania, donde son muchos quienes han comprendido que el control de las acciones de «la resistencia popular» se ha convertido en un importante reto politico.
El «liberal» surgido de un golpe de fuerza
El gobierno estadounidense y los diferentes países «donantes» lo proporcionaron y se lo impusieron a Arafat en calidad de ministro de Hacienda en 2002.
Nadie debía poden en duda su voluntad de servir a sus compatriotas: después estudiar en una universidad estadounidense y de pasar varios años en el Banco Mundial, puso en práctica su «derecho al retorno» aceptando en 1995 la responsabilidad de ser «representante del FMI» en los territorios de la AP.
En 2007 fue nombrado primer ministro por Abbas, quien junto con su acólito Dahlan acababa de intentar un golpe de fuerza contra Hamás en Gaza. Tras la desbandada de sus fuerzas financiadas por Estados Unidos, Abbas decretó el Estado de excepción, asistió sin decir una palabra al bloqueo a Gaza (e incluso animó a endurecerlo) y a la detención de los miembros de Hamás de Consejo Legislativo Palestino (CLP)[Parlamento], donde eran mayoría.
Quien se nos presenta a veces como un «liberal» no ha tenido el menor inconveniente en aprovecharse de un golpe de Estado para ocupar el puesto del primer ministro que había sido elegido por el grupo mayoritario Hamás del CLP.
Aunque su lista sólo obtuvo el 2.4 % de los votos durante las elecciones que ganó Hamás, es desde hace tres años el «primer ministro» de un gobierno que nunca ha sido ratificado por una votación en el CLP y fue nombrado por un «presidente» ¡cuyo mandato expiró hace 18 meses!
Curiosamente, a sus muchos admiradores occidentales no parece que les choque este «ligero» déficit de legitimidad democrática.
¿Construir un Estado bajo la ocupación?
El plan atribuido al nuevo salvador de los palestinos es el siguiente: debido al impasse de las negociaciones, la AP modernizada por Fayyad va a demostrar la seriedad palestina sobre el terreno y en un momento dado a ojos de la comunidad internacional estará claro que el único obstáculo para solucionar el conflicto es la ocupación…
¿Ingenuidad o sumisión? Esto es lo que dice Bernard Sabella, miembro del CLP próximo a Fayyad: «La insistencia en la no violencia entre nosotros, los palestinos de hoy, está de acuerdo con el plan de Fayyad para llegar a una postura en la que la comunidad internacional va a mirar a Palestina y decir: los palestinos están bien desarrollados en sus instituciones e incluso en su mentalidad. Así pues, ¿por qué no reconocerles un Estado?».
Fayyad afirma que entonces podrá forzar a la comunidad internacional para exigir que se concluya un acuerdo que ponga fin a la ocupación de 1967.
Por lo tanto, habría dos opciones en la búsqueda del reconocimiento del Estado palestino: la de Abbas, que se articula en proseguir con las negociaciones y se basa en la esperanza de un cambio de actitud del gobierno estadounidense, y la de Fayyad, que consiste en actuar sobre el terreno para establecer las bases económicas sin esperar a la creación del Estado.
En realidad, estad dos actitudes no son en absoluto contradictorias.
Abbas y Fayyad son dos estrellas gemelas que unen sus esfuerzos con la esperanza de que la comunidad internacional les conceda «un Estado y qué se le va a hacer si se trata de un bantustán totalmente sometido económicamente a la economía israelí, sin soberanía y consagrado principalmente al control policial de los palestinos».
Y ¡qué se le va a hacer si este «Estado» sirve mañana para olvidar la cuestión palestina que quedará reducida a unos cuantos episodios de un banal «conflicto fronterizo entre dos Estados Vecinos»!
Fayyad sabe que la combinación de la estructura de los Acuerdos de Oslo y de la ocupación militar israelí hace a la AP totalmente dependiente de Israel y que quien manda lo hace siempre en interés del Estado sionista.
El policía y el banquero: al servicio de la paz para el Capital
Si en Cisjordania se ha levantado el bloqueo financiero y el rastreo militar se ha aligerado un tanto es porque lo permitían el mantenimiento sobre le terreno de las fuerzas de ocupación israelíes y la participación activa de los colaboradores palestinos, sobre todo en la acción represiva de las fuerzas policiales palestinas bajo el mando del general estadounidense Dayton.
Com explicó Dayton, el USSC (siglas en inglés de Equipo Estadounidense de Coordinación de la Seguridad) está ahí «no para enseñar a luchar contra Israel sino para mantener el orden y la ley, respetar a todos los ciudadanos y hacer reinar la ley para que por fin puedan vivir en seguridad y en paz con Israel».
La misión de esta fuerza policial es ante todo el control de cualquier movimiento popular.
Algunos comentaristas occidentales no dejaron de señalar lo débiles que fueron las manifestaciones de protesta de los habitantes de Cisjordania durante la mortífera agresión contra Gaza a finales de 2008.
De nuevo Dayton explica: «Durante este periodo los israelíes mantuvieron un 'perfil bajo'; cada día se coordinaban con las fuerzas de seguridad palestinas. Por ejemplo, el comandante palestino llamaba al comandante israelí para decirle: ''Habrá una manifestación del punto A al B. Pasa cerca del checkpoint de Bet El. Estaríamos agradecidos su pudieran quitar el checkpoint durante dos horas para que podamos controlar la manifestación y a continuación ustedes podrán retomar la posición''.
Dayton repite después las palabras de un oficial israelí: «La USSC está haciendo un trabajo magnífico. Cuanto más hagan el trabajo los palestinos menos tendremos que hacerlo nosotros» [1].
No debería haber la menor duda de cuál es primera misión de Fayyad: está ahí para contribuir a reunir las diferentes condiciones favorables a la liquidación de toda resistencia auténtica, se cual sea la forma, violenta o no violenta.
Evidentemente, no está solo y se beneficia del apoyo todavía necesario de Abbas, del apoyo forzado y no siempre entusiasta de Fatah y de la complicidad más o menos discreta de los dirigentes de las ONG cuya supervivencia depende de USAID o del dinero de Fayyad.
Por lo que se refiere a la «izquierda palestina», parece tener como única estrategia reclamar la unidad y la reconciliación negándose a admitir que en las actuales circunstancias cualquier reconciliación sólo se podría hacer a costa de la resistencia y en detrimento de los derechos fundamentales del pueblo palestino.
Fayyad es un jalón importante en el establecimiento de una AP despolitizada, una simple administración de gestión de la vida cotidiana de los palestinos «bajo su forma tecnicista alejada de cualquier compromiso político» [2].
Es también lo que dice Azmi Bishara: «el ex agente del banco Mundial, que se vanagloria de ser pragmático, ofrece soluciones para el día a día en vez de una causa nacional».
Sin embrago, en esta «gestión de lo cotidiano» la relativa mejora de algunos aspectos de la vida de los habitantes de Cisjordania, gracias a que se han levantado temporalmente algunas berreras a la entrada de algunas ciudades palestinas y al permiso dado a los palestinos para utilizar determinadas partes de las carreteras reservadas únicamente a los israelíes, no ha modificado profundamente la situación de los palestinos corrientes, la inmensa mayoría de los cuales no frecuenta las discotecas de Ramala donde la coca-cola cuesta 4 €, ni podrá ser propietario de un piso en Rawabi.
Además, en un contexto global de intensificación de la caza a los militantes de Hamás y más generalmente de la represión contra todas aquellas personas que discuten su política de complicidad con la ocupación, Fayyad debe dar el cambiazo y no puede ser reducido al papel de colaborador activo y entregado del ocupante.
Neutralizar la resistencia popular
Por consiguiente, para neutralizarlos mejor ha decidido ocupar dos terrenos en los que se expresa hoy la lucha contra la ocupación en Cisjordania: por una parte, «la resistencia popular» y por otra, el boicot a Israel.
A partir de 2002 los habitantes de los pueblos que padecían las primeras obras de construcción del muro (Jayyous, Bil’in…) emprendieron espontáneamente diversas luchas. Éstas adoptaban con frecuencia la forma de manifestaciones regulares contra el muro y por la defensa del libre acceso a las tierras y pueblos cada vez más rodeados por las colonias.
Ignoradas por las principales facciones políticas y despreciadas por la AP, estas luchas permanecieron aisladas durante varios años.
La Campaña «Stop the Wall» y después la de BDS en 2005 fueron las primeras que trataron de relacionar entre sí estas búsquedas de una alternativa por una parte al fracaso de las negociaciones y por otra a la imposibilidad de una participación popular en la segunda Intifada militarizada.
Pero la situación ha cambiado. Las negociaciones se han vuelto inexistentes y el aislamiento de las acciones armadas ha llevado a la segunda Intifada al impasse.
Desde hace algún tiempo las campañas de Stop the Wall y de BDS se han visto confrontadas por la concurrencia de dos organismos: el Comité Nacional y el Comité de Coordinación.
El primero lo creó Fatah ya en 2005 y se reactivó después de su última conferencia anual, tras el verano de 2009.
El segundo está bajo el control del gobierno de Fayyad y pretende querer organizar al conjunto de los responsables de los comités populares de Cisjordania.
Fayyad no es tacaño a la hora de utilizar el dinero y los diferentes comités populares no están en la misma categoría a la hora de la distribución del dinero.
Como dice con franqueza Mohamed Kattib, uno de los dirigentes del comité de Bil’in apoyado por la AP, «la presión mediática y el dinero que ha fluido a raudales han creado tensiones. Cada uno quiere su parte…» [3].
Además, la represión de las manifestaciones por parte del ejército israelí acaba en muchas destrucciones y detenciones. Hay que pagar a los abogados, pagar las fianzas y las multas, visitar a los presos en las cárceles israelíes que suelen estar lejos, etc. Todo eso cuesta caro y quien lo paga pretende sacar una ventaja política.
Esto se puede constatar estudiando las declaraciones finales de las conferencias internacionales que han tenido lugar en Bil’in en estos últimos años.
Cuando la presencia de Fayyad en 2009 y la ausencia de la AP en la lucha sobre el terreno fueron objeto de duras críticas y cuando la conferencia estableció entonces como prioridad la campaña de BDS, 2010 confirmó la creciente influencia de la AP sobre muchos comités populares.
Movilizando importantes medios financieros y sin dudar en utilizar la represión selectiva contra algunos dirigentes, a menudo con la complicidad activa de las fuerzas de ocupación, Fayyad parece haber tenido éxito ahí donde Mustapha Barghouti y Fatah habían fracasado en sus intentos de recuperación.
En abril de 2010 en Bil’in los portavoces de la campaña de BDS vieron como su acción quedaba relegada a segunda fila y vieron como ¡un «boicot a los productos israelíes procedentes de las colonias» sustituía al boicot a Israel!
Por consiguiente, Fayyad es el hombre orquesta de un dispositivo que permite hacer unos proyectos de zona industrial, unos proyectos de desarrollo turístico, que favorece el boom inmobiliario y de los comercios de lujo en Ramala… pero un dispositivo que no acaba con la ocupación y que no impedirá al ejército israelí, si mañana decide hacer frente a una nueva revuelta palestina, destruir toda esta pacotilla de la que hoy sólo se beneficia una pequeña elite palestina que ambiciona encontrar su lugar en el proyecto neoliberal del Gran Oriente Medio.
La realización del plan neoliberal de Fayyad pasa, evidentemente, por la liquidación de toda resistencia auténtica porque este plan integra a la ocupación israelí como una realidad inquebrantable [4].
[1] “Speach of Lieutenant General Keith Dayton, US Security Coordinator, Israel and the Palestinian Authority”, publicado por The Washington Institute for Near East Policy Washington, 7 de mayo de 2009.
[3] International Crisis Group – MER n°95 26/04/2010
II
Los soldados de infantería franceses de Fayyad
¿“Solidaridad crítica”?
Solidaridad crítica, éste es el título que dio Dominique Vidal a la presentación de una publicación reciente de la Association France-Palestine Solidarité (AFPS). En ella condena una confusión entre "solidaridad y ser incondicional" y escribe sobre todo "no tenemos prohibido analizar y criticar los aspectos negativos de las acciones de Fatah y de la OLP". ¡Para ser completo Dominique Vidal hubiera podido señalar que este "prohibido" se aplicó ampliamente a algunas personas que no se pueden reconocer en el «nosotros» y que osaron criticar, acusados inevitablemente de no respetar "la elección de los palestinos" cuando no se trataba de «hacerle el juego a Israel»!
Esta toma de conciencia, sin duda un poco tardía, lógicamente debería impedir volver a caer en un error similar. Además, utilizando una simetría un tanto básica, Dominique Vidal denuncia la repetición del error con Hamás por parte de "algunas personas en el movimiento de solidaridad".
Pero si el apoyo al movimiento de solidaridad debe ir al pueblo palestino y no "a Fatah, a Hamás o a cualquier otro integrante del movimiento nacional", ¿cómo podría ir a la política de Fayyad? Porque si hay un individuo que no representa "la elección de los palestinos" es él!
En la primera parte hemos recordado las condiciones en las que Fayyad sustituyó al primer ministro de Hamás legítimamente elegido por la mayoría elegida en el Consejo Nacional Palestino (CLP) y cómo fue impuesto a todos los componentes del movimiento nacional. Y, sin embargo, la reserva prudente dejó paso a un apoyo todavía discreto. No hay ni hostilidad ni desconfianza respecto a él e incuso se pueden oír y leer alabanzas curiosas.
Ya en 2008 en Bil’in, junto a Luisa Morgantini, admiradora de Fayyad desde un primer momento Bernard Ravenel, entonces presidente de la AFPS, se felicitaba de haber podido "ver intervenir y discutir libremente, evitando toda actitud denunciadora del otro, a la vez a representantes de la Autoridad Palestina (AP), empezando por el primer ministro Salam Fayyad..."
Así pues, nada de cambios de humor para rendir homenaje al empleado del imperialismo, en supuesto gracias a un golpe de Estado. Bernard Ravenel incluso se permitía lamentar la ausencia de Hamás "invitado pero que no ha respondido", olvidando probablemente que tras el estado de emergencia decretado por Abbas, las fuerzas de seguridad de la AP habían perseguido a los militantes de Hamás de Cisjordania y que sus parlamentarios estaban en las cárceles israelíes ...¡Además, el hecho de estar encarcelados permitió al impostor Fayyad estar en la tribuna!
En los tres últimos años, han sido muchas las delegaciones de electos locales, de asociaciones, de mujeres, etc., que no han tenido el menor problema en entrevistarse con tal o cual "ministro" de este gobierno sin base constitucional legal alguna. Lo máximo ha sido, evidentemente, entrevistarse con el propio Fayyad.
Se me dirá que las visitas diplomáticas son una cosa pero no valen la legitimación política. Pues bien, por lo que se refiere a la legitimación política es cosa hecha. Dominique Vidal es quien ha extendido el certificado de buena conducta a Fayyad, avanzando progresivamente con ocasión de diferentes comunicaciones.
En un informe presentado ante el Consejo Nacional de la AFPS en septiembre de 2009, DV habló de la acción de Fayyad como uno de los "intentos" que se manifiestan entre los palestinos para escapar al fracaso de su estrategia. Dice de Fayyad: «Se puede apreciar este intento diversas maneras, pero no sería serio calificarlo pura y simplemente de " colaboracionista"». También señala que Fayyad había adquirido cierta popularidad "gracias a las mejoras que ha aportado a la vida cotidiana en Cisjordania".
Unos meses después la imagen de Fayyad se embellece. Ante los militantes de los comités locales de la AFPS reunidos en mayo de 2010, Dominique Vidal comenta al evocar Bil'in, símbolo de "la resistencia popular no armada": "Esta última se beneficia del apoyo activo del primer ministro Salam Fayyad que la integra en su estrategia". Más adelante, explica la creciente popularidad de Fayyad gracias a "las mejoras que aporta al nivel de vida y de seguridad de Cisjordania, y en razón de su gestión de la resistencia: boicot a los productos de las colonias, inversiones en la Zona C, etc.».
Se ha entreabierto la puerta y sólo hay que meterse precipitadamente para pasar al claro apoyo declarado. En un documento público difundido durante un coloquio en el Palacio del Luxemburgo en junio titulado "La resistencia popular no violenta en Palestina en 2010" la AFPS escribe: «Desde el verano de 2009 la resistencia popular se ha convertido en un eje del proyecto político del primer ministro, articulado con la financiación de proyectos de desarrollo para ayudar a los palestinos a resistir permaneciendo en sus tierras por una parte y con el lanzamiento de boicot a los productos de las colonias y a los empleos que ofrecen por otra».
Más adelante leemos: "La AP favorece la coordinación de muchos comités, los apoya financieramente... miembros del gobierno participan en las manifestaciones, en la plantación de árboles... El peso, el futuro de la resistencia popular se encuentran así profundamente modificados".
¡«Profundamente modificados», en efecto! Porque como explican varios militantes antes citados, el compromiso de la AP en la resistencia popular es en primer lugar para controlar y canalizar.
¿Cómo es posible olvidar las circunstancias de la designación de Fayyad? ¿Cómo es posible ignorar las acciones represivas de las fuerzas de seguridad palestinas, la colaboración activa de éstas con las fuerzas del ocupante para localizar, cazar y detener a militantes de Hamás, del FPLP etc.? [1] ¿Cómo se puede confundir el legítimo deseo de mejorar un poco la vida cotidiana con un apoyo popular a Fayyad?¿Cómo se puede confundir un intento (todavía no logrado) de tomar el control de los comités populares por medio del dinero con un apoyo financiero transparente a la lucha? ¿Cómo se pueden creer la fábulas de los "proyectos de desarrollo" sin plantearse siquiera la cuestión de la posibilidad de desarrollo bajo ocupación colonial y en una situación en la que la economía local sigue siendo totalmente dependiente de la del ocupante? ¿Cómo se puede uno dejar engañar por la fantasía de la AP en la Zona C cuando durante 15 años la AP ha ignorado la existencia de palestinos en esta parte de Cisjordania que los Acuerdos de Oslo habían dejado sometidos únicamente a la "administración" del ejército y de la policía israelíes, y cuando el resultado de ellos es que este show está destinado principalmente a los medios de comunicación dóciles y a quienes los creen puesto que hoy apenas un 5% de los palestinos de Cisjordania sigue residiendo en la Zona C? XXXXXX
Por lo que se refiere a las zonas densamente pobladas, mejorar en ellas las condiciones de vida no supone en absoluto una «tercera vía» y se adapta perfectamente a la visión israelí del Estado comparsa, parcelado y sin soberanía.
En realidad, este vergonzoso encuentro se justificó como el anterior: qué quieren ustedes, «es la elección de los palestinos»
El argumento de la "elección de los palestinos"
"Hay que respetar la elección de los palestinos"
Se ha leído escuchado mucho esta expresión durante todos estos años que han seguido a los Acuerdos de Oslo, cuando la marcha triunfal hacia la paz exigía apartar a quienes protestaban, a quienes advertían y hablaban de la distancia que se estaba ahondando entre el discurso y la realidad sobre el terreno y después, en la década de 2000, tras el estallido de la segunda Intifada, cuando había que hacer callar a quienes denunciaban la inutilidad de las negociaciones, de los encuentros y de los proyectos de un acuerdo "para la paz" que ocultaban la realidad de la colonización y de la limpieza étnica en curso.
La fórmula perentoria debía poner fin a toda pregunta crítica sobre la política establecida por la dirección palestina y sobre las consecuencias en materia de solidaridad. La OLP era «el único representante legítimo del pueblo palestino» y Arafat era intocable. Además, la representante de Palestina estaba de acuerdo y avalaba la línea seguida. Entonces…
Ha vuelto la fórmula.
La recicla Denis Sieffert en un artículo publicado el número 1099 de [la revista] Politis. Como para servir de contrapunto a un artículo muy bueno de C. Cirillo Allahsa que apenas deja lugar a las alusiones en relación a los intereses defendidos por la AP, Denis Sieffert bosqueja en él un retrato más bien elogioso de Salam Fayyad. Señalando que éste «se inscribe hábilmente en el aire neoliberal de los tiempos», Denis Sieffert escribe: «se puede lamentar que la marcha hacia el Estado palestino no tome caminos más directos» … pero «al haber la situación que hay, uno no se puede erigir en juez de las elecciones de los palestinos».
Esta vez es aún más difícil de creer porque la situación ha cambiado. La dirección de la OLP era la de un movimiento de liberación. Desde hacía mucho tiempo algunas persona (y yo comparto su opinión) habían denunciado su burocratización, su fracaso en su misión, su corrupción, su abandono de toda estrategia revolucionaria de liberación nacional, etc., pero era un movimiento en el que la inmensa mayoría de los palestinos, y sobre todo los refugiados, habían fundado su esperanza de la liberación de la tierra de Palestina.
Con razón o sin ella, Arafat y Fatah encarnaron durante mucho tiempo esta esperanza. Con el paso del tiempo y debido a unas elecciones estratégicas, se desviaron de su camino y perdieron su legitimidad inicial. Pero para muchos esto sólo se vio claramente durante la derrota de Fatah en las elecciones de 2006. Después, se ha podido constatar la profunda crisis estratégica del movimiento nacional y no sólo de Fatah. De los escombros provocados por Oslo no ha emergido ninguna alternativa estratégica, la vía de las negociaciones sólo es un impasse que la creciente colonización de Cisjordania y el bloqueo a Gaza han transformado en una trampa mortal para los palestinos y Abbas se debate en medio de las ruinas del desastre político de empeora cada una de estas iniciativas.
Por parte de las fuerzas políticas islámicas, si Hamás se niega a ceder al chantaje del bloqueo y si afirma cada vez más su dominio en Gaza, se encuentra atrapado por unos resultado que le han puesto en una situación de gestor de una institución establecida en contra de los intereses de los palestinos y tampoco parece capaz de proponer la orientación política que permitiría la movilización a la altura de los ataque sufridos, tanto por los refugiados del exterior, como por los palestinos de 1948 y por los de Cisjordania, de Jerusalén y de Gaza.
Abbas y su equipo de negociadores profesionales repiten tartamudeando la demanda del Estado palestino independiente, pero, ¿quién puede creer que quienes fueron vencidos en las elecciones de 2006 encarnan hoy «la elección de los palestinos»?
Así pues, queda Fayyad, que no puede expresar ninguna elección palestina. Fayyad no es la elección de los palestinos, ni siquiera de «algunos palestinos». Fayyad es simplemente la elección del gobierno estadounidense, de Europa y del FMI: en resumen, es la elección del imperialismo. En un sentido se puede estar de acuerdo con Dominque Vidal: no es verdaderamente un «colaboracionista». No ha surgido del movimiento nacional y nunca ha participado en ninguna lucha. Está ahí en misión, como antes en el Banco Mundial y luego en el FMI. Él no colabora, defiende a su clase.
Como escribe Azmi Bishara, Fayyad es «el empleado de la comunidad internacional». También se puede citar a Nabil Amr (¡un sagaz experto!): «Fayyad es un simple alcahuete de la ayuda occidental … pero es quien maneja el dinero». Se le ha dotado de algunos medios para hacer momentáneamente más suave a ocupación, puede facilitar los movimientos de los palestinos a reserva de construir unas carreteras que refuerzan la colonización y permiten a las fuerzas israelíes controlarlos mejor. Cuando desarrolla proyectos como el del turismo en Belén es de acuerdo con los israelíes que así pueden cambiar el uniforme de ocupante por el de «socio económico».
En verdad, la actual política de Fayyad sólo es posible sobre la base de la derrota, de la desmoralización, del chantaje financiero y de la represión. Él está ahí para continuar el trabajo de debilitar al pueblo palestino, de dividir Gaza y Cisjordania, y ahora de fragmentarlas en cantones aislados, otras tantas etapas de la destrucción de las bases materiales necesarias para el mantenimiento de una conciencia política fundada en el sentimiento de pertenencia a una lucha colectiva de liberación nacional.
Una «elección palestina» tan útil para vender «la solución»
Por consiguiente, esta vez la tesis de la «elección de los palestinos» es difícil de defender. Sin embargo, es necesario que «la solución» planeada para solucionar definitivamente la cuestión palestina parezca resultante de una elección de los palestinos, al menos de algunos de ellos a los que se consagrará y dará «legitimidad».
La crisis del movimiento nacional, el descalabro de Fatah, el fracaso del intento de construir una «tercera vía» dotada de una base popular significativa, el desmoronamiento de los distintos intentos de fabricar sucesores de Arafat y el rechazo hasta el momento de aceptar a Hamás en el juego de la negociación … todo esto complica gravemente la adopción de una «solución» que se supone pone fin definitivamente al conflicto, mientras que no responde a ninguna de las exigencias fundamentales palestinas.
¡Ese es el reto: hay que imponer una solución y no cualquiera! Dominique Vidal lo afirma en su informe introductorio a la Conferencia de los Grupos Locales de la AFPS celebrada en Ivry el 29 de mayo de 2010: «Queda por saber si la Casa Blanca querrá y sabrá servirse de estas evoluciones como un trampolín para imponer un reglamento cuyos términos no ignora nadie, porque figuran en todas las Resoluciones de la ONU, en los acuerdos israelo-palestinos y en la Hoja de Ruta del Cuarteto: retirada del ejército y de los colonos de los territorios ocupados en 1967, establecimiento de un Estado palestino en estas fronteras y con Jerusalén Oriental como capital, solución justa para el derecho de los refugiados de 1948 y de 1967…».
La yuxtaposición de los textos a los que hace referencia deja un poco perplejo: ¿Todas las resoluciones de la ONU?¿Qué «acuerdos israelo-palestinos»?¿Y la iniciativa árabe? Etc. Pero la referencia a la Hoja de Ruta basta para comprender de qué se trata cuando se describe «un reglamento cuyos términos nadie ignora». En lo que le sirve de preámbulo, los autores de la Hoja de Ruta escribieron: «Un arreglo del conflicto israelo-palestino que prevea dos Estados sólo verá el día cuando el pueblo palestino tenga unos dirigentes que actúen de manera decisiva contra el terrorismo y tengan la voluntad y la capacidad de construir una verdadera democracia basada en la tolerancia y la libertad».
Todo o casi todo estaba dicho.
Como escribe JF Legrain: «El Estado ya no es un derecho de los pueblos surgido del derecho a la autodeterminación garantizado por la Carta de las Naciones Unidas. Queda reducido a ser solamente la recompensa hipotética por el cumplimiento de un proceso exigido al pueblo concernido» [2].
La anunciada reanudación de las negociaciones bilaterales, que eran la primera etapa de la Hoja de Ruta, parece significar que Abbas y Fayyad han aprobado con éxito el examen final. Hoy que quizá «los palestinos» han satisfecho las exigencias de seguridad, se va a pasar a los puntos siguientes. Pero en realidad ¡todo está regulado según la situación de la realidad sobre el terreno! Evidentemente, éste era el primer objetivo porque la Hoja de Ruta obedece a un principio no dicho pero intangible, ya presente en los Acuerdo de Oslo: ¡las cuestiones fundamentales solo se abordarán en la negociación cuando hayan sido reguladas en los hechos a beneficio de lsrael!
¡Y eso es, en efecto, lo que ha ocurrido! Mientras los palestinos «ponían fin a la violencia», «democratizaban las instituciones», desarmaban a los resistentes, «reformaban» los servicios de seguridad, etc., los sionistas construían cada vez más colonias, cada vez más carreteras de circunvalación, reforzaban el muro, expulsaban a los campesinos del valle del Jordán, a los beduinos del Negev, a los habitantes de Jerusalén, etc.
Por lo demás, cuanto más detalla la Hoja de Ruta las condiciones impuestas a los palestinos para poder avanzar hacia un «estatuto permanente que marcará el final del conflicto», más vagas, si no irrisorias, son las obligaciones de Israel: así, lo único concreto que se afirma sobre la cuestión de las colonias es que se deben desmantelar «las colonias erigidas desde marzo de 2001».
Por lo que se refiere a los derechos fundamentales de los tres componentes del pueblo palestino:
  • Ni siquiera se trata el derecho de autodeterminación.
  • No se aborda la situación de los palestinos ciudadanos de Israel.
  • El derecho al retorno se resuelve de la siguiente manera: «Una solución aceptada, justa, equitativa y realista de la cuestión de los refugiados».
¿Es ésta la «la solución justa para los refugiados» de la que habla Dominique Vidal? Seguro que es la concepción de Abbas y de Fayyad, quienes hablan de «solución justa y convenida» y de «retorno al Estado palestino». Evidentemente, no es la aplicación del «derecho de los refugiados al retorno a sus tierras y a sus hogares». Además, la Hoja de Ruta no hace ninguna referencia a la Resolución 194 [sobre el derecho de los refugiados palestinos al retorno], sólo se evocan las Resoluciones 242,338 y 1397. No dice nada de la suerte de los miles de presos palestinos, pero no olvida concluir con el hecho de que «en el contexto de un acuerdo de paz general entre Israel y Palestina, los países árabes aceptan el principio de la normalización de sus relaciones con Israel».
¡Es esto «el Estado palestino independiente»!
¡Es esto «el reglamento cuyos términos nadie ignora»!
¿Creen verdaderamente que los palestinos van a aceptar?
¿Acaso el papel de un movimiento de solidaridad es obligarles?
¡No sólo se conoce la solución sino también los medios para lograrla!
Para Dominique Vidal «la situación sobre el terreno está bloqueada» tanto en Israel, como en «Palestina» (se supone que se trata de los territorios ocupados en 1967: Cisjordania y Gaza).
Radicalización a la derecha del lado israelí, impasse estratégico del lado palestino. La salida sería, pues, buscar en otro lado: «En todo caso, la solución depende esencialmente de la comunidad internacional, en caso de que deba intervenir», escribe.
¿Se trata quizá de una interpretación paradójica del «derecho de los pueblos a disponer de sí mismos»? Como los palestinos parecen incapaces de obtener un Estado que, además, les niegan los israelíes, se les va a conceder cualquier cosa a la que se llamará «Estado».
Esta hipótesis no es nueva. La compartieron (y comparten todavía) muchos dirigentes palestinos, principalmente de Fatah aunque no solo, y también muchos politicos occidentales y los responsables del movimiento de solidaridad. Reposa sobre dos pilares.
El primero, fundamental, es el de una aceptación definitiva de la situación creada tras la votación de la partición de Palestina por la ONU en noviembre de 1947. Se establece de una vez por todas que existe un «Estado judío» y que el único problema reside en que la comunidad internacional no cumple con sus responsabilidades: permitió la creación del Estado de Israel, pero no impuso el Estado árabe (palestino).
Basar la aplicación del derecho internacional para los palestino en la decisión de partición es evitar tratar al Estado de Israel como un Estado colonial que se impuso por la fuerza. Es el medio más seguro de desviar el verdadero derecho a la autodeterminación de pueblo palestino confinando la posible aplicación de este derecho a un territorio amputado de una gran parte de sus tierras y de los recursos que deberían ser el marco de expresión de estos derechos, en este caso la totalidad de la Palestina del Mandato británico.
Quienes aceptan la partición hoy ratifican la felonía cometida por la ONU, que no tenía ningún derecho a privar a los habitantes originarios de Palestina de sus tierras ni de sus riquezas. Por lo demás, ninguno de quienes invocan la decisión de partición para pedir la creación del Estado palestino propone establecer este Estado respetando los términos de lo que se votó en 1947. Todos, sin excepción, hablan de las «fronteras de 1967», con lo que legitiman las conquistas territoriales de las fuerzas sionistas mucho más allá de los limites trazados en la decisión de partición e incluyendo las conquistas adquiridas por medio del terror y de la violencia antes de la proclamación del Estado de Israel y antes de que se desencadenara la primera guerra israelo-árabe.
Esto demuestra, si es que aún fuera necesario, que «el respeto del derecho internacional» les sirve para proteger al Estado colonial sionista y muy secundariamente para consolar a los palestinos por el robo de sus tierras y por la limpieza étnica de la que han sido víctimas. Es tratar de ocultar una historia de robo de tierras que no estaba en absoluto «sin pueblo» por medio de otro acto de piratería que tiene toda la apariencia de legalidad porque emana de la instancia más elevada de la comunidad internacional.
El segundo pilar es el del papel dado a la principal potencia imperialista.
La dirección palestina ha hecho una elección estratégica. Había que demostrar al responsable estadounidense que le interesaba ser un «árbitro honesto» del conflicto, aún a riesgo de renunciar a lo esencial de las reivindicaciones del movimiento nacional para convencer a los sucesivos presidentes. Esta catastrófica elección, que se hizo mucho antes de Oslo, es el origen de la crisis del movimiento nacional palestino y de su trágico aislamiento. Así es cómo desde hace muchos años los negociadores palestinos y diversos «especialistas en Oriente Medio» auscultan y descifran las palabras de los dirigentes estadounidenses con la esperanza inútil de descubrir en ellos la expresión que anunciaría el esperado «momento crucial».
«Bush ha cambiado, quiere una solución que pase por un auténtico Estado, verdaderamente independiente y no unos bantustanes desperdigados» escribe Elias Sanbar en L’Humanité del 23 de febrero de 2005, muchos meses después de la carta del presiente Bush a Sharon (14/04/2004) en la que escribe: «No sería realista esperar que las negociaciones acaben en una vuelta absoluta a las líneas del armisticio de 1949».
La llegada de Obama a la Casa Blanca relanzó las suposiciones más ingenuas. El Discurso de El Cairo alimentó una nueva oleada de optimismo ilusorio ya que las fórmulas de Obama parecen mucho más importantes que su política real en Afganistán y en Iraq.
Aunque afirma querer «disipar cualquier ilusión», Dominique Vidal parece haber compartido algunas de ellas, sobre todo cuando declaraba durante una entrevista de diciembre de 2009 en el boletín «Voix palestiniennes» (Génération Palestine) que era demasiado pronto «hacer un juicio global» sobre la política de Obama respecto al conflicto, al tiempo que teníamos «la presidencia estadounidense sin duda más abierta a la causa palestina de la historia de Estados Unidos». Estamos mucho más allá de la afirmación de que Estado Unidos tiene interés en solucionar este conflicto para hacer frente mejor a otros enfrentamientos inscritos en la situación regional (tesis que merece ser discutida), ¡aquí se afirma una apertura del gobierno estadounidense a «la causa palestina»!
Sus palabras son un tanto sorprendentes sabiendo que la causa palestina es la de la emancipación de los pueblos y de su derechos a la resistencia contra la guerra total que lleva en su contra el imperialismo. Por lo tanto, en esta perspectiva en la que los pueblos concernidos no están autorizados a elegir la solución que les convienen sino que es la comunidad internacional la que se la va a imponer, conviene encontrar unos puntos de apoyo para dar una apariencia de justicia a la imposición.
Uno corresponde a una necesidad de legitimación. Se le ha impedido al pueblo oprimido obtener por sí mismo sus derechos y la solución planeada no es en absoluto conforme a lo que él considera legítimo. Por consiguiente, hay que encontrar al «representante» que va a reivindicar apenas más de lo que se le pretende dar y que finalmente aceptará consagrar la negativa a ver sus derechos reconocidos. Lo que finalmente no consiguieron de Arafat esperan obtenerlo de Abbas y Fayyad es un aliado útil en la maniobra de conjunto.
El otro punto de apoyo es «la opinión pública, los partidos y las asociaciones» porque juntos pueden «presionar» a los gobierno y a las organizaciones en las que dialogan (la ONU), explica Dominique Vidal a la conferencia de los grupos locales de la AFPS.
En su introducción al Consejo Nacional de la AFPS en septiembre de 2009 Dominique Vidal era aún más preciso sobre la misión atribuida a este movimiento de solidaridad: «se trata de acompañar de forma vigilante el relanzamiento del proceso de paz por parte de Washington y a la vez permitir a Bruselas desempeñar el papel motor»
Diecisiete años después de la farsa de Washington, cuatro años después del mortífero ataque contra Líbano y dieciocho meses después de los crímenes de guerra contra la población de Gaza, hay que ser bastante descarado para osar apelar a «acompañar» un «proceso de paz» que nunca ha existido más que como ficción destinada a ocultar un proceso que existe realmente: el de la colonización sionista y, en consecuencia, el de la destrucción del pueblo palestino.
Por lo que se refiere a «confiar un papel motor a Bruselas» no es necesario ir muy atrás para medir hasta qué punto los palestinos no tienen ningún interés en ello. ¿Qué permite a Dominique Vidal calificar de «una de las declaraciones más avanzadas de la historia de la Unión Europea» la conclusión del Consejo adoptada en diciembre de 2009? ¿Qué tiene de nuevo para tanto entusiasmo?
Un sempiterno llamamiento a relanzar las negociaciones, el apoyo al «enfoque de paz» de Abbas, el compromiso en favor de la seguridad de Israel, las felicitaciones al gobierno de Israel por su moratoria de diez meses de la colonización, un parágrafo sobre Gaza con la condena del bloqueo y de sus efectos sobre la población, el habitual reconocimiento de las exigencias de la seguridad de Israel y la exigencia de liberación de [el soldado israelí capturado por Hamás] Shalit…
Y, como siempre, la fórmula que subordina a «la negociación entre las partes» la eventual puesta en tela de juicio de todo lo que, sin embargo, tiene relación con la legalidad internacional. Durante el Consejo hubo una discusión cuya conclusión constituye un interesante indicador de la actitud real de los dirigentes europeos en relación a la cuestión. La presidencia sueca propuso mencionar Jerusalén Oriental como «capital de un futuro Estado palestino». No prosperó esta propuesta que el ministro de Asuntos Exteriores israelíes Ayalon consideró peligrosa.
Por lo que se refiere al Parlamento Europeo, la reciente votación de una resolución es otra ilustración de su complicidad total con el establecimiento de un dispositivo que tiene por objetivo privar al pueblo palestino de sus derechos. Esta resolución, presentada como una condena de la operación israelí contra la flotilla humanitaria y el bloqueo a Gaza contiene las siguientes apreciaciones:
  • Deplora la muerte de civiles y las heridas recibidas por «38 civiles, así como por 7 soldados israelíes» (¡!)
  • Considera que el cierre de los accesos a la Franja de Gaza «cerrado desde junio de 2007, después de que Hamás tomara militarmente el poder» no ha logrado sus objetivos que eran, por una parte, «la liberación de Gilad Shalid» y, por otra, «perjudicar a los extremistas» (¡!)
  • Hace a Hamás culpable de «obstaculizar la entrada a Gaza de la carga humanitaria de la flotilla» (¡!)
  • «Exige que cesen inmediatamente todos los ataques contra Israel y advierte que quienes los cometen debe asumir plenamente sus responsabilidades» (¡!)
  • E invita al Cuarteto a establecer un dispositivo de control internacional de los puntos de paso con vistas a levantar el bloqueo y abordar las preocupaciones de Israel en materia de seguridad, sobre todo, desplegando una fuerza naval internacional para vigilar las costas de Gaza.
Dicha resolución fue aprobada por la inmensa mayoría, incluido el grupo Verts / ALE y el grupo GUE/NGL muchos de cuyos miembros se felicitaron por haber adoptado esta «resolución unitaria y fuerte». La ausencia de una demanda de suspensión del Acuerdo Unión Europea-Israel, sin embargo presentado como la reivindicación principal de la acción de apoyo a los palestinos, se explica como un compromiso necesario ya que la ausencia de consignación de enmienda permite ¡«evitar que la derecha debilite el texto en el plenario»!
Los autores de esta farsa explican en su descargo que esta estrategia había recibido el apoyo de los propios «representantes palestinos»(Ziad Abu Amr y Hasan Abu-Libdeh) y añadían que Leila Shahid «no había ahorrado esfuerzos para ir puerta a puerta y convencer a los diputados de que apoyaran la resolución».
La misión que Dominique Vidal atribuye al movimiento de solidaridad se puede resumir de la siguiente manera: - Hay que convencer a Obama de que abandone una política en «zigzag» y hacerle comprender que a Estados Unidos le interesa imponer una solución al conflicto israelo-palestino. Los discursos son buenos, pero el gobierno estadounidense no los traduce en actos, ¡hay que ayudarle en cierto modo! - Por lo que se refiere a Europa, el problema no es que avance en «zigzag», sino que hace una «gran diferencia» entre declaraciones prometedoras y actos «que merecen reflexión», ¡como la decisión de aceptar a Israel en la OCDE!
Tras haber sido utilizado durante años como un auxiliar del supuesto proceso de paz que ha paralizado la capacidad de lucha palestina y que ha desembocado en la actual catástrofe, hoy se invita la movimiento de solidaridad a desempeñar un papel activo en la conclusión de un acuerdo que supondría en entierro definitivo de las exigencias palestinas.
¿Van a aceptar los militantes de la solidaridad prestarse a estar maniobras?
¿Están de acuerdo en confiar la defensa de los derechos de los palestinos al patrón del imperialismo estadounidense, aunque sea con su «acompañamiento vigilante»?
¿Creen verdaderamente ocupar un lugar en el negocio del paz tiene algo que ver con el apoyo a la lucha del pueblo palestino?
(Continuará)
[2] «Palestine, un Etat non souverain», par Jean-François Legrain, Libération, 8 de abril de 2010.
III
Otra vía es posible
Tres balizas para un apoyo sin reservas ni condiciones
1) La satisfacción de los derechos de un pueblo oprimido se hace necesariamente en detrimento del opresor.
La causa palestina es la causa de un pueblo oprimido, víctima de una colonización sionista fomentada históricamente por las potencias occidentales y hoy amenazada de destrucción por un Estado colonial sostenido activamente por el imperialismo.
Como en todos los conflictos que oponen a dos adversarios de fuerza muy desigual y como en todas las situaciones de opresión de larga duración, hay lugar para acciones humanitarias de ayuda a las poblaciones víctimas de la agresión. Decir que estas acciones no tienen que ver con un apoyo político a la causa nacional palestina no es ofender a estas acciones, algunas de las cuales son útiles para las poblaciones. Lo mejor que se puede esperar de estas acciones humanitarias es que no refuercen al opresor contribuyendo a anestesiar la voluntad de lucha del oprimido.
Del mismo modo, habiéndose transformado el objetivo de la paz en un subterfugio sofisticado para prolongar la ocupación y para oponerse al derecho de autodeterminación del pueblo palestino, toda solidaridad que ponga «la búsqueda de la paz» en el centro de sus objetivos en vez de la plena satisfacción de los derechos del pueblo oprimido se vuelve inevitablemente en un instrumento de canalización de la energía popular espontáneamente favorable al pueblo que lucha por su libertad y se encuentra situada al servicio de un proyecto político que dificulta la lucha de los palestinos por sus derechos.
La solidaridad con la causa palestina sólo puede ser un apoyo sin condiciones ni reservas a la lucha de liberación nacional de un pueblo colonizado oprimido. En tanto que movimiento anticolonial, el movimiento de apoyo defiende el derecho del pueblo palestino a disponer de sí mismo y el derecho a la autodeterminación, del que el derecho al retorno es un componente fundamental. Este derecho se opone radicalmente a la existencia de un Estado colonial, cuya ideología fundadora y todavía activa exige la expulsión de los árabes palestinos que viven en la tierra que ellos codician.
Por ello, sin deber ni poder resolver los términos de la solución que los pueblos concernidos pondrán en marcha, debemos decir sin ambigüedades que la emancipación de los pueblos árabes exige el desmantelamiento del Estado sionista porque es la encarnación de un proyecto colonial y racista al servicio del imperialismo.
Nuestro movimiento de apoyo debe poder decirlo sin temor a ser tachado de abrir la puerta al exterminio de los judíos israelíes y sin encontrarse con se sospecha que uno es antisemita o incluso a veces revisionista o negacionista.
Es probable que ni siquiera crean seriamente que la acusación es fundada aquellos que se han especializado en invocar sistemáticamente «el riesgo de antisemitismo» en cuanto lo que se dice pone en tela de juicio al Estado sionista de Israel y no sólo la política de sus gobiernos. Pero la existencia de esta policía del pensamiento actúa a dos niveles: aterroriza a los militantes que constantemente creen que una palabra demasiado radical contra Israel los descalifica a ojos de los actores de la solidaridad y arroja la sospecha sobre aquellas personas que no aceptan la censura y afirman su análisis cuando en el fondo los fiscales son incapaces de argumentar.
Resulta que con frecuencia esta función de policía la ejercen individuos que pertenecen a la corriente que se opone al derecho de autodeterminación de todo el pueblo palestino y al derecho al retorno efectivo de los refugiados a sus hogares.
Por consiguiente, el movimiento de apoyo a los derechos de los palestinos debería establecer un riguroso cordón sanitario. No para aislar a aquellas personas que sobre todo en las manifestaciones expresan muy sanamente un sionismo espontáneo que conviene alimentar de explicaciones históricas y de perspectivas políticas, sino para aislar a los especialistas de la insinuación y de la amalgama, que sobresalen más en la búsqueda obsesiva de las hipotéticas huellas de las relaciones con supuestos antisemitas que en el apoyo sin reservas a la resistencia de los palestinos.
2) La actual ausencia de orientación estratégica palestina alternativa al fracaso de la OLP es una situación temporal.
La Historia ha situado a Palestina en el centro de una confrontación que supera el simple cara a cara entre, por un lado, una población originaria que resiste y, por otro, una potencia colonial que quiere expulsarla de las tierras que codicia.
El Estado israelí forma parte de un dispositivo imperialista de dominio de la región, incluso es un elemento clave de su división. Como Israel y el imperialismo se oponen a la emancipación de todos los pueblos de la región, la única salida para los palestinos está en el desarrollo de una lucha de conjunto, contra el Estado colonial sionista, contra el imperialismo y contra regímenes reaccionarios árabes sometidos y dispuestos a normalizar sus relaciones con Israel para ocupar el lugar que se les ha designado en el plan imperialista del Gran Oriente Medio.
Aunque no pueda vencer solo y debido a la profunda interacción entre la causa de Palestina y las luchas populares de la región, es esencial que se reconstruya un movimiento de liberación, aprendiendo de los errores y defectos, para sacar a Palestina de la espiral del fracaso y afirmar en los hechos y por medio de los actos que no cederá y que la anunciada rendición de los autoproclamados «representantes» elegidos por el imperialismo en absoluto acabará definitivamente con la lucha por sus derechos fundamentales.
Con el fin de lograrlo los palestinos necesitan tiempo para recuperar fuerzas, para comprender las razones del fracaso de su movimiento de liberación y para volver a construir una alternativa.
Las cosas cambiarán. La generación que hizo la primera Intifada y muchos de cuyos miembros, a pesar de estar en un momento dado frustrados y desanimado no se han unido al campo de la normalización con el ocupante, sabrá sacar lecciones. Ellos y ellas permitirán a la juventud palestina (la que no conoció las ilusiones destructoras de los años de Oslo y que sólo conoce de Israel las colonias, los humillantes checkpoints, las detenciones arbitrarias, las guerras contra Líbano y contra Gaza) retomar el hilo de una lucha que se arraiga en el combate por la libertad, primero contra el ocupante británico y después contra la colonización sionista.
Para quien quiere apoyar verdaderamente este combate, no es oportuna la impaciencia y se deben descartar las ilusiones neocolonialistas: la liberación del pueblo palestino sólo se puede lograr por medio de su propia movilización y no vendrá solución alguna de las instancias de la «comunidad internacional» ni de los Estados que la componen. Por consiguiente, a los palestinos les corresponde y les corresponderá elegir: sus objetivos, su estrategia, sus formas de resistencia a la ocupación, sus representantes, etc.
Pero también hace falta que tengan los medios de hacer esta elección: tiempo, una relación de fuerzas menos desfavorable, la ruptura del aislamiento, una dependencia material y financiera menor que sólo la pueden facilitar unos «donantes» que no condicionen su apoyo al respeto por parte de los palestinos a un proyecto politico que va en contra de sus aspiraciones y de sus derechos fundamentales.
Hay en ello una inmensa tarea para un movimiento de apoyo que se concebiría ante todo como un recurso al servicio de la lucha y no sólo como investido de una misión de protección esperando que las cosas cambien sobre el terreno. Porque un verdadero movimiento de apoyo puede ser un factor que incluya en el cambio posible, sin decidir en lugar de los palestinos ni pretender saber mejor que ellos lo que hay que hacer, sino como una contribución que ayude a los palestinos a poder realmente «elegir las armas». Es movimiento afirmaría que su responsabilidad inmediata es levantar el cerco de la ocupación y del bloqueo que asfixian a los palestinos en su vida cotidiana y en su acción para cambiar el futuro.
Evidentemente, la campaña de BDS [boicot, desinversión y sanciones a Israel] es un medio privilegiado para aislar a Israel y hacer evolucionar la relación de fuerzas que todavía hoy sigue siendo tan desfavorable a los palestinos.
Además, se deberían tomar iniciativas que contribuyan a dar el máximo de margen de acción a todos aquellos y aquellas que no abandonan y que no aceptan estar bajo la tutela de los gobiernos y de las ONG que imponen unas condiciones políticas a su «ayuda».
Se deberían consagrar todos los medios de la solidaridad a iniciativas que fomenten la acción colectiva, que preserven la autonomía de acción de resistencia popular y la independencia política de aquellas personas que participan en ella. Los campos son diversos, como el apoyo a iniciativas que contribuyen a la independencia económica (cooperativas de producción), el desarrollo de iniciativas sociales y culturales (bibliotecas, ayuda financieras para estudios…), la defensa de los derechos de las mujeres, la ayuda indirecta a todas las formas de resistencia, etc.
3) El imperialismo manifiesta su voluntad de acabar con la cuestión palestina y quiere infligir una derrota política fundamental que se traduzca en la erradicación, cuanto menos durante un largo periodo, de toda ambición colectiva de liberación y de satisfacción de los derechos fundamentales. La actualidad de este objetivo se explica por medio del hecho de que su realización condiciona el relanzamiento del plan estadounidense del Gran Oriente Medio. No es una condición única, pero es una condición sine qua non. Esto es lo que explica la presión que Washington ha ejercido sobre Abbas para que la OLP acepte reiniciar las negociaciones bilaterales con el gobierno israelí, aunque éste no haya aceptado en absoluto «la condición» de detener la colonización. Hoy es cosa hecha y se nos anuncia la celebración inminente de reuniones en las altas esferas.
Es difícil prever el futuro de esta nueva secuencia de negociaciones que tanto puede fracasar rápidamente como inaugurar una nueva serie de encuentros destinados a cloroformizar toda veleidad de verdadera resistencia, sobre todo en relación al bloqueo de Gaza. Tampoco se puede excluir la hipótesis de un intento de paso por la fuerza con el objetivo de imponer una capitulación rápida de los palestinos antes de que el aval de Abbas haya perdido todo interés.
Para que el movimiento sea capaz de afrontar esta situación y sus posibles bifurcaciones, para no ser manipulados otra vez, con más es razón necesario consolidar las bases del apoyo a largo plazo y también clarificar algunas cuestiones actuales.
Por ahora, algunas clarificaciones necesarias:
1. BDS
La campaña de BDS puede ser un buen vehículo para ayudarnos a estar al lado de los palestinos que resisten. Pero no una campaña de BDS a la que se ha cambiado la imagen y vaciado de su contenido de liberación nacional para convertirse en un simple instrumento de presión sobre los gobiernos occidentales, una nueva herramienta al servicio de los ilusionistas que están dispuestos a adherirse a «una solución» que no satisfaría las exigencias de los palestinos.
BDS no es sólo una sigla; no se puede hacer la campaña a la que nos llaman los iniciadores del llamamiento con unas organizaciones que están en contra de las exigencias globales del llamamiento y que nos proponen elegir lo que les conviene, incluso reemplazarla por otra cosa lo que no les conviene. Si en estas campañas se elimina la reivindicación del derecho al retorno de los refugiados a sus hogares, la existencia y las exigencias de los refugiados de 1948, etc., y si se presenta «el Estado palestino independiente al lado de Israel» en vez de la exigencia de autodeterminación de todo el pueblo palestino, esto querría decir que invocando razones de eficacia y de unidad se pone la acción al servicio de otros objetivos politicos que los fijados y recordados constantemente por los iniciadores de la campaña [1]
2. El bloqueo de Gaza.
El mensaje enviado por los autores del bloqueo es nítido. Para los habitantes de Gaza es una miseria cada vez mayor: ¡os negáis a someteros, tendréis el estómago vacío! También es recordarles que en cualquier momento es posible desencadenar el terror. El mensaje para todos los palestinos es: ¡mirad Gaza, es lo que os espera si os obstináis en querer permanecer en esta tierra de Palestina! La muerte lenta esperando un nuevo episodio de Nakba.
Evidentemente, es un bloqueo criminal. Pero no se trata, no más que para el Muro o las colonias, de una cuestión de derechos humanos sino de un episodio particularmente violento de la ofensiva contra un pueblo que lucha por su liberación nacional.
De ello resulta que la reivindicación debe ser levantar el bloqueo inmediatamente y sin condiciones, con libre acceso tanto de entrada como de salida, tanto del lado de Israel como del de Egipto y también por la costa, sin control ni de los israelíes ni de una fuerza internacional. Porque la exigencia de que se levante el bloqueo es una exigencia política: los palestinos de Gaza tienen derecho a vivir libres de la ocupación y tienen el derecho de disponer de sí mismos. Si se reconocen estos derechos, como los de todos los palestinos, ya no habrá problemas de alimentación o de penuria de medicamentos en Gaza que no es un territorio subdesarrollado y sin recursos.
Si bien la batalla contra el bloqueo concierne al primer jefe Israel, no habría que descuidar la cuestión de la responsabilidad de Egipto. La profunda interacción entre las luchas populares de la región, especialmente en Egipto, y la causa palestina, el hecho de que en Oriente Medio no se pueda desarrollar ningún movimiento progresista sin vincularse a la causa palestina impone a cambio que un movimiento de solidaridad con los palestinos contra el bloqueo de Gaza no puede respetar la política de Mubarak y debe vincularse a los militantes egipcios.
La cuestión del libre acceso también es fundamental.
¿Acaso aceptaremos mañana la realización de la propuesta del Parlamento Europeo que reclama un control de los puntos de paso y una fuerza internacional para vigilar la costa? [2]
Evidentemente que no porque, por una parte, se impone aquí la reivindicación de soberanía y, por otra, no consideramos que los palestinos sean incapaces de defenderse.
Esta exigencia se debe aplicar a los «barcos de la libertad» y sus organizadores deben rechazar de antemano todo control, en la salida o en cada posible etapa. A su llegada a Gaza, los palestinos son los únicos deben estar en condiciones de controlar lo que se les lleva.
Una vez más hay que preguntarse por el objetivo de todas las acciones contra el bloqueo. ¿Su finalidad es llegar a Gaza («romper el bloqueo») o construir una relación de fuerzas que permita exigir el levantamiento incondicional del bloqueo? ¿Por qué la reivindicación de «denunciar y romper el bloqueo israelí contra Gaza» y no la del levantamiento inmediato y sin condiciones del bloqueo? ¿El asedio es sólo israelí? Y, ¿cómo criticamos este atentado contra la soberanía si aceptamos que se controlen los barcos? ¿Queremos demostrar que «sólo somos activistas humanitarios»?
3. La actitud respecto a la Autoridad Palestina (AP) de Abbas y Fayyad
«Los palestinos y sus aliados deben centrarse claramente en la verdad simple de que quienes continúan coordinándose con las fuerzas de ocupación israelíes para acosar a los palestinos por la noche no pueden ponerse el traje de la resistencia popular de día» [3]
Ningún comité, ningún colectivo realmente comprometido con la defensa de la causa palestina debería aceptar entrevistarse aquí [fuera de Palestina] con representantes de la AP, empezando por aquellos y aquellas que no son sino los agentes diplomáticos y los «ministros» a sueldo de Abbas y de Fayyad, y que, por consiguiente, no «representan» en absoluto a los palestinos que no les han elegido. En Cisjordania y en Jerusalén ninguna delegación debería aceptar entrevistarse con ellos por las mismas razones.
Si se trata de acontecimientos públicos no organizados por la AP (como una conferencia a iniciativa de un comité popular), toda delegación debería dejar clara su negativa a colaborar con los «representantes» no legítimos y su voluntad de trabajar directamente con las organizaciones populares. Además, esto será una ayuda para los palestinos que a veces se ven obligados a aceptar una forma de tutela, sobre todo por razones económicas.
4) Apoyar las acciones de resistencia popular sin imponer a los palestinos las formas de resistencia: la cuestión de la no violencia
No se trata aquí de considerar la estrategia de la no violencia y de su posible pertinencia en el caso de la lucha de los palestinos contra la ocupación israelí. Esta cuestión se deberá discutir seriamente en el seno del movimiento de apoyo. Para preguntarnos sobre su eficacia, en el fondo, ¿que ha aportado la resistencia no violenta a los palestinos desde el abandono de hecho de las acciones armadas en Cisjordania y Gaza? ¿Ha retrocedido la ocupación, ha caído el muro, se ha levantado el bloqueo, se ha liberado a los presos? ¿Ha interrumpido el final de la lucha armada el ciclo de ocupación /anexión de tierras/expulsión?
Los trágicos acontecimientos de la Flotilla de la Libertad sin duda hubieran merecido más atención y habrá que volver sobre ello porque , ¿quién puede negar que el impacto de este acontecimiento tiene una correlación directa con los nueve militantes asesinados por el ejército israelí? Y, ¿por qué hubo nueve muertos en este barco y no en los otros?
Por consiguiente, habrá que realizar el debate, tanto más cuanto que se ven asomar unas nociones bastante extrañas: «Intifada ssin piedras», «Intifada blanca», etc.
El problema que se quiere plantear aquí es el siguiente: ¿Les corresponde a quienes afirman apoyar un movimiento de resistencia elegir la forma apropiada de resistencia? ¿Es conveniente condicionar su apoyo a la elección de la forma de resistencia elegida?. Durante años los dirigentes del movimiento de solidaridad han mantenido una cierta reserva.
Se notaba que algunos de ellos eran desfavorables a la lucha armada, pero parecía haberse establecido un consenso: un pueblo ocupado tiene derecho a resistir, a él le corresponde elegir los medios…A veces se expresaba la duda, pero en relación a la eficacia que se buscaba: ¿era la lucha armada el medio más adaptado en el caso de Palestina?
Parece que se haya pasado de un derecho reconocido a la condicionalidad. En adelante, para beneficiarse de la solidaridad hay que respetar una exigencia: resistir de manera exclusivamente no violenta. «Hace cinco años que os apoyamos. Y quiero decir que os apoyamos más que nunca. Y eso por al menos dos razones fundamentales. La primera se desprende del hecho de que si bien todo pueblo ocupado dispone del derecho absoluto a resistir, este derecho, aquí, vosotros lo ejercéis plenamente bajo una forma apropiada que llamáis “la resistencia popular no violenta” ». Son palabras de J.C. Lefort, expresándose en calidad de Presidente de la Association France-Palestine Solidarité (AFPS) en Bil’in durante la quinta conferencia en abril de 2010.
Que yo sepa es la primera vez que se afirma la desconexión entre el apoyo aportado y el derecho del pueblo ocupado a resistir. J.C. Lefort reconoce a los palestinos su «derecho absoluto a resistir» pero les dice que no es por esa razón por lo que les apoya. La razón del apoyo «se desprende del hecho de que el derecho a resistir se ejerce en una forma apropiada». El presidente de la AFPS considera que la no violencia es «la forma apropiada» y, por consiguiente, él apoya esta resistencia.
Además de la arrogancia manifestada por el turista occidental que va a Bil’in a pasar una jornada al año y da una lección a aquellas y aquellos que sufren cotidianamente, se debe constatar que J.C. Lefort, presidente de la AFPS, acaba de explicar a los habitantes de Bil’in que lo que justifica el apoyo no es el derecho a resistir sino sólo la elección de una modalidad de resistencia conforme a que J.C. Lefort considera «apropiado».
¿Y si Bil’in y los demás comités populares cambiaran y diversificaran sus formas de resistencia? ¿Y si decidieran utilizar de otra manera su «derecho absoluto a resistir», ¿serían abandonados a su suerte?
Y si mañana, al negar la capitulación de sus «representantes» autoproclamados y al negarse a ver liquidar sus derechos la juventud palestina se revuelve y se enfrenta al ejército de ocupación entroncando así con la experiencia de la primera Intifada, ¿se la apoya o se está con el ejército sionista y los policías de Dayton y de Fayyad que la reprimen?


[1] Cf. Pierre-Yves Salingue: «En défense de BDS».
[3] Ali Abunimah, «The PA's disingenuous boycott campaign », http://electronicintifada.net/v2/article11286.shtml.