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Desde este espacio los invitamos a pensar, tanto los acontecimientos políticos como las producciones filosóficas y espirituales de nuestro continente y del Mundo Islámico, más allá de los presupuestos ideológicos a partir de los cuales se construye "la realidad" desde los medios masivos de comunicación y de los que se nutren, también, las categorías de análisis de buena parte de la producción académica.

Esperamos sus aportes.


miércoles, diciembre 08, 2004

Sobre la difusión del Islam en Argentina




Una aproximación crítica a las tareas de difusión del Islam en el interior del país.


“Aquí, en la América de las múltiples razas,
estoy convencido de que se necesita
desesperadamente la religión islámica”.
Al Hayy Malik as-Shabazz (Malcolm X).


Las cifras aproximadas que las instituciones islámicas ofrecen sobre el número de musulmanes en la República Argentina dan cuenta de una comunidad de aproximadamente 250.000 personas. Sin embargo, quien haya tenido la posibilidad de recorrer diferentes provincias del país y de visitar distintos centros de reunión de los musulmanes argentinos, sabe perfectamente que la cifra real es escandalosamente inferior. La situación es de una gravedad tal que ninguna institución del interior del país consigue reunir, siquiera, cincuenta personas los días viernes para la oración comunitaria más importante de la semana.

Tanto el relativamente escaso número de musulmanes, como la intencionalmente exagerada cifra ofrecida por algunas instituciones islámicas, son problemáticas íntimamente relacionadas con la ausencia de estudios serios sobre las posibilidades de difundir el Islam en un país en el que conviven una gran variedad de formas de aprehender el mundo.

Nos proponemos, a continuación, sugerir algunos puntos sobre los cuales se ha de trabajar a la hora de pensar en el éxito de un programa sistemático de difusión del Islam (circunscribiéndonos al interior del país), concientes de que cada uno de éstos demandaría, debido a su importancia, un análisis y desarrollo más profundo y extenso; tarea que excede los marcos definido para este trabajo.


I _ La intencionada confusión entre “árabe” e “islámico”


“Un árabe no tiene superoridad sobre un no árabe; ni un blanco posee superioridad alguna sobre un negro, ni un negro sobre un blanco, exepto por su temor de Allah” - Profeta Muhammad (P.B.D.)

En las sucesivas oleadas migratorias que llegaron a Argentina entre fines del siglo XIX y las primeras décadas del XX, un número importante de inmigrantes arabo parlantes (procedentes, casi en su totalidad, de Siria y Líbano) arribaron a las costas de nuestro país escapando de las adversidades políticas y económicas que azotaban la región. En su mayoría se reconocían como musulmanes o como sirianos ortodoxos; y, en ambos casos, a poco de llegar se organizaron en instituciones de tipo confesionales. Así, las entidades islámicas más antiguas de nuestro país remontan sus orígenes a estas primeras comunidades formadas en su totalidad por inmigrantes árabes. El objetivo principal de las mismas no fue, por lo tanto, la difusión del mensaje en el nuevo país, sino solamente la organización institucional de los inmigrantes árabes- musulmanes . Este hecho se vio reforzado por la incorporación de ciertos prejuicios para con “lo nativo” que, fortalecidos por la ideología de la elite dirigente, se hicieron muy comunes entre los inmigrantes de la época, abriendo un abismo entre éstos y los pueblos originarios (tema que desarrollaremos más adelante).

Una vez organizadas las instituciones, y a medida que los primeros inmigrantes fueron muriendo, las sucesivas generaciones legitimaron su pertenencia a las mismas en función de la ascendencia, más allá, en muchos casos, del interés religioso; transformándose así en clubes árabes de tipo social (situaciones ejemplificadas con claridad en el caso de Rosario y Córdoba donde, los salones de las respectivas instituciones islámicas, se llegaron a utilizar para fiestas en las cuales el consumo de alcohol fue habitual).

A pesar del escaso interés de las instituciones por las tareas de difusión, no faltaron quienes, sin ser descendientes de árabes, se acercaron a las mismas por intereses diversos. Pero, en los casos en que se produjeron conversiones, no siempre los nuevos musulmanes fueron bien recibidos en las instituciones ya constituidas. Un ejemplo bastante común es el de aquellos que abrazaron el Islam gracias a la labor de peregrinos “tabligh”, quienes, una vez que el contingente abandonó el lugar, fueron ignorados por la entidad islámica oficial, cuando no desconocidos como correligionarios.

Más, si la perseverancia permitió al nuevo musulmán el ingreso a la institución, se hicieron evidentes formas de discriminación nuevamente relacionadas con la ascendencia del mismo. Esta situación se encuentra íntimamente relacionada con la distribución de los espacios de poder al interior de las entidades, preservando los ámbitos dirigenciales a árabes o a sus descendientes.

Este tipo de actitudes fortalecen la imagen del Islam como religión propia de determinados pueblos; como un elemento más del folklore árabe, tan exótico como sus bailes o sus comidas.

Como vemos, la confusión entre “árabe” y “musulmán” es apuntalada y explotada por las dirigencias (religiosas y políticas) de las instituciones islámicas oficialmente reconocidas, en pos del mantenimiento de espacios de poder y en detrimento de la difusión del Islam.


II_ El desconocimiento del legado cultural de los pueblos originarios

“Cada comunidad tiene un enviado. Cuando venga su enviado, se decidirá entre ellos con equidad y no serán tratados injustamente”.
Sagrado Corán (Sura 10, aleya 47).

Como adelantáramos en el apartado anterior, los primeros inmigrantes árabes-musulmanes hicieron suyos una serie de prejuicios, contra los pueblos originarios, que se encontraban presentes ya en la sociedad de la época.

La consolidación de Argentina como Estado-Nación, significó también el triunfo de una ideología en cuyos fundamentos se encontraba una valoración moral y cultural negativa del nativo. Los instrumentos de control ideológico del Estado (ejercito, policía, escuela e iglesia) se abocaron a la construcción de una sociedad en la cual estas ideas se hallaran internalizadas. Esto fue acompañado con una política orientada a fomentar la inmigración, fundada en la supuesta necesidad de repoblar el país, de eliminar lo americano de su naturaleza. El inmigrante se constituyó en la esperanza de la nación frente a la “vagancia” e “ineptitud” del nativo, porque “en América -diría Juan Bautista Alberdi- gobernar es poblar”.

Estas ideas, lejos de ser superadas con los años, se encuentran fuertemente arraigadas en la sociedad argentina. Los autores han podido estudiar personalmente el caso del pueblo coya que, en Salta y Jujuy (provincias del noroeste argentino), suma aproximadamente 300.000 almas. A pesar de la importante participación de esta comunidad en la vida social, económica y cultural de estas provincias, el termino “coya” es frecuentemente utilizado, por todas las clases sociales, como un adjetivo descalificativo asociado con lo tosco, lo sucio, lo ignorante, lo perezoso y lo primitivo.

Inmersos en esta sociedad, y en su lógica, las instituciones islámicas no han logrado trascender estos prejuicios. Esto es especialmente negativo para la difusión del Islam si consideramos que importantes contingentes de estas comunidades indígenas se establecieron en las periferias de las grandes ciudades engrosando las villas miserias o constituyendo nuevos barrios pobres. Estos sectores sociales han sido objeto de exitosas campañas evangelizadoras llevadas a cabo por diferentes ramas del cristianismo.

Sin embargo, lo que desde aquí se propone no es la realización de una tarea de similares características, sino la necesidad de estudiar y comprender otras formas de aprehender el mundo, tan antiguas como nuestra América. De este dialogo respetuoso (propio de quienes viven de acuerdo a leyes divinas) el Islam no puede más que favorecerse, como lo hizo al contacto con los diferentes pueblos y culturas que acabó por cobijar. “Nuestra fe será empobrecida si la proclamamos como la mejor ¡solamente porque ignoremos las restantes!”, sostuvo con acierto Roger Garaudy .

III_ La reticencia de proponer al Islam como alternativa política

“No opriman ni dejen que los opriman”, decía el Profeta Muhammad (P.B.) en la peregrinación de la despedida a la comunidad islámica, recordándole su misión justiciera y libertaria. Sin embargo, son pocos los que, en sociedades como las nuestras basadas en la opresión, se atreven a obedecer esta orden y este derecho.

Los conflictos sociales argentinos, que cobraron protagonismo internacional con las jornadas de lucha popular del 19, 20 y 21 de diciembre del 2001, no son sino consecuencias de un sistema fundado en la injusticia, y cuyo último capítulo, abierto el 24 de marzo de 1976, aun no se ha cerrado.

A diferencia de muchas organizaciones judías y cristianas, la participación de las instituciones islámicas en las luchas populares es nula; hecho que no hace sino ensanchar la brecha que, ante los ojos de la sociedad, separa al Islam de las necesidades propias de los pueblos latinoamericanos. Esta percepción errónea parece confirmarse cuando se observa, desde las entidades islámicas, manifestaciones de solidaridad para con causas como la palestina, la chechena, la bosnia o la kosovar; todas, desde luego, legítimas, pero “distantes” para la mayoría de los argentinos.

Ante el silencio de las instituciones (tanto sunnitas como shiítas) que en muchos casos se comportan como instrumentos de la política oficial del país que las financia (sea Arabia Saudita, Kuwait o Irán), se ha registrado en la provincia de Buenos Aires, Santa Fe y Rosario la participación activa, sobre todo de nuevos musulmanes, en las luchas sociales que se vienen llevando a cabo en Argentina. Aunque se tratan de acciones individuales, realizadas al margen de las instituciones islámicas, éstas se han mostrado sumamente útiles a la hora de crear nuevos espacios de difusión.

Pero, el factor que en mayor medida obstaculiza la participación de las comunidades islámicas en estos procesos libertarios, es la presencia de elementos reaccionarios en el discurso de buena parte de los musulmanes. En estos casos, la legítima lucha contra el sionismo degenera rápidamente en un feroz antijudaísmo, que no hace sino corroborar el planteo de quienes pretenden presentar al Islam como una religión marcada por la intolerancia y la irracionalidad. Para este sector de la comunidad islámica cualquier manifestación de lucha popular es “altamente sospechosa” en la medida en que se vincula a ciertos reclamos reivindicados por la izquierda (o lo que quiera que sea eso en nuestro país). Y ésta, sostienen, no es sino hija del judaísmo y de sus planes de dominación mundial. En la mayoría de los casos, este tipo de posturas, que desacreditan al Islam, son producto de la ignorancia y deberían ser combatidas por aquellas instituciones que, sin embargo, suelen promoverlas (generando entre sus miembros actitudes que lindan con la paranoia).


Hemos pretendido en estas pocas líneas esbozar algunos de los principales obstáculos a superar si se procura realizar con éxito una labor sistemática de difusión del Islam. Las tres problemáticas analizadas se encuentran presentes en el interior de las comunidades musulmanas de Argentina y, por eso mismo, son a nuestro entender, las que demandan un estudio más amplio orientado a la resolución de las mismas.


Prof. María Eugenia Gantus
Ángel Horacio Molina (Husain Ali)