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Desde este espacio los invitamos a pensar, tanto los acontecimientos políticos como las producciones filosóficas y espirituales de nuestro continente y del Mundo Islámico, más allá de los presupuestos ideológicos a partir de los cuales se construye "la realidad" desde los medios masivos de comunicación y de los que se nutren, también, las categorías de análisis de buena parte de la producción académica.

Esperamos sus aportes.


miércoles, diciembre 08, 2004

En el corazón del Islam


En el corazón del Islam





Tal vez apagues la antorcha de mi esperanza...
Tal vez me falte el beso de mi madre...
Tal vez un cobarde o un demente con pretensiones
de ser Dios falsifique mi historia...
Tal vez, para rodearme, muros y muros levantes...
Y tal vez contra viles visiones crucifiques mis días.
¡Enemigo del sol!
Mas no regatearé.
Hasta el último latido de mis venas...
Resistiré.
Samih Al Qassim.


“No habia lo que se llamaba palestinos. No fue como si hubiese un pueblo palestino y nosotros llegamos para arrojarlos de allí y sacarlos de su país. Los palestinos no existían”- repetía Golda Meir a quien quisiera escucharla allá por 1969 [1]. La escena concentraba y reproducía una serie de prejuicios políticamente construidos e instalados en la mentalidad occidental. Allí tenemos a la primer ministro de la “única democracia de Medio Oriente” sentada, serena, consciente del esfuerzo que demanda defender los valores occidentales en sus fronteras más peligrosas. La intelectualidad europea se deja seducir por todo lo que ve en ella como símbolo: una mujer fuerte, capaz de dirigir a su nación en las situaciones más críticas, representante además de las ideas “progresistas” hijas de los kibbutz de los primeros colonos [2] que se opone, en escencia, a aquella mujer sumisa, cubierta, oculta tras los velos de una cultura lo suficientemente incomprensible como para ser calificada de primitiva, medieval o bárbara.

Pero Occidente debe, además, velar por su consciencia, evitar que la misma se ensucie con la sangre de un pueblo oprimido; y por ello lo niega [3]. El palestino y su resistencia incomoda, perturba, molesta y de ahí que el conflicto nos sea presentado como “el problema palestino”.

Las expresiones populares de lucha (las dos Intifadas), las acciones armadas y la constante producción cultural de los legítimos dueños de la Palestina ocupada, explotan en el rostro de las sociedades “occidentales y libres” que con su indiferencia garantizan la impunidad del exterminio.

La experiencia de los años de resistencia orienta, gradualmente, al movimiento palestino hacia estructuras más dinámicas de acción y a discursos legitimadores fuertemente ligados a sus raíces culturales y religiosas. El Islam es ahora una alternativa política y de organización social basada en estrechos lazos de solidaridad. La idea de Nación Palestina, tal como fuera reivindicada en su momento por la OLP, es percibida como lo que siempre fue: un concepto importado desde Europa que se opone a la noción de Umma (comunidad islámica mundial), generador de falsas identidades y destructor de antiguas relaciones de hermandad.

Este proceso de toma de conciencia se cristalizó en la creciente legitimidad e influencia del shaij Ahmad Yasin, fundador y líder espiritual de Hamas (Movimiento de Resistencia Islámica). Este anciano, parapléjico y de voz débil, se ganó el respeto y la admiración incluso de sus adversarios políticos como Yasser Arafat [4].

El pensamiento de Ahmad Yasin se enmarca dentro de la línea propuesta por Sayyid Qutb, uno de los intelectuales más lucidos de la organización egipcia Hermandad Musulmana, quien sostuvo: “Mahoma tuvo la fuerza de suscitar un nacionalismo árabe tendiente a reagrupar las tribus árabes divididas por la vendetta y la guerra (...) pero Dios no quería reemplazar un tirano persa o bizantino por un déspota árabe. Ninguna otra soberanía que la de Dios, ninguna otra ley que la suya, ningún poder político de unos sobre otros ya que todo el poder es de Dios... ninguna otra ciudadanía que aquella de la fe islámica, según la cual el árabe, el persa, el bizantino, son iguales bajo la bandera de Dios. Este es el camino”[5].

Los años que Ahmad Yasin pasó en las prisiones israelíes no lograrían quebrantar su voluntad de lucha. Enfermo y desde la cárcel, insistirá en la necesidad de fortalecer la resistencia islámica a la ocupación. “Israel debe desaparecer completamente de la faz de la tierra –diría entonces- y de sus ruinas nacerá un Estado Islámico, de acuerdo con el deseo del Profeta”[6].

El asesinato del Shaij, llevado a cabo por el ejercito israelí el pasado 22 de marzo, es una muestra clara de lo que el estado sionista considera peligroso. Quien siga los acontecimientos de la región sabe perfectamente que la planificación de los ataques contra Israel no pasaba por la persona de Ahmad Yasin sino que se encontraba a cargo del ala militar del movimiento llamada Izzidin Al Qassam. Con la eliminación física del líder espiritual se intentó destruir al representante más reconocido del discurso legitimador de la resistencia islámica palestina. Las palabras de un anciano y parapléjico creyente parecen ser una amenaza mayor para Israel que los ataques suicidas de los que dice defenderse.

Sin embargo en las imágenes del cortejo fúnebre del Shaij podemos presentir ya el fracaso de la estrategia del opresor. La canonización popular del mártir parece tan inevitable como el aumento de las acciones contra el estado sionista. Detrás del humo que genera el fuego de los ataques israelíes se presiente un resplandor, una luz que, desde los orígenes de los tiempos, llega para iluminar el corazón del Islam.




Angel Horacio Molina.




Notas:

[1] Entrevista concedida al periódico Sunday Times el 15 de junio de 1969.

[2] El excelente libro del profesor israelí Benjamín Beit- Hallahmi titulado Israel Connection, Ediciones B, Barcelona, 1988; pone al descubierto las relaciones que Israel mantuvo siempre con las dictaduras del mundo. Poco importa que el gobierno se encuentre bajo la conducción del Partido Laborista o del Likud.

[3] Los indoamericanos sabemos bien como fue utilizada esta estrategia para exterminar gradualmente a nuestros hermanos de los pueblos originarios.

[4] Tal vez algún resabio de su juvenil proximidad a la organización egipcia de los Hermanos Musulmanes.

[5] Tomado de BRIEGER, P. Medio Oriente y la Guerra del Golfo; Ediciones Letra Buena, Argentina, 1991, pg. 21.

[6] De SOKOLOWICZ, J. Israelíes y Palestinos; Planeta, Bs.As.-, 1991,pg. 95.