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Desde este espacio los invitamos a pensar, tanto los acontecimientos políticos como las producciones filosóficas y espirituales de nuestro continente y del Mundo Islámico, más allá de los presupuestos ideológicos a partir de los cuales se construye "la realidad" desde los medios masivos de comunicación y de los que se nutren, también, las categorías de análisis de buena parte de la producción académica.

Esperamos sus aportes.


martes, julio 19, 2011

La violencia occidental - J. Lajo



Una visión indígena de la violencia occidental

Javier Lajo
Partimos por definir “la violencia” como la ruptura de un “orden” en general, cualquiera que este fuera, así fuera un “orden violento”, no discutimos aquí sobre la “justificación” de la violencia, sino solo acerca de su carácter o de su naturaleza. Tampoco podemos calificar la violencia como “culta” o “silvestre”, (o “salvaje” sin mayor diplomacia); sino está referida a una cultura específica que la juzga o califica, pues lo calificado como “salvaje” por un inglés-occidental, puede ser calificado de “cultísima” por un iroqués-amerindio, o viceversa.
Por otra parte la calificación de violencia “legítima” o “ilegítima”, que presenta Manuel Gutiérrez Estévez (MGE) nos va orientando en torno a una idea central, en donde son los seres humanos los que desarrollan un ORDEN LEGAL, desde donde se puede juzgar los hechos violentos “contra ese orden” y por tanto definir también el “estado legal” como un “estado-no-violento”, así sea que este “estado” de cosas encierre para los que lo viven –sean estas “mayoría” o “minoría”-, una violencia sistémica o estructural. Concluyamos que los llamados “ordenes legales” no son garantía de “ordenes no-violentos” y si más bien, pueden ser usados para esconderlos.
Veamos algunas fuentes occidentales que nos aclaran el asunto del “orden legal”. Fue Aristóteles el que atribuye al sofista Licofrón, la doctrina de que “la ley es una mera convención (syntheke) y una garantía de los derechos mutuos”, y afirma que en este caso la ley: “no estaría en condición de hacer a los ciudadanos buenos y justos”. Aunque podemos estar de acuerdo en que también los conceptos de “bueno” y “justo” son magníficamente relativos, pero estos no son nuestros puntos a analizar.
De hecho, existen otras culturas diferentes a la occidental y a la indígena-andina[1], pero aquí lo que trato es de comentar desde mi cultura, los alcances o conceptos de la cultura occidental sobre “la violencia”. Precisemos los “tipos” de violencia por los tipos de “orden” y reduzcámoslos a lo central. La idea de que la violencia es la negación de un “orden natural”, es la idea de violencia “contranatura”, como la idea de la violencia como negación del “orden humano”, sería una violencia “contrahumana”, así como existe una tercera violencia que sería la alteración del “orden divino”, a esta violencia se le ha llamado “pecado”[2]. Finalmente y para aplacar las conciencias, concluiremos que como todo “orden” es hecho o manipulado por los humanos[3], -hasta que no se demuestre lo contrario-, toda violencia anti-orden es una violencia contra-humana.
Ahora bien, en una cultura en donde existe una conciencia comunitaria, como en la indígena-andina, la ley humana sí que puede ser forjada por un “contrato social comunitario”; pero lo más probable es que en una cultura de individuos, en donde pre-existe el individualismo y la megalomanía, cada humano, quiera tener “su” orden, frente a lo cual no queda sino la guerra total para definir no “la fuerza de la ley”, sino la “ley del más fuerte”, pues se sobreentiende que el mas fuerte va a imponer “su ley” por la fuerza, o por la fuerza de la “razón” que da lo mismo. Este es el origen simple de la violencia en occidente, en el plano humano.
En el plano religioso o divino, la violencia tiene un origen más preciso aun, pues está referido a la ruptura del ORDEN DIVINO. En un mundo donde cada pueblo, y hasta cada individuo, tiene “acceso a la verdad”, y por ende cada pueblo tiene su Dios o Dioses, estamos otra vez entrampados, porque, ante la pregunta de ¿Qué Dios, o cuál Dios?, volvemos al campo de la guerra, esta vez “santa”, como regulador de los más fuertes. Y precisamente la hegemonía y gran eficacia para el dominio del mundo, de la cultura o “civilización occidental” está referida a su culto del Dios monoteico, que es la fuerza de su “razón” fundamental, por lo que líneas abajo explicaremos, por el momento diremos que este Dios ejerce de antemano y por principio teológico, una “violencia genética” sobre sus feligreses. Esta sería una “violencia de origen”, o “pecado original”, con el que “todos nacemos” o “violencia inexorable” o “inevitable”, a pesar de que “es aplicada” a seres que nacen a la existencia o peor aún, que será aplicada a los que recién vendrán, es decir a los “no nacidos”. Todo esto nos lleva a pensar que el “orden divino”, es en realidad un “desorden anticipado”, o “violencia gratuita” del Dios monoteico. Ese Dios que dice “Yo soy el que soy” y cuyos seguidores proclaman que es el “Dios único y verdadero”, y que ejerce una violencia [4] anticipada contra su creatura o ser humano occidental. Con mucha razón Yves Guillemot dice que:
“La especificidad de la cultura occidental europea, a diferencia de culturas que han existido en el pasado y que tenían una posición hegemónica o de dominación, es que aquella no puede vivir con “diferentes” y tiene por tanto que excluirlas, es decir destruirlas, en un proceso de violencia sistemática, que comienza con la dominación militar, continua con la explotación económica, esto es el parasitismo simple (proceso que Samir Amín ha llamado “intercambio desigual”) en lo que podríamos llamar la “fagocitación” de las economías del “tercer mundo”, y finalmente la “deglución” plena, esto es el “metabolizar” a culturas y pueblos enteros, es decir el canibalizarlas en el pleno sentido de la palabra. De aquí deviene el mito del “homus vampiro”. Pero también el pensamiento auto-crítico hacia occidente, como el de T. Hobbes que señala el carácter predador del humano occidental en su principio de “el hombre es el lobo del hombre” y de J.J. Rousseau con “el hombre nace bueno, la sociedad lo corrompe”, yo corrijo: “...El sistema o estructura de la sociedad occidental, lo corrompe”,(Guillemot: 2004)
T. Hobbes, en el “Leviatán” (1651), ha definido la Paz como la cesación del estado de guerra, o sea como la cesación del conflicto universal entre los hombres; por tanto, como “lo normal” es la guerra[5], hay que “esforzarse por la Paz” que es “ley fundamental de naturaleza”. Aquí lo “normal” en el ser humano, no es “ley natural”, sino es esfuerzo por romper su “normalidad” que es la guerra, “el conflicto universal entre los hombres” y que, cada quien esté dispuesto a hacer cesación de su derecho, cuando los demás estén también dispuestos a hacerlo, en una cesión general de derechos llamado “contrato social”. En toda la filosofía occidental, el ser humano, no está con la naturaleza, no pertenece al orden de “lo natural”. Kant, en “La Paz Perpetua” (1790), dice que “Todos los hombres que pueden afectarse recíprocamente deben estar dentro de la jurisdicción de alguna institución civil” , puesto que aun si sólo uno disfrutase de su facultad natural, retornaría la guerra. Es decir consideró que como el “estado de Paz” entre los hombres no es un estado “de naturaleza”, hay por lo tanto que estatuirla o instituirla, es decir, que para conseguir “la Paz”, es necesario conquistar un estado “legal”. Así, Hobbes y Spinoza (1,670), pusieron la doctrina del contrato social en defensa del poder absoluto. Aunque también, filósofos occidentales como Marx y Sorel, han exaltado la violencia como una forma de romper los estados de sometimiento del ser humano por estructuras, oligarquías o clases sociales explotadoras.
El “orden”, es pues siempre “humano”, así sea de un sector, clase, elite, o individuo, y así, estos se escuden detrás de un aparente “orden natural o divino”, es finalmente un “orden humano”. Y todo orden a su vez, es una relación cualquiera entre dos o más objetos, relación que se pueda expresar mediante una regla o ley.
Así fue que en occidente en la Edad Media en Europa, se fue imponiendo en espacios geográficos cada vez mas “hemisféricos” y por la fuerza de las armas la doctrina del “origen divino”, del Estado y en general de toda “comunidad civil”. Y aquí hay que ser más preciso: el origen del Estado y de todo “orden humano”, en Europa occidental se fue imponiendo basado en la creencia en “un solo Dios verdadero”, a sangre y fuego. Es decir con la violencia mas “virtuosa” y feroz.
La doctrina del “contractualismo” vuelve a surgir en la edad moderna y resulta un poderoso instrumento para la lucha por los derechos humanos, pues cundían los tiranos que hacían de las suyas “en nombre de Dios y del Papa”. La “reforma” libra a los feligreses de la “intermediación” clerical y los ponen en “contacto directo” con su Dios monoteico y con la posibilidad de saber que “no toda autoridad está amparada por el poder divino”, es así que “en nombre de Dios” también se puede luchar contra los tiranos. Los calvinistas publican en 1579 en Ginebra las “Vindiciae contra Tyrannos”, retoman la doctrina del contrato para reivindicar el derecho del pueblo para rebelarse –es decir violentar el orden- contra todo rey o Estado “tirano”, cuando estos no cumplan las obligaciones del “contrato originario”. Posteriormente Locke, Hume, Rousseau, Kant, Hegel y muchos otros desarrollan el fundamento de la moderna democracia, con el derecho constitucional y el concepto del Estado-república , que funda en occidente la “pax-republicana”. Que no es hasta ahora “tan pax” que digamos. Y si no preguntémosles a Bush, o a Putín.
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Hasta aquí he desarrollado solamente los argumentos para decir que el occidente europeo, es tan violento como cualquier sociedad humana, y tal vez ha sido la cultura más violenta, tanto así, que se ha impuesto por el fenómeno llamado “colonialismo”, desde el siglo XIV en adelante, matando en pocos años en África, Asia, Oceanía y América a mucho mas de la mitad de la población mundial que existía en 1492. Lo que sería interesante es descubrir el porqué de tanta ferocidad y crueldad de las llamadas “conquistas” europeas, ya que la “violencia” solo ha sido un instrumento mas de colonización, como pudo también ser el comercio o por último: la amistad. La ferocidad y crueldad europea es algo solo comparable con su complejidad de pensamiento.
El concepto de violencia, pienso que en todas las culturas es el mismo, tiene la misma valoración y es condición previa a la “contractualidad humana”, en donde se depositan todas las creencias, religiones, fes, filosofías, doctrinas, etc, etc como contenidos y condiciones de contractualidad; si el pacto es verbal o escrito o simbolizado de alguna forma, es lo de menos, la violencia como “los pactos” humanos son, salvando diferencias menores, los mismos en todo el planeta, esto sin cargo a que alguna de “las partes” del “contrato” se salga, por algún diverso motivo, de lo pactado y genere un “transito violento” hasta otro “momento de paz” es decir, de “no violencia”. Respondida la primera pregunta que formula MGE, entonces, no cabe creo la segunda pregunta al final de su primer extenso párrafo: ¿Podemos hablar –en general-de las culturas amerindias como culturas violentas?, más bien se podría reformular y generalizarla así: ¿ Cuál cultura es más o menos violenta que cuál?
Con estas reflexiones, lo único que quiero es dejar visible lo que, considero yo, preocupa verdaderamente a MGE, en su artículo, que no es tanto la “violencia” de las culturas amerindias, sino la presunta “crueldad” que manifiestan en sus “costumbres silvestres”, como las describe extensamente en sus ejemplos sobre los indígenas amerindios. De lo contrario se dedicaría a comparar conceptos mas “equitativos”, tal como dice otro occidental como Tzvetan Todorov en su célebre obra “La Conquista de América, la Cuestión del Otro”: “...Cabría hablar aquí de sociedades con sacrificio y sociedades con matanza, cuyos representantes serían, respectivamente, los aztecas y los españoles del siglo XVI”. (Todorov: 1987)
¿No será que MGE sigue cargando inconsciente esa gran culpa histórica del colonialismo?, esa que persigue a los europeos que tratan de justificar atrocidades pasadas y que les enfervorizan los sentimientos de “inferioridad-superioridad” del que se sabe pertenecer a una cultura que ha cometido un mega-crimen histórico[6] de espanto, del que sabe o sospecha que su cultura posee “esa infinita pasión homicida”. Como dice Todorov: “Si alguna vez se ha aplicado con precisión a un caso la palabra genocidio, es a éste. Me parece que es un récord, no sólo en términos relativos (una destrucción del orden de 90% y más), sino también absolutos, puestos que hablamos de una disminución de la población estimada en 70 millones de seres humanos. Ninguna de las grandes matanzas del siglo XX puede compararse con esta hecatombe. (Todorov:1987: 144). Para usar las palabras, y la “lógica” de MGE, en su frase con que finaliza el texto aquí comentado: Esta sí que fue una violencia que tuvo un “contrario” y un “mega-objeto” muy concreto, una violencia nada “ubicua”. Pero, ¿Acaso esa violencia ya paso?, para Yves Guillemot[7] (2004), sigue siendo, y seguirá esa violencia, hasta que el occidental no acabe con “ese otro” que lo mira desde la ausencia de su propia imagen en el “espejo del vampiro”. Es decir hasta que no convierta a todos los indígenas en “sujetos individuales”. Y como bien dice: Hasta ahora en los Andes se habla indistintamente de “cristianos” como sinónimo de “humanos”, como el occidental no alcanza a distinguir “humanos” dentro de “el espejo andino”, o no ve “individuos” en las comunidades andinas, esto lo lleva a continuar su labor “cristianizadora” o de convertir a los andinos comuneros en individuos occidentales.
¿Acaso con Sepúlveda y en su célebre “discurso de Valladolid”, se puede encontrar la justificación a tanta masacre?. Él plantea las “razones” de la justa guerra, o de la justa “matanza”, que después y hasta la actualidad se sigue manifestado como la guerra de las “justas razones”. Veamos, si no seguimos esgrimiendo la misma guerra de razones, que intentan volver legítimo el “orden” de ese Dios de las “culturas monoteístas del mediterráneo” que dice “Yo soy el que soy”, y que parece replicar “¿...Y ? ”:
1. Es legítimo dominar por la fuerza de las armas a los hombres cuya condición natural es tal que deberían obedecer a otros, si rechazan dicha obediencia y no queda ningún otro recurso.
2. Es legítimo desterrar el abominable crimen que consiste en comer carne humana, que es una ofensa particular a la naturaleza, y poner fin al culto de los demonios, el cual, más que cualquier otra cosa, provoca la ira de Dios, con el monstruoso rito del sacrificio humano.
3. Es legítimo salvar de los graves peligros a los innumerables mortales inocentes que esos bárbaros inmolaban todos los años, apaciguando a sus dioses con corazones humanos. La guerra contra los infieles se justifica porque abre el camino para la propagación de la religión cristiana y facilita la tarea de los misioneros.
Raras estas razones, sobre todo la última de “salvar a los innumerables mortales inocentes” de los “sacrificios humanos”, cuando los “conquistadores” mataron directa o indirectamente 70 millones de indígenas solo en América[8], cuando la población mundial no pasaba de los 400 millones. ¿Qué clase de chiste cruel era este el del Dr. Ginés de Sepúlveda?. Podemos suponer que eso de “facilitar la tarea de los misioneros”, esta referido a que es mas fácil “adoctrinar” al escaso 10% de los aterrados sobrevivientes, que a todos los millones de muertos en tamaña “guerra justa”[9].
Y dice Todorov sobre la “leyenda negra”: “Lo negro está ahí, aunque no haya leyenda. No es que los españoles sean peores que otros colonizadores: ocurre simplemente que fueron ellos los que entonces ocuparon América, y que ningún otro colonizador tuvo la oportunidad, ni antes ni después, de hacer morir a tanta gente al mismo tiempo”. (Todorov: 1987:144).
¿Se ha preguntado el lector sobre las razones o motivos que tuvieron los españoles y europeos en general para hacer las barbaridades, de matar a millones de nuestros antepasados?, ¿Hay alguna respuesta o explicación de la crueldad desmedida, que tuvieron cuando invadieron América?. Estas llagas, no se han cerrado, es más, están aun sangrado y esperando que las sociedades indígenas tengan algún poder económico con el que financiar sus denuncias “holocáusticas”. Tal como también esta aun el amnésico trauma que insensibiliza y anestesia a nuestras mayorías indígenas y que no nos permite aun, por el daño que nos pudiera ocasionar, sentir la inmensidad del dolor acumulado y embalsado en estos últimos 500 años. Veamos algunos otros “recuerdos”, que no son mitos, leyendas o “relatos fantásticos”, son testimonios de europeos:
Y ahora un relato de Las Casas, que no figura en la Relación, sino en su Historia de las Indias, y que refiere un hecho del que no sólo fue testigo, sino participante: la matanza de Caonao, en Cuba, perpetrada por la tropa de Narváez, a la que está adscrito en calidad de capellán. El episodio empieza con una circunstancia fortuita: “El día que los españoles llegaron al pueblo, en la mañana parándose a almorzar en un arroyo seco, aunque algunos charquillos tenía de agua, el cual estaba lleno de piedras amoladeras, y antójaseles a todos de afilar en ellas sus espadas”. Al llegar a la aldea después de ese almuerzo campestre, a los españoles se les ocurre una nueva idea: comprobar si las espadas están tan afiladas como parece. “Súbitamente sacó un español su espada, en quien se creyó que se le revistió el diablo, y luego todos ciento sus espadas, y comienzan a desbarrigar y acuchillar y matar de aquellas ovejas y corderos, hombres y mujeres, niños y viejos, que estaban sentados, descuidados, mirando las yeguas y los españoles, pasmados, y dentro de dos credos no queda hombre vivo de todos cuantos allí estaban. Entran en la gran casa, que junto estaba, por que a la puerta de ella esto pasaba, y comienzan lo mismo a matar a cuchilladas y estocadas cuantos allí hallaron, que iba el arroyo de la sangre como si hubieran muerto muchas vacas”. Las Casas no encuentra ninguna explicación para estos hechos, a no ser el deseo de comprobar que las espadas estaban bien afiladas. “Ver las heridas que muchos tenían de los muertos, y otros que aún no habían expirado, fue una cosa de grima y espanto, que como el diablo, que los guiaba, les deparó aquellas piedras de amolar, en que afilaron las espadas aquel día de mañana en el arroyo donde almorzaron, dondequiera que daban el golpe, en aquellos cuerpos desnudos, en cueros y delicados, abrían por medio todo el hombre de una cuchillada”. (Todorov: 1987:151)
El tiempo pasa, pero las costumbres permanecen: es lo que se desprende de la carta que le escribe Fray Jerónimo de San Miguel al rey, el 20 de agosto de 1550: “A unos [indios] los han quemado vivos, a otros los han con muy grande crueldad cortado manos, narices, lenguas y otros miembros, aperreado indios y destetado mujeres...”. (Todorov:1987:151).
Y ahora un relato de Diego de Landa, Obispo de Yucatán, que no está especialmente a favor de los indios: Y dice este Diego de Landa que él vio un gran árbol cerca del pueblo en el cual un capitán ahorcó muchas mujeres indias en sus ramas y de los pies de ellas a los niños, sus hijos...Hicieron [en los indios]cosas inauditas [pues les] cortaron narices, brazos y piernas, y a las mujeres los pechos, y las echaban en lagunas hondas con calabazas atadas a los pies; daban estocadas a los niños porque no andaban tanto como las madres, y si los llevaban en colleras y enfermaban, o no andaban tanto como los otros, les cortaban la cabeza por no pararse a soltarlos. (Todorov: 1987: 154).
Analizar las causas de la violencia no es una buena forma de analizar lo principal de la cuestión de la crueldad y el deseo de asesinar a tantos humanos, esto que debe pertenecer al dominio de la criminalística, debe también tener su punto de inicio en “lo ontológico” y en el nacimiento de la cultura occidental, porque como bien dice Todorov:
Las Casas no encuentra ninguna explicación para estos hechos, a no ser el deseo de comprobar que las espadas estaban bien afiladas”.
Y sigue su reflexión:
¿Cuáles son las motivaciones inmediatas que llevan a los españoles a adoptar esta actitud? Una es, indiscutiblemente, el deseo de hacerse rico, muy rico, y con rapidez, lo cual implica que se descuide el bienestar, o incluso la vida del otro: se tortura para arrancar el secreto del escondite de los tesoros; se explota para obtener beneficios. Los autores de la época ya aducían esta razón como explicación principal de lo que había ocurrido; así por ejemplo, Motolinía: “Si alguno preguntase qué ha sido la causa de tantos males, yo diría que la codicia, [...] por poner en el cofre unas barras de oro para no sé quién” , y Las Casas: “No digo que [ los españoles] los desean matar de directo, por odio que les tengan, sino que desean ser ricos y abundar en oro, que es su fin, con trabajos y sudor de los afligidos y angustiados indios” (Todorov:1987:154).
Las causas de tamaña crueldad y el deseo de matar a tanta gente, niños, mujeres y ancianos...¿Es un desvarío humano “colonialista”?, ¿Perdieron la cabeza colectivamente?. ¿La codicia?...o ¿Es una forma de locura?; No lo creo, debemos buscar las razones de esta barbarie en otras partes más profundas del ser, las debemos buscar más bien muy adentro de “las razones mismas”, en la “ontología” del ser occidental. Todorov nos da una guía cuando escribe:
¿Fue entonces una codicia vulgar lo que impulsó a Colón a hacer su viaje?. Basta con leer la totalidad de sus escritos para convencerse de que no es así. (Todorov: 1987:18). La victoria universal del cristianismo, éste es el móvil que anima a Colón, hombre profundamente piadoso (nunca viaja en domingo), que, por esta misma razón, se considera como elegido, como encargado de una misión divina, y que ve la intervención divina en todas partes, tanto en el movimiento de las olas como en el naufragio de su nave (¡en Nochebuena!), y agradece a Dios “por muchos milagros señalados que ha mostrado en el viaje” (Diario 15.3.1493). (Todorov:1987: 20)
Este es el motivo principal: Ellos “no encuentran a su Dios” en los indios “infieles”, por eso los matan, los despedazan y queman, con tamaña y “piadosa crueldad”, esta es una guerra santa de exterminio donde el oro conseguido, es apenas su “recompensa divina”. De hecho, muchos han matado cientos de “moros” por lo mismo y por menos aun. Pero ¿Qué significa esto en términos subjetivos?, ¿Qué pasa con el alma humana, o con su corazón, que pueden contentarse con tanta pasión homicida, sangre, dolor y crueldad?. O como refiere Todorov::
Una vez más, podríamos invocar algunos rasgos inmutables de la ‘naturaleza humana’, que el vocabulario psicoanalítico designa con términos tales como “agresividad”, “pulsión de muerte”, o incluso “pulsión de dominio” (Bemächtigungstrieb, instinct for mastry); también podríamos, por lo que se refiere a la crueldad, recordar diferentes características de otras culturas, incluso de la sociedad azteca en particular, sociedad que tiene la reputación de ser “cruel” y de no conceder gran importancia a la cantidad de las víctimas (¡o más bien de hacer víctimas, pero para su propia gloria!): según Durán, el rey Ahuízotl sacrificó en México a 80 400 personas, sólo para la inauguración del nuevo templo. También cabría sostener que cada pueblo, desde los orígenes hasta nuestros días, tiene sus víctimas y conoce la locura homicida, y preguntarse si no es ésa una característica de las sociedades de dominio masculino (puesto que son las únicas que conocemos) (Todorov:1987:155)
Pero, decir “que el hombre es así por naturaleza” es una evasión magnifica, es abdicar a la vida, y repetir, lo que algún nazi “silvestre”, dijo: “Viva la muerte”. Como bien dice Todorov: “El tiempo pasa, pero las costumbres permanecen...”. Las estimaciones más piadosas, dan la cifra de 1’500,000.00 de muertos por la “justicia infinita”, millón y medio de Iraquíes muertos como consecuencias de las sanciones de la ONU, y el Pentágono calculó que en el más reciente ataque a Irak morirían 10,000 personas, de los cuales la mitad, es decir 5,000 serían niños. La realidad ha superado estos cálculos. No vamos a dar cifras de lo ocurrido en Chechenia, en Cosovo, en Afganistán, etc, etc.
Esta es, estimado amigo MGE, la violencia relevante, la crueldad y la “infinita pasión homicida” cuyas causas debemos develar; porqué seguir hablando de “sacrificios humanos entre los amerindios” es irrelevante, tanto como seguir repitiendo las “razones de la guerra justa”, que es la matriz de las fuentes donde se comenzó a hablar del “canibalismo” o de los “sacrificios infantiles” y de los “come-niños”, para desprestigiar a cualquier oponente y aplicarle la “justicia infinita”.
A propósito del pretendido cuento de los “sacrificios humanos” en México y otras partes de América, ya en 1992, el ahora PhD alemán Peter Hassler, etnólogo y profesor principal de la universidad de Zurich, y su tesis doctoral “Menschenopfer bel Azteken?, Eine quellen und ideologiekritische Studie”, o “Sacrificios Humanos entre los Aztecas?. Un estudio de las fuentes y la ideología” (Hassler: 2004), ha demostrado con suficiencia lo absurdo que significan las acusaciones interesadas, fantasiosas y por demás mentirosas de los presuntos “sacrificios humanos” entre los aztecas. Para este investigador europeo, estas calumnias son parte de la propaganda de tipo bélico y político, a la manera nazi, tanto que termina así su texto:
“El 16 de septiembre de 1810 empezó a sonar la campana, iniciando la Independencia de México. Por eso pregunto a los Mexicanos, si después de 500 años de adoctrinamiento español, ¿no será ya tiempo de liberarse de los cuentos para niños sobre los sacrificios humanos y el canibalismo de sus antepasados que difundían los invasores españoles?”(Hasller: 2004: 57)
No trato en este, ni en ningún otro artículo, de asumir una actitud defensiva desde las culturas amerindias o indígena-andina y tratar de “lavarme las manos” con la “violencia homicida del ser humano” del de antes y del actual; se trata mas bien de usar las diferentes culturas como “espejo” de las otras, para tratar de ver en sus diferencias las causas y raíces de la crueldad y la locura que a veces ataca a los integrantes de una cultura cualquiera y nos atrapa en la vorágine de la muerte y la sangre de la guerra entre hermanos. Esto por supuesto no significa impunidad ante responsabilidades históricas de algunas culturas que han hecho y siguen haciendo daño a la humanidad con sus hegemonismos e imperialismos piratas y criminales, debemos develar sus causas y poner en evidencia sus patologías y justificaciones. Pero en este pleito, de “echarse la culpa mutuamente” entre hermanos, como en todo orden de cosas, los amerindios reclamamos una “paridad” de condiciones al debatir: Todos debemos estar en el mismo plano; aunque como sabemos bien esto es injusto contra los amerindios, pero por lo menos en una justa competencia se debe dejar que todos salgamos del mismo punto de partida.
Lo que habría que analizar y profundamente es precisamente lo que reclama MGE, en su segundo párrafo en cuanto que deben ser los contenidos culturales de lo que simbolizan los “relatos cosmogónicos y en los rituales que (sería lo que) mantiene o reproduce” ese “orden”, y como es que son capaces de reproducir los patrones que provocan los estados alterados de los humanos que asumen la violencia extrema o la crueldad homicida en contra de personas o instituciones, como algo normal y hasta placentero.
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No es cierto. O , en todo caso, no estamos de acuerdo con MGE cuando califica a los combates rituales del TINKUY andino (Langui y Layo, provincias altas del Cusco, en Perú), como “los únicos sacrificios (humanos) que permanecen”, pues no lo son; pero usando su misma “lógica” y haciéndonos cómplices de su locuacidad, podemos afirmar, que en todo caso “no son los únicos”; ¿y qué de los 1’500,000 de Iraquíes muertos en lo que va de la intervención de la ONU en la Mesopotamia?, o de los 15, 000 destrozados, aplastados y muertos por los bombardeos más recientes sobre Bagdad?; o para estar un poco más actualizados [10], ¿Qué hay de los niños muertos en los recientes sucesos en Rusia tras el asalto de la soldadesca de Putín a los secuestradores chechenos?; y qué de los cientos de inocentes muertos en el atentado ferrocarrilero en el centro de Madrid?; siguiendo los argumentos de MGE, ¿Son o no son “sacrificios humanos”?.
Ante la bestialidad y la ausencia de humanidad en estos “sacrificios” masivos, la muerte accidental de algún comunero “Kórilazo” en un festivo combate pactado en las alturas del Cusco, queda pues, ¿por qué no decirlo así?: COMO UN JUEGO DE NIÑOS. Pero, ¿no será un juego de niños?; pues para una mentalidad europea moderna, el desarrollo o evolución del “intelecto” de la humanidad “debe pasar por tres estados” (referencia a Augusto Comte, en Hassler: 2004:12),siendo el primero un estado “Teológico”, luego el “Metafísico” y finalmente el “Positivo”; proceso paulatino del niño-adolescente-adulto respectivamente, es decir para un erudito europeo occidental, el “intelecto” de nuestra cultura andina, de hecho, no debió pasar sino de una etapa infantil, y por ende (sumándole a esto toda la regresión que pudo ocasionar la colonización) los actuales luchadores del “Chiaraje” para los “cultos” europeos, deben pues tener “una estructura psíquica reducida a la categoría de bebes de pecho”. Pero por otro lado, no es precisamente esta –la del Chiaraje cusqueño-, una manera muy “erudita y culta” que digamos para describir, analizar o caracterizar lo que otros occidentales llaman “la milenaria doctrina tradicional del sacrificio” (Hassler: 2004: 15-16).
Según la cita anterior “sacrificio” deviene de “sacre” que significa “sagrado” y “facere”, que significa “hacer” , es decir “hacer sagrado” o sacralizar algo. Entonces el sacrificio humano pretende “restablecer en el hombre la norma tradicional por la cual es restaurado en su estado primordial... o sea, reproduce bajo la forma de símbolo, el sacrificio operado en el principio de los tiempos”. Y cuál es ese “sacrificio operado en el principio”?: Suponemos que Kronos dando muerte a su padre Saturno para crear el tiempo y posibilitar que sus hermanos vivan. O también en la religiosidad cristiana, en el origen de “su era”, el “sacrificio de Cristo”, que es de donde nace la eucaristía [11] de los cristianos, que si seguimos fieles a la letra podríamos decir que es un aliento y culto al vampirismo y al canibalismo. O tal vez, como lo hemos reseñado en el texto titulado “Qhapaq Kuna” (Lajo, 2002, párrafos: 86, 87 y 88) esto del sacrificio primigenio, lo explica la moderna disciplina del psicoanálisis que habla del “sacrificio del padre de la horda” como una forma de “recuperación de los hermanos” del derecho a existir, frente a un padre propietario, omnipotente y todopoderoso. Pero, toda esta racionalización del “sacrificio” ¿Cómo nos puede ayudar a encontrar las causas de esa locura humana que se llama “guerra santa” o guerra común, o “bombardeos quirúrgicos”, o “bombas inteligentes”, o simplemente “homicidios individuales o masivos”?.
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Yendo al grano, el llamado principio de la “identidad” o de la “no contradicción”, señalado por MGE, y que es sin lugar a dudas el principio ontológico paradigmático o “ley fundamental del pensamiento” occidental, fundamentado por Aristóteles, bajo el principio de que “nada puede ser y no ser al mismo tiempo”, además de ser el principio de “identidad”, es el fundamento de la “filosofía primera” o “principio ontológico” de occidente, y finalmente como dice MGE esta “míticamente personalizada ...en el Dios que dice de sí: Soy el que soy”. Creo que no está demás fundamentar y explicar críticamente y en forma resumida este concepto o “axioma” occidental, que por su misma definición nosotros le podemos llamar “EL PRINCIPIO Y FUNDAMENTO DE LA INTOLERANCIA Y DE LA EXCLUSIÓN” y por tanto como la “razón” o causa general de la actitud sistemática y culturalmente violenta de la cultura occidental.
La propuesta de Aristóteles no solo se cierra en sí misma y excluye todo lo demás, como “una oposición que por sí misma excluye una vía intermedia”, sino que además , afirma la existencia de “una sola sustancia o esencia sustancial” y elimina la posibilidad de la existencia de “otra sustancia”, al afirmar que en una contradicción “no pueden las partes contradictorias ser “ni ambas verdaderas” (que es el principio de contradicción), “ni ambas pueden ser falsas” (que es el principio del tercero excluido). Es decir estas son las bases de la lógica occidental, que parten de una exclusión primordial, que se convierte, para nosotros, los no-occidentales, en el principio de la violencia genética y sistémica de la civilización occidental. Estos principios “lógicos”, dan fundamento a lo que en occidente se llama “EL SER”, que es una concepción simple de un cosmos , imaginado como IMPAR , que excluye terminantemente LA PARIDAD como ontología y como método. Es por tanto una concepción intolerante y violenta contra lo que se considera “OTRO SER”, o simplemente “OTRO”, que en nuestro texto “Qhapaq Kuna” le hemos llamado “EL PAR”.
Esta “racionalidad”, tal vez fue “necesaria” en la humanidad auroral de occidente, en Grecia cuando había que aislar lo fundamental de lo accesorio en el pensamiento humano, y así, tal vez poder ordenar el desarrollo de las “ideas sobre el mundo”, pero con el transcurrir del tiempo “se les paso la mano” y lo que solo les servia como “refugio teórico”, lo comenzaron a usar como “ratio”, “medida” o “molde” para tratar de sintetizar y reducir todo objeto o fenómeno. Estos fueron excesos, como cuando Leibniz utiliza el concepto de “mónada” para hacer pasar el principio de la no-contradicción al dominio de la lógica y por ende, de la matemática y considerarlos como fundamento de “todas las verdades” y por tanto de todo el edificio del conocimiento humano; y más tarde Kant en su “Crítica a la razón pura” cuando los considera: “principio general plenamente suficiente de todo conocimiento analítico” y una de las “leyes fundamentales del pensamiento”; y Gentile después, como la “ley fundamental del pensamiento”.
Claro que todo esto es consistente para el dominio de un modelo de “lógica de lo abstracto”, puesto que si todo parte de una categoría axiológica, es decir del axioma aristotélico del principio de la no-contradicción, pueden simples tautologías en el cálculo de las proposiciones, llegar a ser convertidas en “leyes”. Pero es en ese “tramo” o “ratio” cuantitativo donde se da el “dominio de occidente”, por cuanto, se posibilita, por ejemplo, que un genio como Hegel, encuentre la raíz de todo “movimiento y de toda la vida” en este principio de la no-contradicción y como fundamente de su dialéctica en esta “ley del entendimiento abstracto”, que él la traduce como “la razón especulativa” o como “raíz” de la dialéctica, resolviendo “lo demás” con el concepto de “identidad o unidad”. Es decir es la “misma serpiente que gira detrás de su cola” que en el idioma de mi pueblo llamamos “Ch’ulla”, por estar desprovista de pareja.
El principio ontológico de la no-contradicción, parte pues, de la “contradicción”, puesto que si hay no-contradicción es porque existe previamente la contradicción; es decir un PAR de antagónicos que luchan y en donde “no pueden ser ambos verdaderos, ni ambos falsos”, además de que “nada puede ser y no ser simultáneamente”, y como en términos ontológicos “lo falso” es lo que “no es”. Entonces, estas premisas parten de una PARIDAD, para inmediatamente después, anular o declarar a una de las partes: “falsa”, no existente, y a la otra auto-declararla “verdadera” o “existente”. Esto es una perfecta auto-complacencia. En realidad del principio de “tercero excluido”, este último es un principio del “SEGUNDO EXCLUIDO”. Es una “tautología negativa” si cabe el concepto; pero resulta contraproducente hablar de una contradicción de pares, para inmediatamente después anular (o deglutir) a una de ellas. Y este es el axioma imposible y caprichoso de Aristóteles; que Hegel “resuelve” con la categoría de “enajenación” y que los neoplatónicos antiguos y modernos llaman “emanación”, del que dice “yo soy el que soy...”.
Además, ante esta “unidad existente absoluta”, que permite “abstraer” el “ser como tal” de todas las determinaciones a las que está unido, (¡?) es decir, aquí no hay ni movimiento, ni tiempo, todo está “hecho” (como dice MGE), nada puede “hacerse”, a menos que, esta unidad que dice “Soy el que soy...” emane “una creación” a “imagen y semejanza”, rompiendo esa “unicidad del ser” y “cree” así “otra realidad”, una realidad “con tiempo y con movimiento”, los filósofos occidentales[12] a esta le han dado el nombre de realidad “inmanente”. Y queda la primera realidad del “Soy el que soy” como la “realidad trascendente”, o el “reino, que no es de este mundo”; una “primera” realidad que “emana” como “copia a imagen y semejanza” a una “segunda” realidad que “es emanada”. Esta es la base del platonismo y neo-platonismo en su plenitud, tal como lo analizamos en la Primera Parte de la Conferencia y libro titulado Qhapaq Kuna, al que ya nos referimos antes.
Pero además está el principio del “tercero excluido”, como criterio de una exclusión ontológica, es decir que “nada puede ser fuera de ese cuadro” en donde aparecen primero dos, para decir que uno existe y el otro no, y “todo lo demás es ilusión”[13]. Lo peligroso de esta “manera de pensar” occidental es que la tendencia general es confundir las “leyes de la abstracción”, con “las verdades del movimiento y de la vida”, y la “ley de la no-contradicción, con la UNIDAD absoluta, o IDENTIDAD EXCLUYENTE, y esta a su vez, con el Dios Único y Verdadero; y finalmente con El Estado, a la manera de Hegel. Y no solo es un peligro potencial, sino que así ha sucedido en la historia; se ha aplicado este reduccionismo filosófico a todo nivel, especialmente a nivel subjetivo, creando al “individuo”, y su “conciencia personal” estática y solitaria, que es la base psíquica de la filosofía occidental. Claro que esto es un resumen, pero no ha sido otra mi intención, ni otra mi posibilidad actual; pero habrá oportunidad de ampliar estas reflexiones “interculturales”.
Ahora sí, con la ayuda de las ideas que hemos intentado explicar, podemos responder a la pregunta de MGE ¿Por qué la “asimilación” construye “identidad” entre los amerindios?, la única lógica de los “pares” que constituyen una identidad es “incluyendo en afirmación de equilibrio” y no “excluyendo en una negación del Otro”, claro que el equilibrio culmina con un TINKUY, o mejor comienza con un TUPAY, que es el “choque de las energías o valores” de las dos partes que se “encuentran”, pero y aquí esta lo importante de la “lógica paritaria”: Existe la alternativa que en los andes se denominan “H’ampi – Laij’a” (Kreimer, 1999). La solución “H’ampi” es el equilibrio de los pares complementarios y proporcionales; pero también existe la alternativa “Laij’a”, que es el desequilibrio temporal (de los “Ch’ullas[14]), que es esa “deglución” de la que habla MGE, y que deviene del principio ontológico del “segundo y tercero excluidos”, del que hablábamos antes. Aunque en términos ontológicos, por mas depredadores o exterminadores que existan, nunca se da una “deglución completa”, porque la vida y la existencia es así: “es imposible desaparecer al contrario”, porque eso es acabar con la vida y la existencia, es acabar con todo. Entonces el “orden Laij’a” es decir la “solución impar” es siempre un “des-orden” de tránsito o de desequilibrio temporal. Entonces la “lógica” de la identidad de los “pares”, construye identidad asimilando al “otro” a un “sistema de equilibrio complementario y proporcional” (Lajo, 2002) en donde el respeto por el “otro diferente”, NO SOLO ES POSIBLE, SINO QUE ES IMPRESCINDIBLE. Ahora, si juzgamos esto según la “lógica” del “segundo y tercero excluidos” la única vía de entendimiento y solución que encontramos es “desaparecer al opuesto”, como dice MGE: comiéndoselo. Pero esta no es una solución ni costumbre, por lo menos “sana”, en el mundo indígena-andino.
Ahora bien, para tratar de llegar a un entendimiento de equilibrio, podemos, mejor utilizar el “concepto de estilos de civilización”, propuesto por MGE en anterior artículo y recurrir mas bien a señalar que es esta especie de “costumbre de pensar en tal o cual sentido”; un buen instrumento que hay que usar hasta que deje de servir, o encontremos mejores palabras o métodos para dialogar. Los occidentales, tienen la costumbre refleja y condicionada, de “pensar” las nociones, contenidos o significados, extensos y profundos, reduciéndolos finalmente a un “concepto unitario”, proceso o “manera de pensar” que llaman “razonamiento”, pues la “razón” o “logos” es finalmente el “Cristo” como: Sustancia y causa del mundo y “Persona Divina”. Esta para los andinos es una seria “anomalía identitaria” que la hemos llamado eventualmente “monomaniaca”. Esta costumbre occidental, es diferente del “estilo andino” que sintetiza o resume todo hasta llegar al “flujo Par” [15], como lo mínimo a que puede ser reducida “la realidad” a través de la abstracción, es decir a una “PARIDAD”[16], que el indígena-andino llama YANATIN, y que “no se puede racionalizar” o “razonar”, sino mas bien las “proporcionaliza” o simplemente las “proporciona”[17]. Pero, para entender esto tenemos que partir de conceptualizar que TODO no es TODO UNO, sino TODO DOS, que es la concepción por defecto[18], puesto que estamos usando las “intolerantes” reglas sintácticas, significantes y métodos del discurso occidental. Así pues, podemos estar de acuerdo con Carnap, cuando dice que en la lógica no existe moral y que cada uno es libre de construirse su propia lógica y su propio lenguaje como desee.
Aquí hemos llegado de nuevo a la necesidad de los contratos o convenciones, al principio de donde partimos, pero hemos reforzado la idea de que la tarea del filósofo “intercultural”, (propongo) no es establecer prohibiciones inútiles, a la larga, sino llegar a convenciones o “contratos”, entre los que queremos debatir interculturalmente y previamente desarrollar, lo más pronto, una declaración de los métodos y reglas sintácticas y significantes claves o paradigmas de nuestro discurso y lógica particular. Nada o todo vale entre nosotros antes de fijar reglas. Pero creo que de eso tratan estos primeros textos. Creo que, sin temor al ridículo, puedo afirmar que estos son los primeros diálogos interculturales, desde que Atahualpa y Pizarro dejaron de jugar al ajedrez para pasar a los temas teológicos que reclamaba Valverde y que definieron esa oscura y sombría “tarde aciaga de Cajamarca” con el magnicidio inútil y absurdo del Inka, con lo cual los españoles perdieron la posibilidad, hasta ahora, de “descubrir” y conocer a los Inkas.
Finalmente y para no dejar preguntas sin respuesta, diremos que en nuestra lógica y “pensamiento paritario” es cierto que los mundos amerindios y todos los mundos, están siempre “haciéndose y deshaciéndose”, por que como dice Guillemot (2004) “En este “cuadro indígena”, el “cuadro” occidental” del sujeto individual, es muy ajeno, por que este tiene “acceso a la verdad desde su perspectiva individual”, y con esto consigue “su sentido de posición” frente a la vida como “individuo estático”, quien desde este “poseer la verdad”, puede generar un sentido de su ubicación fuera del “flujo de la vida” y de las acciones que se desarrollan desde esta lógica de comprensión. Esta “comprensión” se encuentra aislada y con el sentido de su ubicación, él actúa para su propio interés en una lógica que “no cuida”, “no siente” a los otros, como tampoco a la naturaleza; y es aquí donde aparece la necesidad de una “ética” y un concepto de “verdad”. Es así como el individuo (occidental) pierde su brújula como “el sentido del justo” o el “camino de los Justos”, o en quechua el “Qhapaq Ñan”.
Pero siempre queda una opción y una esperanza con el que “ordenan”, “desenredan” o “curan” los “sanadores” o “médicos” andinos y que Kreimer (1,999) resume así: “Pero en ese ir y venir..., existe la posibilidad de un...orden cada vez más armonizante y recíproco, en sus términos,(el de los indígena) un orden Hampi . Este es, precisamente el sentido y la prerrogativa del “Tiempo”, porque si todo “estuviera hecho” no habría nada que hacer, no habría tiempo, o ¿Puede acaso, existir un tiempo sin hacer nada?.
* Respuesta y comentarios al texto: “Contiendas en algunos mitos y rituales amerindios”, sobre la violencia indígena; texto de Manuel Gutiérrez Estévez, profesor de la Universidad Complutense
* REFERENCIAS BOBLIOGRÁFICAS
Aristóteles, “La Política”. Editorial Peisa, Lima, 1985
Guillemot, Yvés, “Para leer el Qhapaq Kuna. ¿Un nuevo Paradigma?”. http/www.quechuanetwork.org En prensa, Lima, Perú. 2004.
Hobbes, Tomas, “Leviatán”. Editorial Fondo de Cultura Económica, México DF. 1989.
Kant, Inmanuel, “La Paz Perpetua”.Edit. Madrid, España.1933.
Abbagnano, Nícola, “Historia de la Filosofía”. Editorial Montaner y Simon S.A. Barcelona, 2da Edición.1964.
Abbagnano, Nícola, Diccionario de Filosofía. Editorial Fondo de Cultura Económica, México. 1974.
Strauss, Leo y Cropsey, Joseph (Compiladores), Historia de la Filosofía Política. Editorial, Fondo de Cultura Económica, México. 2000.
Lajo, Javier, “Qhapaq Kuna...más allá de la Civilización”. Editorial Grano de Arena. Cusco. 2002.
Todorov, Tzvetan, “La Conquista de América. La Cuestión del Otro”. Editorial Siglo XXI, Bogotá. 1987
Colombres, Adolfo, “A los 500 años del Choque de Dos Mundos”. Ediciones del Sol, BBAA. 1989.
Sejourne, Laurette, “Antiguas Culturas Precolombinas”. Edit. Siglo XXI, México. 1979.
Hassler, Peter, “Sacrificios Humanos entre los Aztecas?. Un estudio de las fuentes y la ideología”. Edit. C.R.E.T.A. Québec, Canadá. 2004.
Kreimer, Elizabeth, “El Espacio del Juego en el Encuentro Intercultural”. Versión extendida, y publicada de la presentada en el Congreso de Espiritualidad Nativa, Tarapoto, Perú, 1999


[1] Y aquí en mis textos me debo referir solamente a la cultura indígena-andina, que llego a su máxima expansión en el territorio del Tahuantinsuyu. Y aunque, las categorías culturales que defiendo, pueden, otros analistas, extenderlas a “todo” el continente amerindio, yo no sería tan entusiasta. Aunque el mismo M. Gutiérrez Estévez, en un anterior artículo engloba implícitamente a todas las culturas amerindias, dentro de las estructuras de pensamiento que he analizado en mi libro QHAPAQ KUNA (ver bibliografía), creo que por su carácter no-excluyente y no-homogeneizadora la cultura indígena andina no ha “metabolizado”, en su historia a las otras culturas amerindias. No podemos afirmar lo mismo para el caso de la cultura occidental, que si es excluyente y homogeneizante; por lo demás, ahora está tratando de “deglutirse” a todo el orbe en el proceso llamado “globalización.
[2] Y se debe destacar aquí el llamado “pecado original” de la religiosidad monoteica occidental, que sería una violencia con la que todos “nacemos”, “violencia inexorable” o “inevitable”. ¿Qué rara forma de pensar, no? Al nacer ya estamos violentando el “orden divino”, ¿ O lo divino esta violentando al recién nacido?.
[3] Hasta el orden cristiano fue hecho o re-hecho por un humano llamado Cristo. Si fue o no Dios, puede ser sujeto de discusión o manipulación, también humana.
[4] Dice la Biblia: “No penseis que he venido a poner paz en la tierra,; no vine a poner paz, sino espada...” (Mt 10, 34); y también: “...y el que no la tenga, venda su manto y compre una espada” , (Lucas 22, 36) y
[5] El filósofo Indú, Osho dice que el estado natural de occidente es la guerra y que cuando no están en guerra, es decir, cuando están en paz, en realidad están preparándose para la guerra.
[6] No desarrollaré aquí nada sobre la violencia contra la negritud, esto y lo de abajo sobre la violencia contra la mujer, sugiero que lo dejemos para que lo desarrolle un interlocutor negro y una interlocutora mujer. Es también aplastante la cifra de 100 millones de negros que fueron “sacados” cual si fueran bestias, de África y de los cuales “solo” llegaron veinte (20’000,000 millones a América (Colombres: 1989:25). Tampoco no diremos nada, porque sobran nuestras razones para explicar los cinco (5’000,000) millones de mujeres que en la misma Europa durante solo 300 años, la iglesia ejecutó en la llamada guerra contra las “brujas”.
[7] La explicación que nos da es esta: “El mito del “espejo del vampiro”, puede servirnos para entender rápidamente y en forma sucinta el trauma de los torturadores, y del porqué persisten en “continuar con la conquista”, es decir seguir con la tortura y el exterminio. El criollo o mestizo occidentalizado que usa al indígena para sus tropelías y desorden, trata de reflejarse en el indígena para mirar su propia humanidad, pero el hecho de que “no alcance” a verse, ni sentirse, por ese enigma del “espejo vacío” del vampiro, lo enfurece y lo lleva a intentar por la fuerza convertir a los indígenas en occidentales.” (Guillemot: 2004)
[8] Esta cifra que la hemos tomado de Todorov, coincide -millones mas, millones menos- con la calculada por la Escuela de Berkeley. (Colombres: 1989:15).
[9] Es la misma lógica y patrón cultural de George Bush cuando dice que su misión es “diseminar la libertad en el mundo”..., sembrando la muerte, como en Irak y Afganistán, y luego sembrando gobernantes títeres “libertarios” que impongan por la fuerza “la democracia” y la “libertad” occidentales.
[10] Sobre los datos de Acosta, sobre los abundantes niños “sacrificados en la coronación del Inka”, las autoridades eclesiales vienen anunciando un “glasnot” de la campaña mediática de estos “cronistas” en contra de los pueblos indígenas de América.
[11] El sentido de la “Última cena” en los orígenes del cristianismo. Evangelio de San Juan Cáp. VI, 53: “Si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tendréis la vida en vosotros”.
[12] Yves Gullemot escribe: “G. Agamben hace una separación muy interesante en la tradición filosófica occidental: para él hay dos corrientes, la corriente trascendentista que empieza con Platón, e incluye casi todos los filósofos como Descartes, Hegel, Kant hasta ahora Levinas, etc.. y la corriente inmanentista que incluye a Spinoza, Nietzsche, Bergson, Deleuze, Foucault etc. Entre las dos corrientes estaría Heidegger parado con un pie en cada corriente. En este dilema, me ubico firmemente del lado de los autores que cito acá, es claro que, para mí el inmanentismo en occidente, es la huella de lo comunitario, como intentos heroicos de pensar más acá del trascendentismo y de encontrar una solución de salida a la hegemonía del sujeto individual (vale la redundancia), que se refugia dentro de la trascendencia de un Dios y un tiempo ultraterreno, esto se puede estudiar especialmente en los trabajos de Nietzsche, Deleuze y Foucault. (Guillemot:2004).
[13] Para hacer referencia al campeón del violentismo peruano y mundial, que es el jefe senderista Abimael Guzmán Reynoso, cuya máxima es “salvo el poder, todo lo demás es ilusión”.
[14] “Chúlla”, es una palabra del idioma Puquina, cuyo significado más aparente del español es IMPAR.
[15] Esto de contraponer el significado de “flujo” al de “concepto”, no lo voy a desarrollar aquí, pero podemos apelar a su significado tradicional y común, dejando que el lector se forme con estos sus propios conceptos, por el momento.
[16] No uso el concepto de DUALIDAD porque no es lo mismo, siendo más preciso para la idea que queremos significar, el significante de PARIDAD. La paridad no es una suma de DOS UNOS. Pero si persistimos en usar el término “dualidad” y más aun la “lógica paritaria” con conceptos “monomaníacos” podemos ser calificados de AMBIVALENTES y hasta de “esquizofrénicos”.
[17] A esto me refiero cuando en el QHAPAQ KUNA, hablo de “proporcionalidad” y no así lo dicho por MGE en su anterior texto sobre “El estilo de civilización Amerindia”: “Según yo supongo, Lajo está pensando, bajo la palabra “proporcionalidad”, en los deberes sociales de reciprocidad y, quizá también, en las conocidas tesis de integración económica complementaria entre pisos ecológicos de diferente altitud”. Estas categorías económicas que han sido propuestas por John Murra y Tom Zuidema, reducen nuestra particular “lógica” a categorías economicistas, cuando en realidad son contenidos más profundos, de pensamiento, sabiduría, (o prestándose más significantes estrechos o “camisas de fuerza”) son categorías “filosóficas”.
[18] Una concepción por “exceso”, seria no usando el significante DUAL, para referirnos a nuestro concepto principal o significante, que es “EL PAR”. Es decir, el TODO ES PAR, por cuanto que el término y concepto de DUALIDAD, puede ser confundido con el de “unidad repetida”, cuando lo que se sostiene es precisamente lo contrario.


Fuente: http://alainet.org/active/7202&lang=es