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Desde este espacio los invitamos a pensar, tanto los acontecimientos políticos como las producciones filosóficas y espirituales de nuestro continente y del Mundo Islámico, más allá de los presupuestos ideológicos a partir de los cuales se construye "la realidad" desde los medios masivos de comunicación y de los que se nutren, también, las categorías de análisis de buena parte de la producción académica.

Esperamos sus aportes.


jueves, septiembre 16, 2010

Vientos de guerra




Vientos de guerra en tierra islámica

Lucas Paulinovich

Estados Unidos es el primer consumidor e importador de petróleo del mundo. Casi el 60% del petróleo crudo que utiliza y consume es de origen extraterritorial. Su vecino Canadá es el principal proveedor. Después le sigue Arabia Saudita. Importa también petróleo de Venezuela y México y también de Irak. Además importa de otros países del Golfo Pérsico y de Rusia y de Nigeria y Angola y Argelia. El gigante del Norte no tiene suficientes reservas para desarrollarse dentro de los marcos del capitalismo y las energías alternativas no son aún una opción demasiado viable. Estados Unidos depende del abastecimiento de los países productores y por eso busca desesperadamente controlar esa dependencia. Para evitar la justicia y salir favorecido en los intercambios, Washington promueve ‘procesos de estabilización’ en los países poco fiables y busca la conformación de regímenes amigos. Insolentes como Venezuela e Irán son espinas por demás molestas para el libre crecimiento de sus negocios.
El control hegemónico de Eurasia y el Oriente islámico se le comienza a dificultar con la presencia de actores con mayor peso específico y presencia territorial. Rusia suministra el 90% del gas y del petróleo que consume Europa Occidental. La mayoría de los hidrocarburos orientales circulan por conductos rusos y semejante privilegio le confiere una posición de protagonismo internacional. La afinidad rusa con gobiernos que no se declararon terminantemente en contra de Irán complica las negociaciones. Estados Unidos se inquieta por lograr presencia en Eurasia, pero las tensiones diplomáticas lo dejan como un actor de relevo. Esa situación, al furtivo depredador, le resulta intolerable.
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El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, integrado por los principales productores de armas y los más destacados promotores de la muerte, emitió una resolución que impone violentas restricciones a la República Islámica de Irán. Reproduciendo las mismas técnicas de bloqueo y aislamiento que relata la historia, Irán tiene impedido invertir en el exterior en ciertas ‘actividades sensibles’ y sus barcos deberán ser controlados en alta mar; tiene prohibida la venta de armamentos, evitando convertirse en una competencia de los jueces que lo sancionan, que son los principales vendedores. ‘Quienes consideren que a través de sanciones y otras medidas se acercarán más a controlar el programa, deberán asumir sus responsabilidades’, dijo Celso Amorim, canciller brasileño, que con su dialogo con Irán suma un inconveniente a la política de la Casa Blanca. La Unión Europea, sin embargo, haciendo nombre a su vieja amistad, salió a respaldar la sanción y aprobó por unanimidad otro paquete de restricciones. Ninguno de los países miembros puede invertir, exportar equipamiento o transferir tecnología en el sector de los hidrocarburos, en aquella tierra rebelde e intratable. Tampoco los aviones de carga iraní podrán aterrizar en aeropuertos europeos y las autoridades marítimas podrán realizar inspecciones de buques por la simple sospecha. Las filiales bancarias no pueden abrir sus puertas y se restringe el apoyo financiero a los clientes iraníes. La lista de empresas islámicas que no pueden operar en tierra europea, crece considerablemente. El islam es uno de los más grandes estorbos para el desarrollo norteamericano en la región. El proyecto de mundialización occidental tiene en él a su principal enemigo. Ante la imposibilidad de comprenderlo mediante sus propias categorías, occidente hace lo imposible para demostrar un enriquecimiento de uranio con fines bélicos del que no hay pruebas. La rebeldía islámica del gobierno iraní complica su política regional y dificulta su colonización definitiva. ‘El problema es sencillo y se plantea de esta manera: China es el fin, Israel es el medio y Oriente el obstáculo’, dice Edgardo Reyes, en un artículo de aporrea.org.
Irán es el centro de sospechas del mundo occidental. Las posibilidades de una guerra en su contra no son escasas y ciertos movimientos estratégicos de flotas norteamericanas e israelíes por sus costas parecen comprobarlo. ‘Si Obama ordena el ataque estaría ordenando instantáneamente la muerte de millones de personas, simultáneamente la conflagración estallaría en el cercano y el lejano Oriente y en toda Eurasia’, afirma Fidel Castro, uno de los más lúcidos analistas del asunto. Sabiendo de esas debilidades regionales, Estados Unidos pretende mantener buenas relaciones con Rusia, la potencia que pisa con más fuerza en la zona y comienza a desmarcarse de posiciones radicales antes sostenidas ante la ‘opinión pública’ mundial. Obama, intentando diferenciarse de la anterior administración, transformó el discurso de la Casa Blanca y comienza a levantar algunas críticas al gobierno israelí. El Jerusalém Post recogió unas declaraciones del ex embajador estadounidense en la ONU, John Bolton, que lamentaba que Obama no tome las medidas suficientes para detener el reactor que Irán desarrolla. Los sectores allegados al sionismo padecen la consideración democrática de Obama y esperan que se tomen decisiones terminantes para acabar con la amenaza islámica. La Casa Blanca, de todos modos, no despunta en medidas de respeto a la autodeterminación y no aborta su avanzada imperialista. En septiembre de 2009, los presidentes de Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia, en una declaración conjunta, denunciaron la existencia de una planta nuclear secreta en un búnker en medio de una montaña iraní. Nunca pudo comprobarse fehacientemente. Sobre las más de 300 armas nucleares que se cree que Israel le esconde al mundo nada dijeron ni preguntaron. Solo algunos rostros y algunas banderas levantan suspicacias.
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Con las pompas de la prensa occidental, Obama anunció la retirada de las tropas en Irak. Nadie creyó en la mentira y la farsa quedó al desnudo con el anuncio de la permanencia estratégica con unos 50.000 soldados preparados para operaciones contra-terroristas. Estados Unidos gusta de los eufemismos y las brigadas de combate ahora pasaron a llamarse brigadas de asistencia y asesoramiento. Estos escuadrones que duermen en las bases militares aún activas cada vez están más nutridos con la llegada de mercenarios, que ahora se llaman contratistas. El control de la zona y la permanencia militar es fundamental ante la inminencia de un conflicto con uno de los países más inoportunos de los últimos tiempos. Afganistán sigue siendo un foco de conflicto encendido. David McChrystal, general norteamericano, puso en duda las capacidades del ejército de su país para vencer en la guerra de Afganistán: sin permiso para críticas, inmediatamente fue removido de su puesto. El conflicto afgano está próximo a cumplir 10 años, en octubre de 2011: aún son más las preguntas que despierta que las respuestas que pueden concederse. La invasión y las matanzas se justificaban en la expulsión de las fuerzas del Talibán, sin embargo, paradoja demencial, las fuerzas de la OTAN pagan a los talibanes para no ser atacados. Con este pacto de armas, los invasores están subvencionando la resistencia de los invadidos.
Las fuerzas de los invasores llegaron para aumentar la producción y ampliar las exportaciones: Afganistán es el mayor productor de Heroína del planeta. Desde que los Estados Unidos y la OTAN lo invadieron, la producción creció escandalosamente: Afganistán produce hoy el 92% de la droga que destruye los cuerpos de millones de jóvenes y no tan jóvenes en todo el mundo.
El portal digital Wikileaks reveló archivos desclasificados en donde se comprobaban asesinatos de civiles sin ton ni son y ataques injustificados de las tropas invasoras. ‘Un gran número de incidentes hasta ahora desconocidos parece ser el resultado de soldados que abren fuego contra conductores desarmados o motociclistas, a causa de su determinación a protegerse de terroristas suicidas’ afirman los escalofriantes documentos. El complejo militar-industrial, devorador privado, representa el 50% del gasto en materia de defensa global. El dinero para financiar un objetivo político-bélico, se destina a las arcas de corporaciones privadas y militares que esperan hacer sus negocios con la sangre de los soldados. Von Clausewitz veía en la guerra una empresa política de alto vuelo que merecía los recursos y la atención de la nación que la lleva a cabo: ‘Constituye un acto de fuerza que se lleva a cabo para obligar al adversario a acatar nuestra voluntad’, definía el clásico teórico de la guerra.
-¿Es este el objetivo de la administración Obama o la guerra sigue siendo un gran negocio y es allí donde está la respuesta a la pregunta?- se interroga en su artículo de geopoliticaargentina.wordpress.com, Carlos Pereyra Mele. Lo peor de la guerra es cuando ésta ni siquiera es respaldada por objetivos políticos-militares, sino que tiene como fin el negocio privado: los muertos que dieron su vida, no tienen paz.
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Estados Unidos se pone a punto para un nuevo enfrentamiento y, previsor atacante, echa mano a todos los recursos que le permiten la impunidad necesaria. La Doctrina de Operaciones Nucleares Conjuntas, firmada en 2005 y que Obama dejó ilesa, define con claridad sus objetivos: asegurar a las amistades norteamericanas que cumplan los compromisos de seguridad; disuadir a los adversarios de realizar operaciones contrarias a los intereses estadounidenses o de sus aliados; atacar preventivamente a aquellos países que resultan una amenaza, derrotándolos rápidamente y aplicando sanciones que desbaraten su capacidad militar y su infraestructura. La desobediencia a los mandatos de autoridad no puede ser tolerada y necesitan de esas duras disciplinas. Estados Unidos es uno de los principales países que denuncian el peligro del desarrollo nuclear iraní: nubes de sospechas, el desarrollo nuclear con fines armamentísticos nunca fue debidamente comprobado y ya parece ser un subterfugio del nivel de las armas químicas iraquíes. Por las dudas, desde el 4 de febrero de 2006, el Organismo Internacional de Energía Atómica, ante las presiones occidentales, suspendió a Irán del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas: Estados Unidos es uno de los miembros permanentes de ese reducido grupo de gendarmes del mundo con poder de veto. El mismo Estados Unidos es el país que más desarrollo nuclear ha logrado: está primero en la lista de los ‘estados nuclearmente armados’, categoría que confiere internacionalmente el Tratado de No Proliferación Nuclear. En 1996 se suscribió el Tratado para la Prohibición de Pruebas Nucleares: en el 2010, ese tratado espera impaciente la ratificación de 44 naciones, Estados Unidos entre ellas.
Para regular la matanza, en su oficio de legislador de la muerte y fiscal del universo, en Washington se escribieron las singulares leyes de guerra. Esas líneas de fuego definen cuáles son las Guerras Justas y qué se permite hacer en ellas. Una de las reglas fundamentales que brillan en ese extraño reglamento es el Principio de Proporcionalidad. Provecho de sangre, esta consigna establece que las pérdidas de vidas civiles y el daño a la propiedad civil deben ser proporcionales a las ventajas militares directas que se esperan ganar. Las ganancias económicas y militares son el perfecto justificativo para el asesinato y la desolación de civiles inocentes que no tienen nada que ver. Discreción de mandamás, en esos reglamentos se amparan los Estados Unidos para erigirse en gendarme del mundo.
Ninguna legislación internacional prohíbe el uso de armamentos nucleares. De esa forma, el Departamento de Estado puede pasarse la vida amenazando con detonar sus bombas y encontrando excusas para invadir territorios. En caso que el presidente, en algún momento, decida hacer uso de sus fuerzas atómicas, la responsabilidad de su uso y de los daños colaterales provocados, queda en manos de los comandantes regionales, que no aseguran demasiada prudencia y conmiseración. El detonador que decide el futuro del mundo está en manos de unos cuantos generales bastante bravucones y prepotentes. El resto de los mortales, miramos suplicantes y con las manos vacías.