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Desde este espacio los invitamos a pensar, tanto los acontecimientos políticos como las producciones filosóficas y espirituales de nuestro continente y del Mundo Islámico, más allá de los presupuestos ideológicos a partir de los cuales se construye "la realidad" desde los medios masivos de comunicación y de los que se nutren, también, las categorías de análisis de buena parte de la producción académica.

Esperamos sus aportes.


domingo, julio 06, 2008

Bulldozer y resistencia



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Bulldozer y resistencia
El pasado miércoles dos de julio, los medios de comunicación del mundo entero se hicieron eco de la acción de un palestino en Jerusalén, quien tomó un bulldozer (una excavadora de ciento cincuenta toneladas) y arrasó con dos colectivos y varios autos particulares israelíes, causando cinco muertos y casi cincuenta heridos.
Como siempre, la noticia llegó diezmada, mutilada, descontextualizada, es decir, lo suficientemente manipulada como para seguir ofreciendo una imagen de la resistencia palestina que roza con lo demencial. En la realización de ciertas acciones reivindicativas, lo simbólico adquiere una especial relevancia en tanto las nutre de sentido ante quienes, en lo cotidiano de la opresión, comprenden el mensaje que excede enormemente a los resultados fácticos del evento.
En el acto que motiva estas líneas, lo relevante no radica en las bajas causadas al ocupante, tampoco en la muerte, como mártir, del hermano palestino; lo que constituye el símbolo más claro de resistencia es la utilización del bulldozer y la realización de la acción en el corazón de Jerusalén.
Lejos de ser una inocua herramienta de trabajo, las fuerzas israelíes han hecho de las excavadoras, armas implacables, tan características de la opresión en Palestina como lo fue el napalm en Vietnam o las cámaras de gas en la Alemania nazi.
La periodista israelí Tanya Reinhart en su libro Israel-Palestina: cómo acabar con el conflicto nos ha ofrecido una excelente y espeluznante semblanza de los equipos sionistas a cargo de las tareas relacionadas con las excavadoras. Transcribe, y nosotros las reproducimos a continuación, las palabras de un operario de las bulldozer, Moshe Nissim, quien describe su desempeño en la Masacre de Yenín en 2002: “Pasé tres días destruyendo sin tregua. La zona completa. Derribaba cualquier casa desde la que se abriera fuego. Y para derribarla me llevaba otras cuantas por delante. (…) Mucha gente seguía dentro de las casas que empezamos a derribar. Salían de allí mientras trabajábamos. Estoy seguro de que la gente murió dentro de las casas (…) me alegraba cada vez que tiraba una casa, porque sabía que a ellos (los palestinos) no les importaba morir, pero si les importaba sus hogares. Cuando derribas una casa entierras a cuarenta o cincuenta personas de distintas generaciones. Si algo lamento es no haber destruido el campo entero”.
Tal fue el papel táctico de estos equipos que la unidad de excavadoras recibió una condecoración militar por lo realizado en Yenín. El comandante Yehezkeli, al mando de esta unidad, sostuvo que: “Nuestro lugar en las operaciones militares ha cambiado: hoy no se concibe un solo ejercicio u operación militar sin una excavadora”.
El ataque palestino del dos de julio no se trata de una acción demencial “típica de la barbarie árabe”, por el contrario el hecho se inscribe entre los “atentados simbólicos” de mayor relevancia en los últimos años, haciendo que el oprimido tome el control de las armas del ocupante y traslade el sufrimiento cotidiano de los campos al corazón de la palestina ocupada, denunciando con sangre lo que se silencia impunemente. Por supuesto que este ataque no significará un cambio en la relación de fuerzas entre los palestinos y las fuerzas israelíes, pero sin dudas constituye un acto reivindicativo de enorme magnitud orientado a minar la moral del ocupante, destruyendo la soberbia de la brutalidad rutinizada.
Husain ‘Ali Molina