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Desde este espacio los invitamos a pensar, tanto los acontecimientos políticos como las producciones filosóficas y espirituales de nuestro continente y del Mundo Islámico, más allá de los presupuestos ideológicos a partir de los cuales se construye "la realidad" desde los medios masivos de comunicación y de los que se nutren, también, las categorías de análisis de buena parte de la producción académica.

Esperamos sus aportes.


martes, febrero 20, 2007

El temor de Santiago



El temor de Santiago: musulmanes en Chiapas


María Eugenia Gantus y Ángel Horacio Molina.


Cuando se trabaja la presencia del Islam en América Latina no son pocos los estudios que inician sus investigaciones con las inmigraciones provenientes de Medio Oriente hacia finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. Hacen referencia sobre todo a las formas institucionales de organización que se dieron los inmigrantes, limitando sus análisis a los contingentes árabes que se asentaron en nuestro suelo, fortaleciendo el generalizado error de confundir lo árabe con lo islámico, desconociendo el hecho de que en la totalidad de la población musulmana mundial los árabes no sobrepasan el veinte por ciento de la misma. Sin embargo, y dejando de lado la evidente presencia morisca en muchas expresiones del sentir popular en Latinoamérica, encontramos algunos antecedentes interesantes en la historia de nuestro continente donde grupos musulmanes organizados, religiosa y políticamente, se embarcaron en empresas fundamentalmente libertarias. En 1986, por ejemplo, el historiador José Reis rescató del olvido la rebelión ahogada en sangre en Salvador (capital del actual estado de Bahía en Brasil y centro de la cultura afro-brasileña) en enero de 1835. Comandada por esclavos musulmanes de habla yoruba, el levantamiento tenía como objetivo final la toma del poder y la fundación de un califato en el cual no habrían de someterse a la voluntad de los señores blancos, católicos y protestantes, a quienes consideraban culturalmente inferiores. El caso mencionado de lo malés (así se llamaba a estos musulmanes afro-brasileños) se suma a la importante y pocas veces mencionada presencia musulmana en regiones como Guyana y Surinam, producto igualmente de las corrientes esclavistas que provenían de África.

Este trabajo tiene como propósito aproximarnos a la experiencia llevada a cabo en Chiapas por otra comunidad musulmana, la de los Murabitum, recientemente establecida pero con profundas raíces también africanas, que, al estar conformada por una clara mayoría indígena, presenta algunos elementos originales que merecen ser analizados con mayor profundidad.

Los Murabitum

La palabra árabe muraabit deriva de una raíz que significa “vincular”, “atar”, “sujetar”, “prender” y “amarrar”; un morábito es por lo tanto un hombre sujeto, vinculado y amarrado a Dios. El concepto está íntimamente ligado a la historia marroquí y a ciertos aspectos particulares del Islam que allí se desarrolló. Recordemos que el primero y más grande de los imperios bereberes, el que fundó Marraquesh y conquistó Andalucía en el siglo XI fue de hecho el de Al Murabitum, el de “los morábitos”, conocido en castellano como el imperio almorávide.

El muraabit o murábito constituye el personaje central y el elemento característico del la sensibilidad islámica marroquí. Lejos de ser sólo un individuo piadoso, dedicado exclusivamente a la vida contemplativa, el murábito (especie de santo-guerrero) denuncia la corrupción y las injusticias de la sociedad en la que vive, al tiempo que propone una organización político-religiosa diferente.

Esta necesidad de plantear una alternativa política se encuentra presente también en el actual Movimiento Murabitum instalado en Chiapas desde 1995, año el que un grupo de musulmanes andaluces y mejicanos decidieron asentarse en la zona periférica de San Cristóbal de las Casas y crear el Centro de Desarrollo Social para Musulmanes.

La mayoría de las más de doscientas familias indígenas y mestizas que conforman la comunidad Murabitum pertenecen a aquellas que se encuentran en las colonias Nueva Esperanza, La Hormiga y Nueva Maravilla , entre otras, y que fueran expulsadas de los Altos de Chiapas por haber abandonado en su momento la religión católica por otras corrientes cristianas, ya sean presbiterianas, pentecostales o evangélicas. Un momento de suma importancia para la comunidad se produjo en 1997 cuando el antiguo portavoz de las familias expulsadas, vecino de La Hormiga y pastor de la Iglesia del Séptimo Día, el señor Domingo López Ángel, tras varios encuentros con los musulmanes decidió convertirse al Islam, alentando a sus familiares y antiguos representados a que tomaran el mismo camino. Es interesante mencionar en este punto que la curiosidad que generaba entre los pobladores locales la presencia de una comunidad musulmana en la zona se vio en aumento con los cada vez más agresivos ataques de los pastores protestantes hacia el Islam.

Otro elemento que permite explicar el acercamiento delos pobladores locales al Movimiento Murabitum es la organización comunitaria que el mismo propone, ofreciendo espacios de trabajo y formación como talleres de carpintería, de confección, de pintura en seda, panaderías, hasta un restaurante y una “madrasa” (escuela islámica), todo organizado a partir de lagunas premisas básicas resumidas en uno de los slogans del movimiento, que reza: “Un comercio sin usura, un gobierno sin estado, una sociedad sin empleados y un mercado sin monopolios”. El primero y el último de estos principios responden perfectamente a las disposiciones islámicas relacionadas con la economía; la referencia a “un gobierno sin estado” se entiende como un llamado a la conformación de unidades productivas relativamente pequeñas, autosustentables y de autogobierno; en tanto que la construcción de “una sociedad sin empleados” tiene sus raíces en la interpretación ciertamente ortodoxa de una tradición atribuida al Profeta del Islam, Muhammad (mal conocido como Mahoma) según la cual el trabajo asalariado es una forma de esclavitud.

Desde su establecimiento en Chiapas los Murabitum indígenas han participado incluso de la peregrinación a la ciudad de La Meca en Arabia Saudita, cumpliendo con una de las obligaciones más importante del musulmán, quien debe procurar visitar el templo de la Kaaba que allí se encuentra, aunque sea una vez en la vida.

El movimiento hizo llegar en 1995 una carta firmada por el Emir español Nafi’a (líder de los Murabitum chiapanecos) al Ejercito Zapatista de Liberación Nacional en la que llamaba a la unidad de estas organizaciones ya que, se sostenía en la misma, ambas luchaban contra el mismo enemigo, es decir el Estado, al que deberían eliminar junto con todas sus instituciones. La carta en cuestión giraba sobre nueve puntos a saber:

1) Otorgamiento de poder a la autoridad colectiva local y abandono de la autoridad estatal.
2) Abandono de la ley mercantil estatal y la definición de formas concretas de contratos justos.
3) Abandono del papel moneda e introducción de medios libres, flexibles y múltiples de cambio. Nuevamente se apela en este sentido a ciertas tradiciones islámicas según las cuales sólo a través del trueque se garantizaría un intercambio justo.
4) Abandono de la usura.
5) Creación de mercados libres y abandono de los mercados controlados y gravados con impuestos fiscales. La negativa en este punto al pago de los impuestos se entiende si lo que se busca, como ya dijéramos, es el debilitamiento y posterior desaparición del Estado.
6) Asociación de los productores y comerciantes en gremios y abandono del servilismo salarial.
7) Establecimiento de una red de representantes comerciales y el abandono de la intermediación de los bancos en el comercio.
8) Restauración del dominio económico de las mujeres, como administradoras naturales de los recursos familiares y colectivos, y abandono del servilismo al que la somete el modelo de sociedad Occidental.
9) Liquidación del Estado y abandono de sus instituciones. 

Detengámonos un momento en este último punto, pues plantea un tema que merece ser aclarado. El Islam no se ha opuesto jamás a la idea de Estado en si misma, de hecho el mismo Muhammad estuvo a la cabeza del primer Estado islámico en la ciudad de Medina en el siglo VII; pero considera al concepto de Estado-Nación como un producto de los nacionalismos europeos del siglo XIX diametralmente opuesto a la Ummah (comunidad de creyentes) que no reconoce división nacional alguna. Apelar a la liquidación del Estado significa proponer la destrucción del Estado Nación y las fronteras artificiales que el mismo impone. Un segundo momento, no explicitado, supone la integración a una unidad mayor de dimensiones globales, la Ummah en este caso.

Como vemos, el movimiento no se limita a proponer un cambio individual de índole espiritual, sino que, como lo hace en estos nueve puntos, explicita un ordenamiento político que, dice su líder, responde al que puede deducirse de las enseñanzas islámicas. Tampoco se trata de una comunidad islámica cerrada y desvinculada de la realidad social y política de la zona, como otras experiencias que hemos tenido la oportunidad de estudiar en nuestro país ( más precisamente en Mendoza y en San Martín de los Andes). Sin embargo, y esta es una cuestión preocupante, en el discurso murabitum no encontramos referencias a las ambiciones e intereses estadounidenses o a los procesos de dominación a los que se han visto sometido nuestros pueblos desde la llegada del español. Todo se agota en una mención a la complicidad del las diferentes ramas del cristianismo en la legitimación de la tarea del opresor de turno.




Pero este extraño silencio con respecto a la realidad internacional y a los intereses que en ella se imponen no es la única cuestión que debe ser estudiada con un detenimiento que excede el marco de esta ponencia, donde sólo nos limitaremos a proponer algunos elementos a tener en cuenta a la hora de intentar un análisis más exhaustivo del Movimiento Murabitum en Chiapas. Para indagar hasta qué punto los postulados murabitum se llevan a la práctica en el Centro por ellos dirigido nos atrevemos a proponer una serie de interrogantes como guías a próximas indagaciones:

1º)¿ Cuál es realmente el papel de las mujeres indígenas en la comunidad?
2º) ¿ Existe división de algún tipo entre las tareas encomendadas a los indígenas y mestizos y las reservadas a los europeos? Este no es un tema menor pues hemos visto que generalmente estos últimos suelen encargarse de la dirección intelectual dejando el trabajo físico a cargo de las comunidades locales.
3º) ¿Cómo se distribuye realmente el poder entre los musulmanes de la Comunidad y cuál es el papel del Emir Nafi’a en la toma de decisiones?
4º) ¿Cómo se lleva a cabo la tarea de difusión del Islam?, ¿sobre qué elementos de la teología islámica se hacen mayor hincapié?
5º) ¿Cómo relacionan el mensaje del Islam con la historia y las luchas indígenas y mestizas en Chiapas?

Las respuestas tentativas a las que hemos podido acceder son variadas y muchas veces contradictorias. El ángulo desde el cual se aborda la experiencia de los Murabitum se modifica según quién la presente. La verán con buenos ojos y acentuarán su carácter místico aquellas organizaciones relacionadas de alguna manera con el sufismo y las tareas de difusión del Islam. Una actitud más crítica tendrán las instituciones islámicas “ortodoxas” bajo la dirección en Latinoamérica de miembros de la comunidad árabe que ven con cierto temor el crecimiento de experiencias relacionadas con el Islam que no cuentan con el aval institucional de las organizaciones que dirigen.

Pero lo que nos llama la atención sobre el trabajo de los Murabitum es el especial encono que pudimos encontrar en los informes que sobre la misma difundieron los medios estadounidenses y aquellos vinculados con la Iglesia Católica. Estos últimos fueron los primeros en reaccionar recomendando la expulsión de los musulmanes españoles de Chiapas, a pesar de reconocer que su presencia en la zona no había alterado la convivencia entre las distintas confesiones.

Sin embargo, fue tras los atentados del 11 de septiembre en Nueva York, que la escalada mediática contra los Murabitum adquiere mayor fuerza. Algunos miembros del grupo hacen referencia a este episodio para explicar el silencio en relación a los Estados Unidos en su discurso, ya que intentan desvincularse así de movimientos como Al Qaeda. No resulta demasiado convincente este argumento, si tenemos en cuenta que durante los seis años anteriores al atentado de 2001 tampoco hallamos registros de una actitud diferente. A pesar de estos esfuerzos las acusaciones vinculándolos con la red Al Qaeda no tardaron en llegar. Los “informes” daban cuenta de ciertos contactos establecidos entre los Murabitum chiapanecos y organizaciones islámicas extremistas del norte de África, al tiempo que llamaban la atención sobre la peligrosidad que encerraba para los intereses “de Occidente” la posibilidad de una alianza entre el Ejército Zapatista y los Murabitum.

Hace dos años en el marco del IV Encuentro de Arte Creación e Identidad Cultural en América Latina, presentamos un trabajo en el cual intentábamos resaltar los aspectos discursivos del español en la conquista y colonización de América, que estaban relacionados directamente con los utilizados contra los musulmanes en el proceso de “Reconquista” de España. Hicimos mención en aquella oportunidad a la figura de Santiago Matamoros, santo protector de las tropas cristianas españolas en su avance contra el Islam, que en América habría de transformarse en Santiago Mataindios. El Movimiento Morabitum en Chiapas además de ser un tema interesante a trabajar presenta ciertos aspectos originales que lo destacan por encima de otras experiencias relacionadas con el Islam en América Latina, y ha despertado al mismo tiempo la hostilidad de sectores contrarios a todo proceso libertario de nuestros pueblos.

Parece que Santiago, Matamoros y Mataindios según la ocasión, ha comenzado a cabalgar inquieto ante la posibilidad de que sus víctimas se levanten en una sola voz, exigiendo justicia en el corazón de Lacandona.