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Desde este espacio los invitamos a pensar, tanto los acontecimientos políticos como las producciones filosóficas y espirituales de nuestro continente y del Mundo Islámico, más allá de los presupuestos ideológicos a partir de los cuales se construye "la realidad" desde los medios masivos de comunicación y de los que se nutren, también, las categorías de análisis de buena parte de la producción académica.

Esperamos sus aportes.


domingo, noviembre 28, 2010

Islam en Indonesia




Una democracia que se busca a sí misma

INDONESIA: MUSULMANES CONTRA ISLAMISTAS



A principios de octubre pasado, la policía indonesia mató a cinco presuntos miembros de una red terrorista en la isla de Sumatra. Aún cuando la amenaza islamista parece retroceder, Indonesia sigue siendo más conocida por sus atentados que por su elección presidencial mediante el sufragio universal.

“Los musulmanes deben obedecer las leyes del Islam”. Estas pocas palabras habrían podido hacer del joven Estado indonesio una república islámica. Sin embargo este artículo, inscripto en el preámbulo de la Constitución, fue eliminado in extremis el 18 de agosto de 1945, convirtiendo así a Indonesia en el Estado de la Pancasila, es decir, de los “cinco principios”: la creencia en un Dios único, el humanismo, la unidad nacional, la democracia y la justicia social. Un compromiso histórico entre secularismo e Islam.
“Indonesia es el asiento de un Islam moderado, sonriente”, asegura Syafii Anwar, director del Centro Internacional para el Islam y el Pluralismo de Yakarta (ICIP). “Es cierto –agrega– que a partir del 11 de septiembre de 2001 observamos una radicalización y un ascenso del conservadurismo. Incluso después de los atentados de Bali, en 2002 [que provocaron al menos doscientos muertos], fuimos señalados con el dedo por la comunidad internacional. Por eso mi trabajo es explicar que Islam y democracia son compatibles.”
La transición democrática del país se operó verdaderamente en 1998, al término de dos largos períodos autocráticos. El primero, bajo la férula del fundador y presidente Sukarno (1945-1967), tuvo que concertar con tres fuerzas: el nacionalismo, el Islam y el comunismo. El segundo, bajo la dictadura del General Suharto (1967-1998), fue lanzado al poder en nombre de la lucha contra la amenaza comunista. El país sigue marcado por los traumatismos causados por el régimen de Suharto, que provocó por lo menos quinientos mil muertos (1).


La religión como factor de identificación

Indonesia es hoy, según su número de habitantes, la tercera democracia del mundo. “Un hecho que los observadores occidentales tienden a callar”, se lamenta Anies Baswedan, rector de la Universidad Paramadina de Yakarta. “Les gusta definirnos como el país musulmán más grande. Nosotros decimos: ‘Somos una democracia’ y punto. Tenemos una prensa libre, una vida política rica, una sociedad civil muy dinámica. Hay corrupción, es verdad. Siempre la hubo. Nuestra economía resiste a la crisis mundial mejor que muchos de nuestros vecinos, y el país es más próspero hoy que hace diez años. [Indonesia resultó especialmente afectada por la crisis asiática de los años 1990].” Por supuesto, reconoce: “tenemos nuestros islamistas y nuestros integristas, pero han sido absorbidos en parte por el proceso político y democrático”.
El país cuenta con más de 240 millones de habitantes, de los cuales 200 millones son musulmanes, en su mayoría sunnitas (2). Dos tercios de la población viven en la isla de Java, en el corazón de Indonesia. Dos corrientes de pensamiento –el tradicionalista y el modernista– agrupan a la mayoría de los creyentes y encarnan dos organizaciones de masas que nacieron en Java mucho antes de la partida de los holandeses y de la independencia del país.
La corriente llamada “tradicionalista”, que contemporiza con las culturas y creencias anteriores, nació en 1926 y está representada por la Nahdlatul Ulama (NU). Reúne a cuarenta millones de creyentes, la mayoría habitantes de las zonas rurales. “En la NU no todos coinciden”, explica el escritor Endy Bayuni, ex director del Yakarta Post. “El movimiento tiene varios dirigentes, tan carismáticos como independientes, que se contradicen a menudo, incluso cuando el presidente ya se expresó sobre un tema.”
La segunda organización, calificada de “modernista”, cuenta con treinta millones de miembros. La Muhammadiyah, fundada en 1912, involucra sobre todo a las clases urbanas educadas. Allí se encuentran fundadores de escuelas, hospitales o universidades. “Nosotros nos basamos prioritariamente en el Corán, al igual que los salafistas, aunque nuestras conclusiones sean diferentes”, explica su secretario General, Abdul Muti. “Somos puritanos, pero tolerantes; nuestra referencia es Muhammad Abduh, no los Hermanos Musulmanes ni Maududi (3). Creemos profundamente en el intercambio entre las diferentes confesiones. En eso estamos más cerca de la NU que de los salafistas. Indonesia no es un Estado islámico: es un Estado secular. Y nosotros no estamos en Medio Oriente.”
Para Arifah Rahmawati, investigadora en la Universidad Gadjah Mada Yogyakarta, “la organización es como una familia”. Progresista tanto en su modo de vida como en sus ideas, Rahmawati vivió mucho tiempo sola en una casa de la que es propietaria, no cubre sus cabellos y bebe vino, y confiesa a riesgo “de irritar a su entorno”: “Aunque no comparto su filosofía puritana, siento sin embargo un profundo sentimiento de pertenencia a la familia Muhammadiyah”.
Su colega, el sociólogo Eric Hiariet, agrega: “Después de la etnia, la religión es el factor de identificación más fuerte. En Java, cuando uno conoce a alguien, le pregunta si es santri, es decir muy apegado al dogma, o abangan: no practicante. Si la persona se define como santri, la segunda pregunta será: ¿NU o Muhammadiyah?”
En el centro de la isla, la antigua ciudad de los sultanes de Yogyakarta es, junto con Solo (Surakarta), la cuna de los abangan, que reivindican los valores seculares y sincréticos propios de la cultura javanesa. En abril de 2010, el sultán Hamengkubuwono X festejó su aniversario número sesenta y cuatro, número mágico –por ser múltiplo de ocho–, que justificó celebraciones excepcionales.
En tanto gobernador de la región, el sultán ejerce poderes reales, pero también goza de un aura espiritual. Es “el eje del mundo”, en razón de su unión mística con el espíritu de la serpiente de los mares del sur. Las tradiciones de la región convergen en su palacio que es, a imagen suya, una mezcla de influencias hinduistas, búdicas, cristianas y musulmanas. Una asombrosa fusión de religiones y de culturas, aunque él mismo sea musulmán. Fue aquí, en Yogyakarta, donde se originó la Muhammadiyah como reacción a esos valores sincréticos. Ahmad Dahlan, su fundador, nació en el barrio musulmán detrás de este palacio.
A sesenta kilómetros de allí, en Solo, en el palacio del sultán, se vuelve a encontrar esta mezcla de culturas y de ritos. Hombres y mujeres, muchos de ellos jóvenes, se inician en rituales javaneses, como el arte de la recitación o la imposible práctica de la “caminata sentada” (mlampah dolok). Todos visten el jarik de batik tradicional anudado como una falda larga, combinado, para las mujeres, con un body de encaje y con tocados elaborados. Cuando la tarde comienza a caer, el llamado a la oración se eleva desde el Kawman, el barrio musulmán vecino, y se mezcla con la música del gamelan. Ese día, cuando cae la noche, doscientas personas se reúnen en los alrededores del palacio para asistir a una representación de teatro de sombras al aire libre. Solamente cuatro mujeres llevan puesto el pañuelo islámico.
El director de Relaciones Públicas de la Universidad Muhammadiyah en Solo, Toha Rubin, admira, al igual que la mayoría de los javaneses, los valores perpetuados por las antiguas cortes de Java: “Es una cuestión de tradiciones, del ejercicio condescendiente del poder y de la sabiduría heredada de los reinos antiguos. La Muhammadiyah debería abrirse más a esta herencia”.
En cuanto a la NU, nació en el este de la isla, en Jombang. Abdurrahman Wahid, apodado afectuosamente “Gus Dur”, líder histórico del movimiento y presidente de Indonesia de 1999 a 2000, está enterrado allí. Su modesta tumba atrae siempre a miles de indonesios que meditan en las inmediaciones de la escuela coránica (pesantren) fundada por su abuelo. La NU fue pionera del movimiento de educación coránica para todos y “Gus Dur” es calificado a menudo como “décimo santo”, en referencia a los nueve santos sufíes que trabajaron para la expansión del Islam en Java. “Gus Dur se sentía cerca de las creencias indígenas”, subraya Ahmad Suaedy, director del Wahid Institute de Yakarta, muy ligado a la NU. “Quería un Islam sustentado en sus numerosos orígenes. Nuestros imanes no son ayatolás. Ocupan empleos, hacen sus compras; la gente los consulta por cuestiones de cosechas, de dinero, para toda clase de problemas cotidianos. Todo esto es parte de una red religiosa y cultural informal.”
Tanto la NU como la Muhammadiyah han jugado desde el principio un papel importante en el desarrollo del país. Ahora decidieron concentrarse en las cuestiones sociales y religiosas y reducir su rol político (4). Las dos tienen numerosas ramificaciones (organismos estudiantiles, asociaciones), entre las cuales alguna como la Red del Islam Liberal (Jaringan Islam liberal, JIL) propicia ideas más progresistas. Tendencia que no deja de inquietar a los más viejos, contrariados por ver ideas “permisivas” profesadas en nombre del Islam. En una fatwa de 2005, el Majlis Ulama Indonesia (MUI), el consejo del culto indonesio, los condenó.
El clivaje se acentuó con el giro islámico iniciado por Indonesia en los años 1990, ante el afán de los musulmanes liberales de participar en el debate público en torno a las reformas nacionales de inspiración religiosa. La islamización había comenzado en los años 1980, bajo el régimen de Suharto. La tendencia se aceleró gracias al financiamiento proveniente de Medio Oriente, que permitió la construcción de muchas mezquitas. Los años 1990 conocieron la emergencia de una clase media musulmana en gran parte educada en los pesantren. Esta mutación se volvió flagrante con la aparición del pañuelo (jilbab), con el cual muchas mujeres se cubren ahora la cabeza, aunque no hay ni niqabs, ni burqas, ni vestidos negros, y son muy raros los vestidos blancos, signos de una extrema piedad. La mayoría de las organizaciones musulmanas preconizan el uso del pañuelo y rechazan el velo integral. Así, Abdul Muti estima que “ver la cara de las mujeres es importante para la comunicación en sociedad”. En los grandes centros urbanos, muchas de ellas continúan yendo con la cabeza descubierta, sobre todo en los barrios populares.


Las escuelas coránicas

Hiariej recuerda, sin embargo: “Cuando yo era estudiante, a principios de los años noventa, sólo una de cada sesenta jóvenes usaba la jilbab. Ahora es un producto de moda. En el campus, los jóvenes quieren hacer lo que hace todo el mundo, están abiertos a las nuevas tendencias, lo cual los conduce a veces a unirse a movimientos radicales”. Hizbut Tahrir Indonesia (HTI), fundado en 1998, es uno de estos grupos prosélitos. Esta red, que está muy organizada, trata de convencer a los jóvenes sobre la urgencia de volver al califato. Su portavoz, Ismail Yusanto, afirma condenar la violencia: “Indonesia no es una tierra de yihad”. Pero agrega enseguida: “En Irak, en Afganistán o en Palestina es diferente: la violencia no es allí terrorismo”, discurso que no deja de tener consecuencias sobre algunos jóvenes.
La mayoría de las escuelas coránicas, acusadas por los medios de fomentar el integrismo, pertenecen a la NU o a la Muhammadiyah. Los padres pagan para que sus hijos asistan –desde la escuela primaria y durante toda su escolaridad– a un doble curso académico y religioso. Quienes se diploman en la escuela secundaria pueden ir después a universidades musulmanas.
También existen algunas escuelas radicales –no muchas–. Entre ellas está Al-Mukmin de Ngruki, en la región de Solo. Allí estudió el despiadado imán Abu Bakar Bachir, jefe del Jamaat-e-Islami (partido adepto), quien ahora está en prisión, y sus compañeros yihadistas. El director del establecimiento, Ustadz Wahyuddin, expresándose en su nombre, no oculta sus objetivos: “Todo musulmán aspira a un Estado islámico. Nosotros queremos luchar por la sharia, no podemos esperar con los brazos cruzados. Este pesantren es la manera de propagar los nuevos valores de la ley coránica. Si uno o dos de nuestros estudiantes se volvieron radicales es porque fueron a Afganistán o a Pakistán y entraron en política”.


Complejo proceso democrático

Bachir, acusado de haber financiado un campo terrorista en Aceh, fue arrestado el 9 de agosto pasado por tercera vez desde los atentados de Bali. Inmediatamente después, las autoridades descubrieron otra red, dirigida por Dulmatin, uno de los terroristas más buscados de la región y principal sospechoso de los atentados de Bali. La policía lo mató, así como a siete de sus compañeros. También había derribado en 2009 a Noordin Top, un malasio considerado el cerebro de los atentados perpetrados en Yakarta en 2003, 2004 y 2009 y en Bali en 2005.
El gobierno, fortalecido por los éxitos obtenidos, no está lejos de concluir que las actividades terroristas están disminuyendo. El analista Sydney Jones, de la International Crisis Group, apunta que “divisiones sucesivas han debilitado a los grupos militantes compuestos por elementos locales, ideólogos y terroristas organizados en red entre Indonesia, Malasia y Filipinas. En Indonesia, el recurso a la violencia amenaza con hacer perder a Bachir la simpatía que su movimiento contra la democracia, el Jama’h Ansharut Tauhid (JAT), inspiraba a una parte de la población” (5).
Aunque la amenaza yihadista no parece totalmente descartada, la disminución de su intensidad es vivida como un alivio por la mayoría de las organizaciones musulmanas. Pero, a semejanza de muchos miembros de la Muhammadiyah, Abdul Muti se confiesa preocupado: “Algunos de los culpables provenían de los nuestros, y los radicales pueden infiltrarse de todas formas, ya que nosotros somos abiertos y por lo tanto vulnerables”.
En efecto, los grupos extremistas –en particular el Frente de defensa del Islam (FPI) y el Laskar Yihad– siguen perpetrando violencia contra las minorías religiosas. Desde principios de año, se contaron veintiocho ataques en el oeste de Java y en la región de Yakarta. La fecha del último fue el 12 de septiembre, cuando algunos cristianos fueron tomados como blancos en Bekasi. La secta de los Ahmadi, que algunos se niegan a considerar como musulmanes, fue objeto de una fatwa pronunciada por el consejo del culto musulmán el 9 de junio de 2008.
Paradojalmente el proceso de democratización llevado a cabo después de la caída del régimen de Suharto en 1998 abrió las puertas a fuertes reivindicaciones relacionadas con el rol del Islam en los asuntos públicos. En ese momento emergieron dos nuevas entidades políticas: el Partido de la Luna Creciente y de la Estrella (PBB) y el Partido de la Justicia y la Prosperidad (PKS). Habiendo fracasado múltiples tentativas para introducir la ley coránica a nivel nacional, los partidos integristas se precipitaron a través de la brecha abierta en 2000 con la promulgación de leyes de descentralización. A partir de entonces, pusieron sus esfuerzos en las colectividades territoriales con el fin de aplicar la sharia a nivel municipal o cantonal. Lograron que en cincuenta de las quinientas localidades del país se adoptara un código jurídico coránico (perda charia) apoyándose en la reglamentación local (6).
Aceh, que después de treinta años de lucha separatista adquirió un estatuto particular de autonomía gracias a un compromiso firmado el 15 de agosto de 2005, lo instauró y dispone de su propio tribunal islámico. Aunque poco representativo del conjunto del país –es improbable que otras provincias accedan a tal autonomía–, este caso provocó vivos debates. Para Suaedy, “la instauración de la sharia en Aceh es artificial: equivale a transferir leyes del mundo árabe medieval al siglo XXI, sin consentir el esfuerzo de la reflexión (ijtihaad) necesaria”. Las mismas reservas tiene Abdul Muti, de la Muhammadiyah: “Pasaron cinco años, no hay ningún progreso significativo en Aceh. Los problemas de la región eran sobre todo económicos. Además, la gente va a Sumatra para ver películas, entonces ¿por qué prohibirlas en Aceh? La sharia exige una uniformidad religiosa que está en contradicción con el espíritu mismo del Islam”.
Sin embargo, el vicepresidente de la NU, el profesor Masykuri Abdillah, asegura lo contrario, destacando el hecho de que “la sharia fue instaurada porque un proceso democrático lo decidió así”. Y revela que dentro de su organización, “existe un debate sobre la lapidación y la flagelación, pues no estamos seguros de que estas prácticas se inscriban en la Pancasila”. De hecho, no pueden hacerlo y la mayoría de los indonesios piensan que incluso son contrarias a la Pancasila.


Fracaso de los partidos religiosos

Para muchos indonesios, la sharia sigue siendo un concepto vago. Les parece difícil discutir una cuestión de justicia supuestamente dictada por Dios. Y los moderados no desean dejar a los tribunales de mediación el cuidado de pronunciar sanciones criminales.
En Tangerang, a veinte kilómetros de Yakarta, la aplicación de la sharia impone a las mujeres no salir solas a la tarde bajo pena de ser acusadas de prostitución. En Padang, en el oeste de Sumatra, todas las niñas escolarizadas en la escuela pública, musulmanas o no, deben llevar el pañuelo. Curiosamente, el director del Departamento de Historia y de Ciencias Humanas de la Andalus State University confía en que fuera de la escuela, en la calle, su hija no lo use jamás.
La región de Makasaar, al sur del Sulawesi, conocida por su interpretación rigorista del Islam, pasó también, desde hace una década, por varias tentativas de ratificación de la sharia. Según el doctor H. M. Siradjudden, secretario General de la Comisión para la Aplicación de la Ley Islámica (KPPSI), fundada en 2000 por el jefe de la rama local de la Muhammadiyah, “el fin no era crear un Estado islámico, sino establecer una sociedad islámica”. El caso de Aceh dio a los habitantes de Sulawesi “la esperanza de obtener los mismos derechos”. En el momento de las elecciones locales de 2002, el 91,11% de los electores se pronunció a favor de la sharia. El mismo año, el poder del departamento (Kabupaten) de Bulukumba prohibía el alcohol. En 2003, imponía a todas las mujeres, musulmanas o no, llevar el velo para acceder a los servicios públicos y comenzaba a retener la zakat (limosna destinada a los pobres). En 2006, la provincia hacía obligatorio el aprendizaje del árabe escrito. Sin embargo, el nuevo poder de Bulukumba atenuó la reforma, transformando las obligaciones en opciones, lo cual alegró al profesor Abu Hamid, rector de la Universidad de Makassar y miembro de la KPPSI. Este punto de vista refleja la tendencia dominante en el conjunto del país: parar la introducción de la sharia a nivel local y tratar de atenuarla allí donde exista. El número de localidades que aplican la perda sharia parece haber alcanzado el pico en 2003. Había disminuido considerablemente en 2007 y marca el paso desde las elecciones legislativas de abril de 2009 (7).
Este escrutinio, seguido el 8 de julio por la elección por medio del sufragio universal del presidente de la República (8) –la segunda desde la independencia–, pasó desapercibido para la prensa occidental. Sin embargo, es interesante observar que los resultados de los partidos religiosos en general han bajado, pasando del 40%, en 2004 y 1999, al 25%. Los tres principales partidos seculares obtuvieron la gran mayoría de los sufragios. Únicamente el PKS, concebido según el modelo del Partido para la Justicia y el Desarrollo (AKP) en el poder en Turquía, conoció una escalada del 7,88% de los votos, pero quitándoles los votos a los otros partidos religiosos. Durante su Congreso, en junio, este partido abandonó su posicionamiento islamista en favor de una imagen de pluralismo y de apertura, prometiendo abrirse pronto a los no-musulmanes. La militante feminista Kamala Chandrakirana se dice optimista: “Después de una década de turbulencias –terrorismo, tsunami, crisis económica, gripe aviar–, quizás estamos por fin al final del túnel. ¡Tenemos un país tan dinámico, una sociedad civil tan grande! Es posible que los defensores de la Pancasila se vuelvan capaces de proponer una alternativa a la islamización que logre motivar la imaginación de los jóvenes.”


Notas:
1 Adam Scharz, A Nation in Waiting: Indonesia’s Search for Stability, Talisman, Singapur, 2008; Benedict Anderson, “Exit Suharto: Obituary for a mediocre tyrant”, New Left Review, Londres, Vol. 50, marzo-abril de 2008.
2 Según el censo de 2000, el 88,2% de la población se definía como musulmana; el 5,9% protestante; el 3,1% católica; el 1,8% hinduista; el 0,8% budista, y el 0,2% se clasificaba en la categoría “otros”, que incluye las religiones tradicionales, los otros grupos cristianos y los judíos.
3 Muhammad Abduh: pensador y jurista egipcio que, a fines del siglo XIX, inició una reforma de las enseñanzas y de las instituciones islámicas. Abul Ala Maududi: partidario de una aplicación estricta de la ley religiosa; fundador en 1941, en India, del Jamaat-i-Islami.
4 Véase Robin Bush, Nahdlatul Ulama and the Struggle for Power within Islam and Politics in Indonesia, Institute of Southeast Asian Studies, Singapur, 2009.
5 International Crisis Group, “Indonesia: Jihadi Surprise en Aceh”, Asia Report, N° 189, Crisis Group, 20-4-10, e “Indonesia: The Dark Side of Jama’ah Ansharut”, Asia Briefing, N° 107, Crisis Group, 6-7-10 (www.crisisgroup.org).
6 Robin Bush, “Regional Sharia Regulations in Indonesia: Anomaly or Sympton?”, en Greg Fealy y Sally White, Expressing Islam: Religious Life and Politics in Indonesia, Institute of Southheast Asian Studies, Singapur, 2008 (http://asiafoundation.org).
7 Robin Bush, op. cit.
8 Susilo Bambang Yudhoyono (Partido Demócrata) fue elegido desde la primera vuelta del escrutinio con más del 60% de los votos.
Wendy Kristianasen, enviada especial
Periodista, Londres.
Traducción: Florencia Giménez Zapiola
Fuente: Informe Dipló del 25-09-10