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Desde este espacio los invitamos a pensar, tanto los acontecimientos políticos como las producciones filosóficas y espirituales de nuestro continente y del Mundo Islámico, más allá de los presupuestos ideológicos a partir de los cuales se construye "la realidad" desde los medios masivos de comunicación y de los que se nutren, también, las categorías de análisis de buena parte de la producción académica.

Esperamos sus aportes.


jueves, agosto 30, 2018

Del Autoconocimiento - Shomali


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Los Beneficios Del Autoconocimiento
Mohammad Ali Shomali

Uno de los beneficios prácticos del autoconocimiento es permitirle al ser humano familiarizarse con sus habilidades y aptitudes. Esto resulta de gran ayuda a una persona en su vida, impidiéndole, por ejemplo, elegir un campo de estudio o trabajo inherentemente discorde a las habilidades que Al·lâh le otorgó.

Resulta también de gran valor para una persona comprender que, teológicamente hablando, no existe por sí misma. Esto es importante, desde que le ayuda a entender que no importa cuán poderosa o elevada pueda ser su posición, existen numerosos eventos en la vida sobre los cuales no posee control.

De aún más importancia es el valor espiritual del autoconocimiento, en el que es mucho menos probable que alguien que se conoce a sí mismo ceda a la arrogancia, orgullo desmedido, y otros tales comportamientos destructivos. Quien está íntimamente en contacto consigo mismo y con su Señor, está también mucho mejor equipado para corregir esos aspectos de sí que pueden ser mejorados, y que verdaderamente necesitan ser mejorados. Puede evaluar mejor las propias debilidades y fuerzas, y ser agradecido por las bendiciones que le han tocado.

El autoconocimiento es un método altamente efectivo de autoperfeccionamiento; se puede incluso decir que ma‘rifat an-nafs es, de alguna manera, similar a las terapias o mecanismos de retroalimentación (o bio-feedback) que muchos médicos recomiendan en algunos países occidentales a los pacientes de quienes se requiere su activa participación en el proceso curativo, o a pacientes para quienes los modernos medicamentos no proveen una cura.

Otro muy importante beneficio de ma‘rifat an-nafs es que el musulmán creyente sabe que él es una creación de Al·lâh extremadamente preciosa, y no se ve a sí mismo simplemente como otro animal con necesidades básicas para satisfacer y por las cuales luchar.

Para comprender mejor este punto recurriremos por un momento a un estudio más bien filosófico.

La mayoría de la gente parece darse cuenta instintivamente de que cada ser posee un nivel diferente de perfección, íntimamente equivalente a esas características inherentes del ser y que se proyectan en el plan de las cosas en el universo. Por ejemplo, un árbol común y corriente que no da frutos, comparado con un manzano que hace esto último además de ser lo primero, es considerado de un estatus más bajo de perfección en el plan de las cosas.

Es por esta razón que un manzano en un huerto, que produce suficientes hojas para proveer abundante sombra pero que por alguna razón no da frutos, es más probable que sea cortado y reemplazado por uno que sí dé frutos. El mismo no ha desplegado su potencial, su nivel de perfección. En otras palabras, a pesar de que el árbol sigue siendo útil en muchos aspectos, ha fallado en aquel aspecto que distingue a los árboles perfectos de los menos perfectos que no dan frutos.

La misma analogía opera cuando comparamos a los humanos con los animales. Si un ser humano no presenta características superiores a aquellas compartidas con los animales, como las de comer, beber, buscar confort, refugio, placer, y la propagación de la especie, entonces ese ser humano no habrá alcanzado su completo potencial, o perfección.

En resumen, se puede afirmar lógicamente que el segundo beneficio más importante de ma‘rifat an-nafs es el reconocimiento de estas características innatas y exclusivas, permitiéndole a la persona ver claramente qué es lo que son. Tal ser humano no se permitirá a sí mismo ser corrompido y rebajado al nivel de los animales, habiendo comprendido su estatus en el plan de las cosas, y a los ojos de su Señor.

Quienquiera que descubra su verdadero valor no cometerá ningún pecado. Si realmente comprendemos qué ser tan precioso somos, nuestro inefable alto potencial, y las cimas a las que podemos remontarnos, entonces no nos permitiremos ser engrilletados por el pecado, y ser bloqueados.

Tras haber hablado de los seres humanos que han ascendido a las cimas de la perfección, veamos ahora qué es lo que dice el hombre de Dios y Su siervo, Imam ‘Alî (a.s.) al respecto:
Los siguientes dos hadices fueron tomados de Nahÿ al-Balâghah:
« مَنْ كَرُمَتْ عَلَيْهِ نَفْسُهُ هَانَتْ عَلَيْهِ شَهْوَتُه‏ »
“Quien se ve a sí mismo con dignidad, ve a sus deseos con desdén”.1

En otras palabras, el Imam está diciendo que una vez que una persona se vuelve consciente de sí misma, comprende qué tan preciosa es y las valiosas metas que puede fijarse para sí misma, y sus propios deseos ya parecen ligeros, insignificantes y de poco valor. De este modo, luchar contra la tentación se vuelve fácil, y éste es uno de los beneficios del autoconocimiento.

El segundo hadîz forma parte de la carta que Imam ‘Alî (a.s.) envió a su hijo, Imam Hasan (a.s.), aconsejándole sobre asuntos importantes para él. Las palabras son como preciosas joyas, y nosotros, los musulmanes comunes, necesitamos escuchar y recordar tal consejo más que el Imam a quien la carta fue dirigida:
“Hónrate a ti mismo manteniéndote por sobre toda cosa degradante (danîiah) aun cuando pueda conducirte hacia tus deseos, porque lo que recibirás a cambio nunca será tan valioso como lo que tendrás que dar de ti. Y no seas siervo de nadie, puesto que Al·lâh te ha creado libre”.2

En el Glorioso Corán encontramos versículos que hacen referencia a las personas que están totalmente perdidas:
﴿ وَالْعَصْرِ * إِنَّ الإِنسَانَ لَفِي خُسْرٍ * إِلاَّ الَّذِينَ ءَامَنُوا وَعَمِلُوا الصَّالِحَاتِ وَتَوَاصَوْا بِالْحَقِّ وَتَوَاصَوْا بِالصَّبْرِ ﴾
«¡Por la tarde!, que el hombre está en la perdición, salvo los creyentes que practican el bien, se aconsejan la verdad y se recomiendan la perseverancia».3

Por lo tanto, como vemos tanto en el Glorioso Corán como en los hadices, se ha puesto gran énfasis en el tema del autoconocimiento y en la libertad resultante que le sucede. Desde que existen muchas buenas exégesis escritas sobre el particular en el Glorioso Corán, aquí trataremos mayormente de proveer un estudio meticuloso de las palabras de Imam ‘Alî (a.s.) sobre el tema.

En la segunda Tradición, encontramos la palabra “danîiah”, que significa “actos que inherentemente son desagradables y degradantes”. El Imam nos advierte del grave peligro que representan tales actos para nuestra alma, puesto que los mismos avasallan el espíritu y corrompen el alma. Nos aconseja que estemos siempre vigilantes contra acciones que, aunque gratas, confortables, o cómodas, son tan degradantes que uno pierde mucho, mucho más espiritualmente que lo que gana en comodidades o placeres momentáneos.

En la última frase del segundo hadîz, el Imam dice a su hijo y a nosotros que la libertad del ser humano es un regalo de Al·lâh Todopoderoso tan precioso y preciado, que cualquier acción que lleve al avasallamiento, por grata o cómoda que pueda ser, es por lejos un mal negocio. El placer momentáneo pasa y el penoso daño persiste.

Ahora continuemos con otro gran beneficio del autoconocimiento. La mayoría de la gente instintivamente se percata de que hay dos rasgos distintos en su ser: el aspecto material, mundanal, y el aspecto espiritual; sin embargo, no entiende o cree que el último sea incomparablemente más importante. Pero en el Islam, los asuntos espirituales son los que valen más.

Se puede ser un miembro enormemente productivo de la sociedad en términos materiales, y no obstante ser considerado indigno de ser llamado un musulmán si se es corrupto; mientras que lo opuesto es impensable en el Islam. Por lo tanto, no es de extrañarse que en el Islam se haya enfatizado tanto respecto a tener conciencia y precaverse de las enfermedades del espíritu. Esto se extiende a todas las acciones, aun cuando aparentemente sean insignificantes.

Existe una dominante idea errónea de que algunos actos no afectan adversamente el alma porque parecen poco importantes. Pero en el Islam se nos enseña que cada acto, cada palabra que uno pronuncia, tiene un efecto en nuestra alma y espíritu, reafirmando la fe y purificando el espíritu, o socavando la fe y dañando el alma.

Las palabras pronunciadas para guiar a un alma perdida son valiosas tanto para el orador como para la persona descarriada. Ambos se benefician de diferentes maneras. Así, no debe haber ninguna duda entre los musulmanes creyentes que el Islam nos enseña que cada acción, cada palabra, tiene consecuencias para nuestro bienestar espiritual, y no deben ser descartadas como insignificantes y triviales.

Cuando el Noble Profeta (s.a.w.) envió a Imam ‘Alî (a.s.) al Yemen, le dijo:
“¡Oh ‘Alî! No combatas a nadie antes de invitarlo (al Islam). ¡Juro por Al·lâhque si Él guía a una persona a través tuyo, ello será más precioso para ti que todo sobre lo cual el sol sale y se pone!”.4

A fin de sintetizar nuestro análisis de este beneficio, debemos señalar que se nos ha dicho clara e inequívocamente que la dimensión más importante de nuestro ser es el alma, y que nuestras acciones y pensamientos afectan directamente este preciado regalo de Dios.

Algunos pueden considerar algo extremo el hecho de que se les diga que el Islam también nos enseña que los pensamientos también deben estar atentos a su efecto sobre el espíritu.

Se nos enseña también que en la mayoría de los casos por erróneos o degradantes que nuestros pensamientos o ideas puedan ser, siempre que no actuemos en base a ellos, no seremos reprendidos por el Señor. Pero desde que las acciones tienen raíces en el espíritu, se advierte a los musulmanes del hecho de descartar la importancia de tales ideas en la formación de sus vidas.

En la Jurisprudencia Islámica, excepto en casos sumamente raros que están muy minuciosamente definidos, no se es castigado por meros pensamientos u opiniones. Sin embargo, desde un punto de vista ético, se debe tratar de remover los vicios del carácter.

En el Islam la inmensamente compleja naturaleza y educación de los seres humanos está sujeta a dos conjuntos de normas bastante diferentes:
- Fiqh (فِقْه), Jurisprudencia Islámica;
- Ajlâq (أخلاق), Ética.

Las normas obligatorias del fiqh se ocupan de las condiciones necesarias mínimas de la perfección humana. Para que los humanos aspiren a nuevos y más elevados niveles de perfección, la guía divina es proporcionada en el segundo conjunto de normas, ajlâq, que gobierna tanto el aspecto exterior como el espiritual y nos proporciona todas las prescripciones que necesitamos para alcanzar los más elevados niveles de perfección.
De este modo, cada una de las dos series de reglas que gobiernan las vidas de los musulmanes fue dispuesta para un diferente propósito. Por ejemplo, mientras que el parloteo inútil no está prohibido en el fiqh, moralmente es considerado un derroche de tiempo precioso y nada útil para el desarrollo espiritual de la persona, y de este modo está prohibido en el ajlâq.

Otro ejemplo que ayuda a esclarecer la diferencia mejor es el de “salât al-lail”(la oración de la noche), la cual es altamente recomendada a todos los musulmanes, y en tanto no es obligatoria en el fiqh, sí lo es en el ajlâq, siendo la razón que, se espera que aquellos que aspiran a nuevas cimas, y luchan por la perfección, se preparen y desarrollen espiritualmente por medio de realizar ciertas tareas, tales como levantarse en la majestuosa oscuridad de la noche para ofrecer sus oraciones al Señor del Universo.

Por lo tanto, el fiqh fundamentalmente comprende las leyes básicas y necesarias cuya obediencia es requerida de todos los musulmanes, y es considerado el primer paso hacia el desarrollo. Comprometerse a las leyes del fiqh no es una difícil empresa, al igual que el mismo Islam no es una religión dificultosa.

Sin embargo, hay individuos que siempre observan las leyes obligatorias del fiqh, y cuando captan una vislumbre de Luz, no desean ya nada más que volar hacia el Resplandor. Para estas extasiadas almas, el Islam ha proporcionado el ajlâq. Entones ellos vuelven obligatorios sobre sí mismos actos que son altamente recomendados, o mustahabb. Además de realizar estas tareas recomendables, obedecen otras leyes de ajlâq y tornan ilícito para sí aquello que no está prohibido en el fiqh, pero que de una u otra manera puede representar un obstáculo en el camino hacia la Luz, hacia la perfección.

Por lo tanto, puede haber pensamientos o cualidades espirituales que no estén directamente prohibidos en el fiqh, pero que lo estén en ajlâq. Un pensamiento o cualidad destructiva que no está prohibida en sí misma en el fiqh es la envidia, la cual no es una falta punible en la jurisprudencia islámica, ni tampoco seremos reprendidos por tales pensamientos en el Más Allá, pero las acciones que resultan de la envidia pueden estar prohibidas.

Dijo el Noble Profeta (s.a.w.):
« إِذَا تَطَيَّرْتَ فَامْضِ وَ إِذَا ظَنَنْتَ فَلا تَقْضِ وَ إِذَا حَسَدْتَ فَلا تَبْغ‏ »
“Si eres pesimista, entonces no permitas que ello te impida continuar; si eres suspicaz respecto a alguien, no juzgues sobre esas bases, y si envidias a alguien, no lo acoses”.5

La envidia ha sido llamada “la prisión del alma”6, y constituye un impedimento tal para el desarrollo espiritual de la persona que no hay lugar para ella en el ajlâq.

Podemos encontrar también ejemplos de pensamientos que conforman el tópico de ambos grupos de normas que gobiernan la vida de los musulmanes. Uno de éstos, considerado uno de los más grandes pecados que generalmente se manifiestan en los pensamientos del ser humano, es desesperar de la ayuda de Al·lâh. Hay muchos hadices respecto a este tema y es un pecado tan grave que es considerado una forma de “kufr”, o incredulidad.

Existen muchas razones para ello, y solo desde un punto de vista psicológico, tal persona, tan extraviada en el pecado y tan desesperanzada de ser perdonada alguna vez por el Señor, no posee incentivo práctico para resguardarse, o resguardar a la sociedad de sus futuros delitos. Este sentimiento de desesperación -se nos enseña en el Islam- es peor que los pecados mismos.

Incluso en las leyes obligatorias y prácticas (fiqh), se les prohíbe explícitamente a los musulmanes cualquier clase de pérdida de esperanza en el perdón de Dios. Se nos dice que tales pensamientos desalentadores son una de las armas más efectivas de Satán, quien se regocija con la imagen de un alma perdida, desesperanzada de la misericordia y perdón de Su Señor.

A tales personas se les dice que se arrepientan verdadera y sinceramente, enmienden sus actos pasados lo máximo posible, y que tengan fe en que Al·lâhTodopoderoso los perdonará.

Otro gran pecado, que también tiene que ver mucho con el pensamiento humano, es creerse libre de la posibilidad de que Al·lâh nos impondrá castigo alguno por las malas acciones. Considerarse el amo maquinador, de algún modo capacita para cometer pecados impunemente.

Encontramos en el Glorioso Corán:
﴿ وَمَكَرُواْ وَمَكَرَ اللّهُ وَاللّهُ خَيْرُ الْمَاكِرِينَ ﴾
«Ellos tramaron (makarû), y Dios, por su parte, tramó; y Dios es el más ducho de los que traman».7

Por lo tanto, se nos dice que no pensemos que estamos más allá de los alcances de la justicia divina, y que no confabulemos ni engañemos, puesto que todo ello es en vano.
Una de las palabras utilizadas en el versículo es “makr”, que, cuando es usada para el hombre, significa “artificio, trama”, pero cuando es usada en connotación con Al·lâh Todopoderoso implica “planear un inocente, pero sagaz comportamiento”. Un ejemplo de esto es encontrado en la historia del intento de Quraish por acabar con la vida del Noble Profeta (s.a.w.).

Ellos urdieron su plan cuidadosamente de principio a fin, y con el propósito de extender la culpa y evitar las consecuencias, enviaron a un hombre de cada clan para llevar a cabo el asesinato. Estaban seguros de que esta confabulación impediría a los parientes y seguidores de Muhammad (s.a.w.) declarar la guerra a todos los clanes si acaso se encontraba a los culpables.

Pero por la Gracia de Al·lâh, el Arcángel Gabriel reveló sus planes al Profeta. ‘Alî (a.s.) decidió ocupar su lecho y el Profeta (s.a.w.) abandonó la ciudad esa misma noche.

Para concluir con nuestro análisis de este tópico, el tercer mayor beneficio del autoconocimiento enseñado en el Islam es saber que el aspecto espiritual de nuestro ser es el más importante, y que nuestros espíritus se ven influenciados no solo por nuestros actos sino también por nuestras ideas. Así, debemos estar vigilantes con respecto a nuestros pensamientos, y utilizar nuestro conocimiento acerca de nosotros mismos para evitar las innumerables trampas del alma.

El cuarto beneficio del autoconocimiento es comprender que no fuimos creados al azar. Si nos contemplamos profundamente a nosotros mismos, a nuestro ser, llegaremos a la inevitable conclusión de que es Al·lâh Quien creó todo, y que no pudimos haber venido a la existencia por nosotros mismos o simplemente como resultado de la unión de nuestros padres, sin haber sido parte de Su Plan.

Naturalmente, el hombre está siempre en busca de una razón para su existencia, su ser, pero a través de ma‘rifat an-nafs y contemplando la creación y las metas que persigue la misma, nos percatamos de que cada uno de nosotros somos únicos, con una misión en la vida. No fuimos creados por casualidad y en vano.

Armados con este conocimiento, estaremos bien equipados para esforzarnos y llevar a cabo el propósito de nuestra creación, para buscar el retorno a Él incesantemente a través de los actos que son amados por Él, actos divinos que constituyen la piedra angular de la religión y dan sentido a la vida.

El quinto beneficio es la inmensa ayuda que recibimos al ser verdaderamente conscientes del factor de la percepción, el cual es crítico para el proceso de desarrollo y purificación espiritual. A través del autoconocimiento, estamos capacitados para cultivar y desarrollar nuestra autoconciencia, nuestra percepción; de otro modo los factores externos pueden llegar a influir sobre nosotros de manera que no podamos controlarlos.

Una de las características del hombre es que, en relación con las cuestiones cambiantes y constantes, no siempre está consciente de las últimas. Esto es a fin de que nuestra atención no esté fija y absorbida en los asuntos constantes, y estemos, por lo tanto, capacitados para tomar las medidas necesarias ante las nuevas cuestiones.

Al·lâh nos ha hecho de esta manera para capacitarnos a prestar atención a nuevos asuntos; de no ser así nuestra atención estaría fijada en una sola cosa. (Claro está, nos es posible fortalecer nuestro espíritu para poner completa atención a más de una cosa al mismo tiempo).

Por ejemplo, cuando primero accionamos un reloj estamos conscientes del mismo, pero tras un momento perdemos conciencia de ello hasta que queremos saber la hora; o sentimos el peso de nuestras ropas al principio y luego ya no estamos conscientes de ello.

Debemos utilizar este punto psicológico en nuestras vidas espirituales. Hay momentos en que las mayores catástrofes pueden acontecer a nuestra alma, sin que la persona lo advierta. Hay ejemplos de individuos que están totalmente perdidos en la vida y ni se dan cuenta de la realidad.

Esto puede avanzar hasta un punto de total descreencia en Dios sin que la persona esté consciente del cambio ocurrido en sí misma, en su conciencia. Ello se debe a que los humanos están creados de tal manera que están más atentos a los cambios súbitos que a los sutiles. Se pueden experimentar cambios drásticos en la creencia y todavía estos cambios no sean obvios para la persona. Un buen ejemplo es la mentira.

La mayoría de los humanos, especialmente en las tempranas etapas de la niñez, no puede decir una simple mentira -especialmente si es la primera vez que se ha entregado a tal comportamiento- sin sentirse inquietos, incómodos, y más tarde, llenos de remordimiento.
No obstante, cuando repiten este comportamiento, sus almas se habitúan a los efectos, y pueden mentir, timar, y embaucar con pequeño esfuerzo o pena. Aún peor, se puede no estar consciente en absoluto del cambio que se ha sufrido. El autoconocimiento nos permite ver avecinarse estos cambios, dándonos la oportunidad de corregir tales defectos del carácter, y otra vez dar pasos en el sendero de Al·lâh.

Sin embargo, con relación a la mayoría de las personas, solo eventos catastróficos en sus vidas personales pueden volverlas conscientes de estos defectos del carácter. Con aquellos armados con ma‘rifat an-nafs ello no llega a suceder. Por medio de cuidar y prestar atención a la conciencia, podemos llegar a percatarnos de los cambios sutiles que ocurren en la vida interior y tomar medidas correctivas cuando sea necesario.

Al·lâh Todopoderoso nos dice en el Glorioso Corán:
﴿ ثُمَّ كَانَ عَاقِبَةَ الَّذِينَ أَسَآءُوا السُّوأَى أَن كَذَّبُوا بِاَيَاتِ اللَّهِ وَكَانُوا بِهَا يَسْتَهْزِئُونَ ﴾
«Luego, será la suerte de quienes cometieron la impiedad de desmentir las aleyas de Dios y las escarnecieron».8

Por lo tanto, son los seres humanos, dotados de conciencia y libre voluntad, los que pueden destruirse a sí mismos, o bien alcanzar la felicidad y la paz si es que están conscientes de sí mismos, de sus acciones, y más importante que ello, conscientes de Dios Todopoderoso en todo momento.

El sexto beneficio del autoconocimiento es que sirve como un medio de acceso al mundo inmaterial o espiritual. Una vez que atravesamos las puertas encontramos muchas cosas que, desde un punto de vista estrictamente materialista, no tienen sentido.

Un ejemplo de ello es la conciencia, la cual no puede ser justificada o explicada por leyes meramente materialistas. ¡Qué maravilloso es que todos los seres humanos, desde tiempos inmemoriales, sin importar su educación, cultura y religión, escuchen el mismo llamado interior! La gente parece percatarse instintivamente de lo que es correcto o de lo que constituye algo errado.

Toda persona considera a la opresión y la injusticia como algo malo, y a la justicia como algo bueno y deseable; incluso los opresores mismos desean ser tratados con justicia. Se dice que inclusive los ladrones, al momento de dividir el botín, escogen de entre ellos a quien consideran confiable para hacer ese trabajo.

A través del autoconocimiento llegamos a entender que todas las cosas, excepto los seres humanos, poseen una naturaleza inherente que no puede ser cambiada. Por ejemplo, una piedra será por siempre piedra, no importa cuántos cambios ocurran en ella cuando se producen diferentes cosas de la misma. Con los seres humanos sucede exactamente lo contrario. A pesar de que todos nosotros habitamos más o menos en la misma clase de cuerpo físico, poseemos diferentes naturalezas.

Se nos dice que en el Día del Juicio, cuando el velo sea finalmente descorrido de enfrente de nuestros ojos, nos veremos a nosotros mismos y a los demás como realmente somos; aflorarán nuestras verdaderas naturalezas. Leemos en el Glorioso Corán:
﴿ يَوْمَ تُبْلَى السَّرَآئِرُ ﴾
«El día en que sean revelados los secretos».9

Y en la siguiente aleya:
﴿ يَوْمَ يُنفَخُ فِي الصُّورِ فَتَأْتُونَ أَفْوَاجًا ﴾
«El día en que la trompeta sea tañida y comparezcáis en tropeles».10

De acuerdo a los hadices, “tropeles” significa “grupos de gente y otros seres”, agrupados según su verdadera naturaleza. Es posible que algunos aparezcan como perros o monos. Algunos seres humanos pueden haber caído más bajo que un insecto, mientras otros pueden haber ascendido más alto que los ángeles.

Hemos aprendido que en el Islam, los seres humanos no son valorados de la misma manera. Uno puede, a través de actos desdeñables, ocupar una posición por debajo de la más baja de las especies, y viceversa, ascender más alto que los ángeles, a los ojos de Al·lâh.

Según otras cosmovisiones, todos los seres humanos son considerados como una misma y única persona. Los sionistas y sus víctimas, o los serbios y sus víctimas son considerados humanos poseedores de los mismos derechos, y ambos deben ser respetados.

Pero para el Islam, existen dos niveles distintos de humanidad, y por consiguiente, dos niveles distintos de leyes, relaciones, etc.

En primer lugar, existen leyes básicas aplicadas a todos los seres humanos, surgidas de sus derechos básicos, sus derechos de nacimiento por haber sido creados humanos.

El segundo nivel de leyes es aplicado exclusivamente a los seres humanos reales, quienes, a través de innumerables actos divinos se han elevado a un nivel inaccesible para otros que no se han conducido a sí mismos de una manera similar.

La razón fundamental para esto es que la relación entre el Creador y el hombre es una relación muy especial que otorga ciertos derechos exclusivamente a aquellos que dan pasos en Su camino.

Un aspecto de esta relación, aparte de las leyes, es el discernimiento que Al·lâhTodopoderoso otorga al creyente, permitiéndole comprender la verdadera naturaleza y carácter de las personas en la vida. Hay también algunos portentosos privilegios concedidos a los probos que ni siquiera han sido otorgados a los ángeles.

La razón parece ser que, si el hombre, a quien se le otorgó libre voluntad, es sumamente recto y piadoso, se le otorgan también ciertos privilegios negados a los ángeles. Por ejemplo, cuando el Noble Profeta (s.a.w.) ascendió a los Cielos en la majestuosa noche del Mi‘râÿ (Ascensión), a veces era acompañado por el Arcángel Gabriel (a.s.), pero había lugares y dimensiones del universo que le eran negadas al arcángel, por lo que, en palabras suyas, citadas por el Noble Profeta (s.a.w.):
« لَوْ دَنَوْتُ أَنْمُلَةً لاحْتَرَقْتُ »
“Si yo me hubiese acercado más allá, incluso en la medida de la falange de un dedo, me hubiese calcinado”.11

En el Glorioso Corán leemos que cuando el Noble Profeta (s.a.w.) ascendió a los Cielos se aproximó tanto al Señor del Universo como ningún ser creado puede esperar hacerlo jamás:
﴿ ثُمَّ دَنَا فَتَدَلَّى * فَكَانَ قَابَ قَوْسَيْنِ أَوْ أَدْنَى * فَأَوْحَى إِلَى عَبْدِهِ مَآ أَوْحَى ﴾
«Luego, se le aproximó cerniéndose lentamente, hasta una distancia de dos arcos o menos aún, y reveló a Su siervo lo que Él reveló (a Gabriel)».12

Aquí no debemos olvidar que en el Glorioso Corán a veces Al·lâh nos habla en forma alegórica, especialmente cuando los temas están fuera de nuestro alcance. Por lo tanto, la distancia mencionada aquí debe ser tomada también en el mismo tono, significando que el Noble Profeta (s.a.w.) se encontraba solo a dos etapas de vislumbrar al Señor del Universo en toda Su Majestuosidad.

Estos temas y otros semejantes se aprenden a través de ma‘rifat an-nafs. Es, como mencionamos anteriormente, la puerta de entrada al mundo no-material, metafísico.

De este modo, hemos reseñado algunas enseñanzas islámicas relacionadas a los valores muy divergentes de diferentes seres humanos en lo que respecta a su Creador y entre sí. También vimos cómo el autoconocimiento ayuda a abrir las puertas del mundo espiritual, presentando un panorama sublime a aquellos que ingresan al mismo.

En cuanto a aquellos que eligen una vida diferente, hundiéndose profundamente, y ahogándose en la vorágine del pecado, el Glorioso Corán dice:
﴿ وَلَقَدْ ذَرَأْنَا لِجَهَنَّمَ كَثِيراً مِنَ الْجِنِّ وَالإِنْسِ لَهُمْ قُلُوبٌ لاَيَفْقَهُونَ بِهَا وَلَهُمْ أَعْيُنٌ لاَيُبْصِرُونَ بِهَا وَلَهُمْ ءَاذَانٌ لاَيَسْمَعُونَ بِهَآ اُوْلَئِكَ كَالاَنْعَامِ بَلْ هُمْ أَضَلُّ اُوْلَئِكَ هُمُ الْغَافِلُونَ ﴾
«Hemos creado, para el infierno, numerosos genios y humanos, que tienen mentes con las cuales no razonan, ojos con los cuales no ven y oídos con los cuales no oyen. Son como las bestias, pero están más desviados aún, porque son indiferentes».13

Éstos, que permanecen totalmente abstraídos de su Señor y de sus propios aspectos espirituales, son llamados “muertos” por el Glorioso Corán, desde que se nos enseña que de los dos aspectos de nuestra vida, la vida física, material y la vida espiritual, la última es mucho más superior, y está centrada en la fe y la acción.

Para estar verdaderamente vivos y conscientes en este mundo, en el Glorioso Corán se nos enseña a creer en Al·lâh Todopoderoso, en Sus Palabras y en Su último Profeta:
﴿ يَآ أَيُّهَا الَّذِينَ ءَامَنُوا اسْتَجِيبُوا لِلّهِ وَلِلرَّسُولِ إِذَا دَعَاكُمْ لِمَا يُحْيِيكُمْ ﴾
«¡Oh creyentes! ¡Responded a Dios y al Mensajero cuando éste os convoque a lo que os vivifica…».14

Algunas personas solo tienen la vida física, y por ende pueden comprender solo las cosas materiales y físicas; otras tienen las dos, la vida material y la espiritual, y así, pueden comprender ambas.

Dado el inmensamente constructivo rol que la religión, como sistema para la conducta en esta vida, puede jugar en las vidas de la gente, y la cosmovisión que la misma presenta al creyente para guiar sus vidas, es asombroso que hoy un gran número de gente abandone su fe.

Para algunos, esto se debe a que sienten que perderán su “libertad” de hacer lo que desean, que la religión de alguna manera se llevará su libertad, y que se convertirán en esclavos, como quien dice. Bien, somos todos esclavos en cierto modo; algunos de Dios, algunos del dinero, del poder, de los deseos, etc.

La manera entonces de ser realmente libres, es obedecer a Al·lâh y a Sus preceptos, y librarnos del resto de los “dioses”. No es una tarea fácil satisfacer a muchos dioses, pero complacer a uno, especialmente cuando la misma creencia fortalece a la persona y la exime de las limitaciones, no es una empresa difícil.

La persona que elige a Dios, ya no será un siervo de otros, sino que habrá alcanzado un nivel de señorío. Vemos en los hadices que:
« العُبودِيَّةُ جَوْهَرَةٌ كُنْهُها الرُّبوبِيَّةُ »
“La servidumbre a Dios (‘ubudîiah) es una gema cuya esencia es el señorío”.15

El Profeta del Islam era un siervo de Al·lâh Todopoderoso por elección. Nosotros también expresamos este sentimiento varias veces por día durante nuestras oraciones rituales:
« أَشْهَدُ أَنَّ مُحَمَّداً عَبْدُهُ وَ رَسُولُه‏ »
“Testimonio que Muhammad es Su siervo y Enviado”.

Sin embargo, este hombre aparentemente esclavizado, cambió la historia del mundo. Al mismo tiempo que luchó exitosamente contra poderes que se oponían a Dios, también tuvo el honor de prosternarse ante Él.

Nada más que la libertad es la recompensa de uno cuando se elige una vida sin religión, sin una relación con el Creador. El Glorioso Corán nos advierte:
﴿ أَرَأَيْتَ مَنِ اتَّخَذَ إِلَهَهُ هَوَاهُ أَفَاَنتَ تَكُونُ عَلَيْهِ وَكِيلاً * أَمْ تَحْسَبُ أَنَّ أَكْثَرَهُمْ يَسْمَعُونَ أَوْ يَعْقِلُونَ إِنْ هُمْ إِلاَّ كَالاَنْعَامِ بَلْ هُمْ أَضَلُّ سَبِيلاً ﴾
«¿No has reparado en quien toma por divinidad a su concupiscencia? ¿Osarías ser defensor suyo? ¿O piensas que la mayoría de ellos oye o razona? ¡Quía! Son como las bestias, pero están (aún) más descaminados que ellas».16

﴿ ضَرَبَ اللَّهُ مَثَلاً رَجُلاً فِيهِ شُرَكَآءُ مَتَشَاكِسُونَ وَرَجُلاً سَلَماً لِرَجُلٍ هَلْ يَسْتَوِيَانِ مَثَلاً الْحَمْدُ لِلَّهِ بَلْ أَكْثَرُهُمْ لاَيَعْلَمُونَ ﴾
«Dios propone un ejemplo: un hombre tiene consocios antagónicos y otro está al servicio de un (solo) hombre. ¿Podrán equipararse? ¡Alabado sea Dios! Pero su mayoría lo ignora».17

Hay tres versos atribuidos a Imam ‘Alî (a.s.) con los que daremos fin a este análisis. Es apropiado mencionarlos aquí, desde que las palabras del Imam elocuentemente muestran la importancia del autoconocimiento:

دَواؤُكَ فِيكَ وَما تَبْصُرُ

وَداؤُكَ مِنْكَ وَما تَشْعُرُ

وَأنْتَ الْكِتابُ المُبِينُ الَّذِي

بِأحْرُفِهِ يَظْهَرُ الْمُضْمَرُ

وَتَزْعَمُ أنَّكَ جِرْمٌ صَغِيرٌ

وَفِيكَ انْطَوَى الْعالَمُ الأكْبَرُ

“La cura está contigo, pero no la ves,
la enfermedad es de ti, pero no estás consciente de ello.
Tú eres el claro libro cuyas letras
hacen manifiesto lo oculto.
¿Piensas acaso que eres un minúsculo cuerpo
siendo que dentro de ti está contenido el gran universo?”18


Notas
  • 1. Nahÿ al-Balâghah, Máxima nº 441.
  • 2. Nahÿ al-Balâghah, Carta nº 31.
  • 3. Sûra al-‘Asr; 103: 1-3.
  • 4. Mizân al-Hikmah, t. 10, p. 325, nº 20835.
  • 5. Bihâr al-Anwâr, t. 77, p. 153.
  • 6. Mizân al-Hikmah, t. 2, p. 422, nº 3902.
  • 7. Sûra Âl-i ‘Imrân; 3: 54.
  • 8. Sûra ar-Rûm; 30: 10.
  • 9. Sûra at-Târiq; 86: 9.
  • 10. Sûra an-Naba’; 78: 18.
  • 11. Al-Asfâr al-‘Aqlîiat al-Arba‘ah, de Sadr Ad-Dîn Shirâzî, t. 6, p. 300.
  • 12. Sûra an-Naÿm; 53: 8-10.
  • 13. Sûra al-A‘râf; 7: 179.
  • 14. Sûra al-Anfâl; 8: 24.
  • 15. Mizân al-Hikmah, t. 6, p. 13, nº 11317.
  • 16. Sûra al-Furqân; 25: 43-44.
  • 17. Sûra az-Zumar; 39: 29.
  • 18. Ensân-e Kâmel, de Shahîd Murtadâ Mutahharî, p. 203.

Fuente:
“Autoconocimiento”  de Mohammad Ali Shomali
Jami‘at al-Zahra - Islamic Seminary for Women – Qum
Traducción: Sumeia Younes
www.al-islam.org