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Desde este espacio los invitamos a pensar, tanto los acontecimientos políticos como las producciones filosóficas y espirituales de nuestro continente y del Mundo Islámico, más allá de los presupuestos ideológicos a partir de los cuales se construye "la realidad" desde los medios masivos de comunicación y de los que se nutren, también, las categorías de análisis de buena parte de la producción académica.

Esperamos sus aportes.


jueves, junio 19, 2008

Grapka y el recuerdo



Grapka y el recuerdo
Grapka no es sólo el nombre de una cuidad bosnia arrasada completamente por las tropas serbias, es el ejemplo atroz de las políticas orientadas a la conflictivización de los territorios con población musulmana.
En su “Cuaderno de Sarajevo”, Juan Goytisolo estampaba, como acto de resistencia frente al olvido y la apatía mundial, el nombre de esta ciudad musulmana, bosnia, europea. Permeables nuestras concepciones al bombardeo mediático constante, nos extraña este triple reconocimiento identitario, acostumbrados a encasillar al Islam en un nebuloso Oriente, enfrentado “existencialmente” a otra criatura ficticia y autocentrada: Occidente. Identidades y construcciones que se vuelven escurridizas y difíciles de ser definidas, pero no por eso menos presentes y declamadas.
La complejidad del mundo islámico pretende ser “explicada” a partir de diferencias intrínsecas, históricas muchas de ellas y, casi todas, relacionadas con “la singular relación entre Islam y política”. Las particularidades culturales, políticas, históricas y religiosas de los pueblos musulmanes lejos de enriquecer la perspectiva de análisis de “Occidente” son presentadas como “defectos” y “obstáculos” que hacen imposible, o en el mejor de los casos retardan, la constitución de sociedades en las que valores como la Libertad, la Democracia y la Igualdad puedan desarrollarse. Según este razonamiento, la identidad religiosa, en este caso islámica, deviene entonces en una suerte de carencia, una imposibilidad a la hora de comprender y mejorar las relaciones entre los hombres. El entramado discursivo que pregona el “enfrentamiento inevitable” nutre y procura legitimar a buena parte las acciones que llevan a cabo las potencias europeo- norteamericana en el mundo islámico.
Grapka y sus ciudades hermanas fueron la representación física y simbólica más perturbadora para estos intereses y sus profecías autocumplidas. El desangre al que fue sometida Bosnia fue esclarecedor para la Umma, señalándonos hasta dónde se puede llegar para forzar la historia y orientarla hacia un “inevitable conflicto con el Islam”. El “mundo occidental” en su conjunto asistió complaciente al genocidio, a las violaciones masivas y a la sistemática campaña de limpieza étnica a la que fue sometida la población musulmana de Bosnia. El embargo de armas sólo perjudicó a los bosnios (en un ardid similar a la tregua que se impuso a los palestinos en 1948) que no contaron con “estados auspiciantes” como Serbia y Croacia, cuyos gobiernos no dejaron nunca de alertar sobre el peligro del Islam en Europa, como ese “otro oriental” en el corazón de un espacio identitario definido a partir de la intolerancia religiosa.
Frente al genocidio toda respuesta debió contemplarse como el mal menor. Por un lado, la llegada de voluntarios musulmanes de otros países reforzaba el discurso anti-bosnio que giraba en torno a la idea del “proyecto expansionista del Islam en Europa”; por el otro, la resistencia solitaria constituía casi un suicidio. El final fue el desmembramiento de Bosnia y el reconocimiento ad hoc de los territorios ocupados por los agresores.
No queremos solamente recordar, en estas pocas líneas, a Grapka y su trágica historia; también, y sobre todo, nos interesa pensar juntos por qué esta ciudad de Bosnia fue completamente destruida, qué particularidades de la misma molestaban y a quiénes. Ella nos ayudará a tener siempre presente que nada es más peligroso para los discursos del enfrentamiento religioso-identitario que espacios en los que el dialogo fluya y se materialice, dando vida a ciudades como Grapka: musulmana, bosnia y europea.
Husain ‘Ali Molina