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Desde este espacio los invitamos a pensar, tanto los acontecimientos políticos como las producciones filosóficas y espirituales de nuestro continente y del Mundo Islámico, más allá de los presupuestos ideológicos a partir de los cuales se construye "la realidad" desde los medios masivos de comunicación y de los que se nutren, también, las categorías de análisis de buena parte de la producción académica.

Esperamos sus aportes.


sábado, noviembre 24, 2012

Un año más 'Ashurá


     



Un año más ‘Ashurá


Por Mikail Alvarez Ruiz



Aquél día de Ashura del año 61 de la hégira se pudieron ver en Karbalá tanto las mayores gestas de perversidad como las mayores gestas de generosidad; a veces unas unidas a las otras. Escenas de contradicción que en algunos casos tuvieron sus orígenes incluso tiempo atrás.

Antes de la batalla de Karbalá y aún en vida de Imam ‘Ali (P), durante la batalla de Nahrawan, los soldados enemigos que habían sido capturados se encontraban reunidos en un lugar.

Uno de esos prisioneros que había estado luchando contra Imam ‘Ali (P), tenía sus manos atadas con cuerdas, no muy fuertemente, pero le rodeaban sus muñecas y se sentía molesto. Imam Husein (P) pasaba por allí y vio al soldado, y este lo miró y le dijo:

Imam Husein fue donde estaba su padre y le dijo: “Oh padre, quiero pedirte un favor”

Imam ‘Ali (P) respondió: “¿Qué?”

- Esa persona que está allí, ¿lo ves?.

- Sí lo veo, contesto Imam ‘Ali (P)

- Dice que la cuerda le aprieta las manos. Sé que nunca se la apretarías demasiado, pero parece que le hace daño y me pidió que se la quitara, ¿puedo?.

Imam ‘Ali (P) miró a su hijo y dijo: Adelante oh Aba Abdullah.

Después Imam ‘Ali le preguntó: ¿Por qué quieres hacerlo?.

Imam Husein (P) contestó: Oh padre, cuando alguien me pide algo ¿cómo negarme?. No quiero avergonzar a esa persona.

Cuando os deis cuenta de quién era esa persona comprenderéis que magnificencia de Imam Husein (P).

El Imam volvió hacia ese soldado y le dijo “Dame tus manos”, y seguidamente quitó la cuerda de las manos de Shimr ibn al Yawash, su asesino en Karbalá.

¿¡Qué misericordia le mostró este, años después en Karbalá al final de la jornada de ‘Ashura, cuando ‘Umar Ibn Saad llamó a sus soldados para que fueran cortar la cabeza del Imam Hausain (P), mientras estaba postrado en oración con la frente sobre la arena de Karbalá y nadie se atrevía a hacerlo?!. Sólo Shimr estuvo dispuesto a saltar sobre la espalda del Imam Husain (P) cuando este estaba acabando de rezar. Shimr levantó su sable, midiendo el golpe.

Imam Husain (P) estaba demasiado débil para levantar siquiera la cabeza del suelo. La giró ligeramente hacía un lado, entrevió a Shimr, y con voz débil, casi inaudible, pidió:

- Shimr, tengo sed. Antes de llevar a cabo lo que quieres hacer, dame un poco de agua.

Como única respuesta Shimr le asestó un sablazo con todas sus fuerzas.

* * *

Generalmente, cuando evocamos los sucesos de Karbalá hablamos del sacrificio y el sufrimiento de Imam Husein (P), de sus hijos y sobrinos, de su hermano Abbas. Recordamos la elocuencia demoledora de Zainab, lo ocurrido con esta, con las hijas del Imam (P) y con las mujeres de la caravana de Husain (P). En definitiva, recordamos el sufrimiento, el valor y la generosidad de los miembros de la familia de Al Husein (P), la familia del Profeta de Allah (PBd).

Permitidme que hoy quiera mostrar un recuerdo a la gesta de aquellos otros que sin ser miembros de la familia del Imam (P), no dudaron en compartir con él hasta el último momento, hasta el último aliento de sus vidas, en defensa de su Imam, en defensa del Islam.

Personas como Hurr, aquel oficial del ejército de Yazid que no dudó, junto a su hijo y su sirviente, en pasarse a las filas del Imam, sabiendo que la recompensa de la otra vida vale más que todos los lujos y honores que puedan disfrutarse en esta. Los tres hombres que fueron de los primeros en combatir y que dieron pruebas de tanto valor y destreza que ellos solos mataron decenas de enemigos. El hijo de Hurr fue el primero en ser matado, después vino el turno de su sirviente y por último cayó Hurr.

Personas como Habib Ibn Mazahir el amigo de la infancia de Imam Husein (P), al que un día, en Medina, cuando Habib tenía sólo unos ocho años, el Santo Profeta (PBd) lo cogió, lo levantó entre sus brazos y lo besó con tanto amor que los Compañeros presentes incluso se sorprendieron. Entonces, el Profeta (PBd), con los ojos llenos de lágrimas dijo:

Efectivamente, cuando Imam Husein (P) llegó a Karbalá, lo primero que hizo fue escribir a Habib, quien se encontraba en Kufa, para informarle de la situación en que se encontraba. Apenas recibió la carta del Imam, Habib decidió acudir en su ayuda sin demorarse un instante.

Tal era la confianza del Imam (P) en Habid, que cuando en la noche del 9 al 10 de Muharram el Imam distribuyó armas entre sus compañeros, guardó un equipo completo de reserva. Alguien le preguntó por qué razón no distribuía también esas armas. El Imam Husain (P) contestó:

- Habib, el más querido de mis amigos, va a venir, lo he llamado. Estas armas son las suyas.

Así fue. Habib combatió como solo combaten los que son animados por la Fe. Y cuando recibió el martirio, expiró con el corazón satisfecho de no haber decepcionado a aquel a quien tanto quería.

Hoy podemos encontrar su tumba en el mausoleo de Imam Husein (P) en Karbalá, a solo unos metros de la de su amigo, maestro e Imam, y así su nombre, como predijo el Profeta (PBd), se ha hecho inmortal.

Personas como Zuhayr ibn Qayn, quien a pesar de que tiempo atrás no quería saber nada de Imam Husein (P), cuando lo conoció quedó tan sorprendido por su carácter que desde ese momento se convirtió en uno de sus incondicionales seguidores. Ante los sucesos de Karbalá no dudó en ofrecerse como voluntario y unirse al grupo del Imam (P) contra el ejército de Yazid.

Zuhayr intentó negociar la obtención agua para Imam Husein y sus compañeros, pero el ejército de Yazid se negó diciéndole a Zuhayr que él podía beber lo que quisiese pero que al campamento de Husain no podía llevar ni una gota de esa agua. Zuhayr se negó a beber y les dijo:

- Es un pecado para mí de beber, mientras que el santo Imam y su familia tienen sed.

Cuando llegó el momento de la batalla, Zuhayr fue de los primeros en combatir, mandando al infierno a decenas de enemigos antes de alcanzar el martirio.

Personas como Muslim Ibn Awsaja, aquel venerable compañero del Santo Profeta (PBd), quien a pesar de tener más de ochenta años, la edad no le había debilitado en nada el celo con que servía a la causa de la Verdad.

Había visto al Santo Profeta (PBd) abrazar con amor a su nieto Husain (P). Había visto al Santo Profeta (PBd) bajar precipitadamente del mimbar de la Mezquita de Medina, interrumpiendo su jutba, para coger en sus brazos y consolar a Husain quien se había caído al tropezar con una alfombra de fibras de palmera. Había visto como, un día del ‘Id, el Profeta (PBd) había corrido por las calles de Medina llevando sobre sus espaldas a Hasan y a Husain, imitando el grito del camello, porque los niños habían expresado su deseo de dar un paseo sobre la espalda de dicho animal.

Este venerable testimonio de la Revelación, este fiel shi’a del Imam ‘Ali (P) y luego del Imam Husain (P), no podía imaginar un solo instante que tuviera que abandonar a su Imam en momento tan crítico. El Imam hizo cuanto podo para convencerle que a su edad era impensable ir al combate. Pero si bien la edad había gastado las fuerzas de Muslim, no obstante la llama del amor por la Familia del Profeta que consumía su alma lo sostenía y hacía inflexible su determinación en defender a aquel que había visto ser abrazado por el Profeta tantas veces.

Con más de ochenta años, Muslim se lanzó a la batalla y ofreció hasta la última gota de su sangre por defender al Imam Husain (P).

Personas como Burair Hamadani, el intrépido guerrero cuyas proezas en los duelos lo habían convertido en un personaje legendario, quien reunió a todos los compañeros del Imam Husain (P) para ponerlos en guardia contra un posible ataque nocturno y les dijo:

También fue Burair Hamadani quien, ante las dudas de Zainab sobre el apoyo de los compañeros del Imam Husain (P), se plantó ante ella e, inclinando la cabeza delante de la hija del Imam ‘Ali (P) y de Fátima az Zahra (P), le declaró que para él era una cuestión de honor combatir y morir por defender al Imam Husain (P) y a la familia del Profeta (PBd), pidiendo Burair a cada uno de los presentes que asegurasen de igual modo a Zainab.

Fue también Burair Hamadani quien, viendo llorar de sed a un niño, agarró una bota y, acompañado de algunos compañeros del Imam Husain (P), se abrió camino a través de las líneas enemigas hasta llegar al río, sin que los hombres de ‘Umar Ibn Sa’ad pudiesen impedírselo, aunque desgraciadamente a su regreso al campamento con la bota llena de agua, los niños en su arrebato por las ganas de beber se empujaron y uno de ellos cayó encima de la bota reventándola. Ni uno de ellos pudo beber ni siquiera una gota, y Burair no pudo reprimir las lágrimas.

Burair Hamadani se adelantó en el campo de batalla. Muchos fueron los enemigos que le precedieron en la muerte. Luego Burair recibió el martirio a que tanto aspiraba.

Personas como Wahab Ibn Abdallah, un joven que se había casado apenas hacía dos días quien, volviendo a su casa con su madre y su joven esposa, pasó por Karbalá, y al enterarse de lo que estaba sucediendo, no dejó de suplicarle al Imam Husain (P) que le permitiera lanzarse al campo de batalla y ofrecerle así su vida para defenderle. Cuando todos los compañeros del Imam Husain hubieron recibido el martirio y no quedaban con él más que los miembros de su Familia, Wahab volvió a intentarlo. El Imam le contestó que solo podía autorizarle ir al combate si conseguía el permiso de la dos mujeres que tenía su a cargo. La madre de Wahab, que se encontraba justo al lado, y quien había recibido cárcel y tortura en los tiempos del reinado de Mu’awiya por su apoyo a Imam ‘Ali (P), respondió directamente al Imam Husain (P):

- ¡Durante su infancia, lo alimenté con mi propia leche pero solo lo consideraré mi hijo si muere defendiéndote, como lo han hecho anteriormente los demás de tus shi’as!

Wahab pudo al fin lanzarse al combate y morir defendiendo a su Imam, tal como deseaba con tanto fervor.

Uno tras otro, los fieles shi’as del Imam (P) avanzaron hacia al enemigo. Uno tras otro combatieron con ahínco. Uno tras otro enviaron al infierno un gran número de secuaces de Yazid. Uno tras otro los fieles shi’as del Imam dieron así su vida sin dudarlo.

Uno tras otro hasta alcanzar la cifra de 72 mártires junto a los miembros de la familia de Al Hsain (P).

Habían conocido una vida noble y conocieron una muerte gloriosa.

* * *

La Paz sea con todos vosotros, ¡oh los santos y queridos de Allah!.
La Paz sea con todos vosotros, ¡oh elegidos de Allah y Sus siervos especiales!.
La Paz sea con todos vosotros, ¡oh los ayudantes de de la religión de Allah!.
La Paz sea con todos vosotros, ¡oh los ayudantes de del Mensajero de Allah!.
La Paz sea con todos vosotros, ¡oh los ayudantes del Amir al Mu’minin!.
La Paz sea con todos vosotros, ¡oh los ayudantes de Fatimat az Zahra, la Señora de las mujeres del universo!.
La Paz sea con todos vosotros, ¡oh los ayudantes de Abu Muhammad al-Hasan ibn ‘Ali, el santo sincero, puro y fiel!.
La Paz sea con todos vosotros, ¡oh los ayudantes de Aba Abdullah!.
¡Puedan ser nuestros padres y nuestras madres sacrificados por vosotros!. Vosotros sois santos y puros, y la tierra en la que estáis enterrados también se hizo santa y pura!.
Con vuestro final alcanzasteis una gran victoria.
Desearía haber estado con vosotros.
¡La victoria con vosotros!.